La guerra de las gasolineras: pequeños y grandes a muerte

Unas acusan a otras de adulterar la gasolina, las más pequeñas presumen de ofrecer los precios más baratos. Mientras, el consumidor se debate entre desviarse para ahorrar unos céntimos o claudicar y llenar el depósito en las grandes operadoras que se encuentran en las autovías. El enfrentamiento está servido y tiene visos de durar mucho tiempo. Para los analistas lo peor aún está por llegar.

 

“Esto está lleno día y noche”, dice Rai, un empleado que trabaja en la estación de servicio de Ballenoil en Tres Cantos (Madrid). Unos conductores lavan sus coches en boxes con agua de alta presión, y otros repostan gasolinas o gasóleos. Hoy el precio que marca el monolito (la torre con información que está a la entrada) es de 1,689 euros para el litro de gasolina 95. El litro de diésel está un poco más caro: a 1,729 euros. Con la subvención  de 20 céntimos que sufraga el gobierno, ambas quedan en 1,489 y 1,529 euros.

Unos metros más allá, en la estación de servicio de Repsol, ambos carburantes salen diez céntimos más caros, incluso aplicando la subvención del Gobierno. “Eso es por la calidad de nuestros carburantes”, dicen con orgullo los empleados de Repsol. “Los nuestros no estropean el motor, pero los de esas marcas nunca se sabe”. Insinúan que muchas estaciones de servicio de marcas blancas (pequeñas) adulteran la gasolina para ganar más dinero.

Los pequeños lo desmienten. “El combustible es igual para todos”, dicen en Platinium Oil, una red de más de 30 gasolineras distribuidas por la costa Mediterránea. Platinium Oil  adquiere el producto ya “aditivado” (con mejoras) de la terminal de distribución. En Ballenoil afirman que ellos añaden aditivos para mejorar la gasolina. “Somos la única empresa de carburante del mercado que ha instalado un pionero sistema de aditivado instantáneo en el surtidor”, dice su página web

La competencia entre las grandes redes de operadoras como Repsol, Cepsa o BP, y las pequeñas estaciones de servicio se ha hecho más feroz desde que empezaron a subir los carburantes a lo largo de 2021 por la recuperación económica mundial, y este año de 2022, por la invasión a Ucrania por Rusia. El precio de los combustibles ha subido un 40% desde enero de 2021.

Para competir en precio, las pequeñas redes de estaciones han hecho un esfuerzo notable de ahorro. Por ejemplo, no tienen tienda de conveniencia, es decir, no hay ningún mini supermercado con pan, leche, café, chicles, patatas fritas… Tampoco hay grandes instalaciones salvo las máquinas de lavar, las cuales son del tipo “lávese usted el coche”. Un conductor apañado, puede lavar y aclarar el coche por un euro. La estación está abierta las 24 horas al día todo el año, pero solo hay personal durante el horario comercial. No hay cajero pues se paga con tarjeta en el mismo surtidor. Y siempre están llenas. “Aquí descarga una cisterna al día”, dice Rai refiriéndose a los camiones de combustible de 32 000 litros.

La guerra del combustible ha hecho populares las aplicaciones que informan de los mejores precios. “Ahora con las dificultades, entiendo que la gente se piense dónde echar gasolina”, dice el empleado de Repsol de Tres Cantos. Gasolineras España es una de las aplicaciones preferidas. Muestra en la pantalla del móvil un mapa con las mejores gasolineras de España por precio, por tipo de carburante y hasta a qué distancia están.

En España existen más de 12 000 gasolineras. Antes de que España entrase en la Unión Europea en 1986 (Mercado Común) existían unas 8.500 gasolineras que estaban principalmente en manos de Campsa (hoy Repsol). Desde esa fecha, obligada por la Unión Europea, España liberalizó su sector hasta que se abrió por completo en 1990: entraron Shell, Galp, BP, Exxon, Total, Agip, pero también cualquier persona que tuviese capacidad económica para montar una estación de servicio, y fondos para comprar  combustible. Esa liberalización económica ha permitido a los pequeños empresarios abrirse un hueco con sus gasolineras, y a los consumidores, disfrutar de precios competitivos. “Los conductores vienen a llenar el depósito aquí porque les sale a mejor precio”, continúa Rai, defendiendo su estación de Ballenoil.

Consuelo Lamagrande es gerente de la red Platinium Oil que está creciendo por todo el Levante, desde Cataluña hasta la Comunidad Valenciana. Ya cuenta con más de treinta estaciones. Su forma de trabajar parece la de un bróker. A las doce del mediodía empieza a recibir información de los operadores como Dinef, Axoil o GMFuel, que le informan de la cotización de los precios de los combustibles. Ella compra lo necesario para las estimaciones de venta del día siguiente.

 “En verano, en algunas localidades turísticas, una cisterna de 32 000 litros se consume en dos días”, dice Lamagrande. El margen para las estaciones de servicio como las de Plenoil, Ballenoil o Platinium Oil es muy estrecho: entre 5 y 6 céntimos por litro. La clave está en dos cosas: que la estación de servicio venda muchos litros, y que los costes sean ínfimos.

