Un punto de encuentro

La racionalidad de la creación de un automóvil solo consigue tener sentido con la aportación de la emocionalidad guiada por la creatividad de la literatura.

Trabajador fábrica de coches
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Terminábamos la columna del mes anterior haciendo una llamada a la cordura y a la empatía para conseguir recuperar, que no es en absoluto lo mismo que buscar, el ritmo. El ritmo sin precedentes que la industria del automóvil había logrado alcanzar en los últimos años. Y es que tras la crisis anterior conseguimos renacer de las cenizas, llegamos a posicionar marcas que nunca habríamos pensado que podrían encontrar un hueco en el mercado del automóvil, se alcanzaron unos totales de ventas impensables incluso en los mejores tiempos. En definitiva, lo logramos. Como veréis no tengo pudor en recordar las veces que haga falta todas estas cosas que se lograron. En la crisis anterior habría sido inimaginable la recuperación de la industria hasta los índices de resultados conseguidos sin la involucración incondicional de las editoriales que, diezmadas en recursos, no dudaron en apostar por un mercado tocado casi de muerte.

Ahora comienza un nuevo capítulo que solo coincide con el anterior en la importante caída de matriculaciones. Por lo demás, estamos en otro tablero con fichas de juego y reglas totalmente diferentes. Los grandes grupos automovilísticos aprovecharon estos últimos años de bienes para modernizar sus fábricas, crear plataformas de productos casi futuristas y, lo que es más importante, definir el cuaderno de trabajo incluso para las próximas décadas. Una línea de actuación que absorberá a buen seguro el reto mundial de la digitalización.

Es por eso por lo que es necesario más que nunca que todos logremos encontrar un punto de encuentro. La racionalidad de la creación de un automóvil solo consigue tener sentido con la aportación de la emocionalidad guiada por la creatividad de la literatura, que con su magia inequívoca es capaz de transmitirla.

José Manuel González Torres

José Manuel González Torres

Viviendo el motor desde la pasión. Porque el motor es belleza, es sonido, tiene aromas. Es piel, y el sabor que te deja es adictivo.

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