Los olímpicos de Cupra

Cupra habla con sus embajadores olímpicos, Saúl Cravioto y Melvyn Richardson, que han probado el nuevo Formentor VZ5.

Ser campeón olímpico va más allá de tener el físico perfecto para el deporte al que le has dedicado tu vida. Es mentalidad, esfuerzo y perseverancia. No se puede definir a un medallista por su imagen, esta es fruto de su constancia y madurez también emocional. Ser deportista de élite es estar concentrado las 24 horas del día, marcar un objetivo e ir a por él sin reparos. Eso mismo hizo Cupra cuando se escindió de Seat para convertirse en una firma premium y prestacional, pese a las dudas de muchos. Sobre esta vertiente motivacional habla Cupra con el piragüista Saúl Craviotto, medalla de oro en Pequín 2008, plata en Londres 2012, oro y bronce en Río de Janeiro 2016 y plata en las últimas Olimpiadas, y Melvyn Richardson, oro en balonmano en los recientes Juegos de Tokio. Dos de sus embajadores más representativos, que se sienten conectados con los valores de Cupra y su espíritu vanguardista.

Participar en unos Juegos Olímpicos es el sueño de cualquier atleta. Para Richardson fue, además, “una experiencia mágica” en referencia a su paso por los JJOO de Tokio. Llegar hasta ahí no ha sido fácil para ninguno de los dos embajadores de la firma de Martorell, que nos explican su día a día a bordo de un coche como el Cupra Formentor VZ5. El más prestacional de la familia Formentor no deja indiferente a nadie, tampoco a nuestros olímpicos, acostumbrados a jugarse las medallas por apenas un pestañeo. “Del primero al último en una final olímpica hay solo unas décimas de segundo. La velocidad, en mi deporte, marca la diferencia entre tener éxito y no tenerlo”, comentó Craviotto. El objetivo en este tipo de modalidades es ser el más rápido, de ahí que para Saúl el “CUPRA Formentor VZ5 responde a la perfección”.

Formentor
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Un embajador de bandera

Saúl Craviotto, junto a Mireia Belmonte, fueron los abanderados en los últimos Juegos Olímpicos de Tokio. Pese a los riesgos derivados del covid-19, nuestros deportistas tomaron rumbo al continente del sol naciente para demostrar que España es cuna de grandes ídolos. Craviotto es el perfecto embajador para Cupra, no solo por sus éxitos sobre la piragua. También ha conseguido enamorar al público con su faceta trabajadora y cercana, olvidándose por unos momentos del impacto que tiene su vida profesional en su día a día. Una rutina marcada, estos días, por un compañero de garaje muy particular: el Formentor VZ5.

Este SUV de aires coupés nada tiene que envidiar a las firmas premium más reconocidas, menos aún con el bloque de cinco cilindros y 390 CV que introduce bajo el capó. Este bloque, conocido por su presencia en los RS Q3 de Audi, le permite alcanzar el 0 a 100 km/h en 4,2 segundos y marcar una velocidad punta de 250 km/h. Una potencia que, en el caso de Richardson “es sinónimo de explosividad”.

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La precisión que requiere un olímpico

Tras subirnos al volante del VZ5 nos sorprendió su paso por curva, su estabilidad y la posibilidad de conducirlo a unos niveles casi de superdeportivo. La precisión de sus sistemas de tracción lo convierten en un animal del asfalto, pero también puedes adentrarte en el mundo off-road con él. Ese concepto es esencial para nuestros deportistas que, como Craviotto comenta: “Necesitábamos la máxima sincronización entre los cuatro piragüistas y lo conseguimos. ¡Fue la regata soñada!”. Los fallos al volante, y más a ese ritmo, no están permitidos, como tampoco en unas olimpiadas: “Es por eso por lo que siempre entrenamos esa ejecución rigurosa. Un pequeño fallo en la salida, una mala entrada de palada, puede hacerte quedar fuera de una final”.

Una perfección que ambos buscan en sus coches, en el tacto del volante, la respuesta del acelerador y su adherencia en curvas, entre otros muchos aspectos dinámicos. Un comportamiento que el VZ5 supera con creces, a la altura de un deportista de élite. “Conducir un VZ5 es espectacular, siento que me encuentro a mí mismo, porque ambos llevamos la deportividad en el ADN”, sentencia Craviotto. “Es difícil de expresar, tienes que vivirlo para entenderlo”, concluye.

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