Cuando el gobierno decretó en abril de 2022 la subvención de veinte céntimos por litro de combustible, una estación de servicio tenía que abonar la subvención por adelantado y esperar a que el Gobierno se lo abonase semanas después. Esto implicó adelantar un promedio de más de 80.000 euros por gasolinera al mes.

Algunos no han podido resistir y han tenido que cerrar sus estaciones. Otros han tenido que pedir prestado a los bancos, para que les financiasen esos treinta días hasta que el Estado les devolviese el dinero. Y pagar intereses. Para redes de más de diez estaciones, era casi medio millón de euros mensuales. “En este mundo de la energía, ser pequeño es peor que ser grande”, dice Jorge Sanz.

En cambio, las grandes como Repsol o Cepsa no tienen problemas de financiación porque disponen de suficiente tesorería hasta que el Estado les devuelva el dinero. En el primer semestre de 2022, Repsol ganó 2.599 millones de euros. Los beneficios aportados por las estaciones de servicio a Repsol son minúsculos: solo un 5% del total. “Donde ganan las grandes es en la prospección, la extracción y el refino”, dice Jorge Sanz, ex director general de Energía y Minas.

Se refiere al ciclo de los combustibles, el cual empieza en algún lugar del mundo (un desierto, por ejemplo), donde las grandes operadoras tienen pozos de petróleo. Ese petróleo crudo es transportado por tierra o mar a las refinerías que lo convierten principalmente en gasolina y diésel. De ahí parte por tuberías terrestres, submarinas o por inmensos barcos hacia las terminales de los países consumidores. El mercado es de una competencia tan extrema que una flota de barcos puede darse la vuelta en medio del mar porque otro país ha pagado más.

En España, los combustibles se descargan de los barcos y luego se distribuyen por la red de tuberías y almacenes que tiene Exolum (antes, CLH). Las grandes operadoras como Repsol tienen plantas de refinado en cinco puntos de España, pero a veces les es más rentable importar gasolina o gasoil refinados que hacerlo en las cinco refinerías del país con capacidad para refinar un millón de barriles al día. “Podría existir la posibilidad de que, dado que los márgenes de refino han aumentado, los operadores integrados verticalmente [los que extraen petróleo y lo refinan], tengan una mejor situación para ser más competitivos que los gasolineros independientes”, reconoce la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

Los pequeños comercializadores de gasolina como Platinium Oil, Ballenoil y Plenoil no solo tienen que jugar con el estrecho margen para sobrevivir, sino que se quejan de que las grandes como Repsol, tienen información privilegiada. “El día en que el Gobierno decretó la subvención de veinte céntimos por litro, ellos ya tenían todas las máquinas y la burocracia preparada”, dice el representante de una de estas pequeñas redes.

Las grandes operadoras afirman que, durante el confinamiento de 2020, a pesar de la caída de la demanda, mantuvieron “todas las refinerías operativas y abiertas las estaciones de servicio”. Eso les hizo perder dinero. Repsol perdió 3 289 millones de euros en 2020, y Cepsa 919 millones. Ahora, las grandes operadoras están “intentando maximizar el descuento que ofrecen a sus clientes, porque son muy conscientes de los momentos de dificultad que está viviendo nuestro país”, dicen en la Asociación Española de Productos Petrolíferos (AOP) que representa a las grandes.

Los pequeños se quejan de las agresivas campañas de marketing de las grandes petroleras. Por ejemplo, aparte de los veinte céntimos de subvención estatal, Repsol ofrece diez céntimos más si el cliente se descarga en su móvil la aplicación Waylet. Era una oferta “para todo el verano” de 2022 en las 3.300 gasolineras de la compañía. Las grandes petroleras tienen más ventajas En los largos desplazamientos por las autopistas nacionales durante el verano, los conductores repostan en las gasolineras de Repsol o Cepsa, que son las dos redes más grandes del país.  Un consumidor no se va a desviar 30 kilómetros para echar combustible en una pequeña estación, a pesar de que sea más barata. Además, en las gasolineras de Repsol o Cepsa, los conductores no solo adquieren gasolina, sino GLP, Autogas, carga para coches eléctricos… Y encima comida, café, refrescos, chucherías para los niños… Se pueden sentar en una mesa, y hasta disfrutar del paisaje. La idea de las grandes operadoras es que visitar una estación sea una “experiencia de cliente” y por eso van a invertir dinero en hacerlas aún más sofisticadas. Cepsa quiere sustituir la tienda de conveniencia por un verdadero supermercado. También permitirá recoger paquetes y disponer de una parafarmacia. El objetivo, como dice la segunda mayor red de gasolineras de España y Portugal, es que parar en una gasolinera no sea llenar el depósito sino mucho más.

Lo que han notado todas las gasolineras, pequeñas y grandes, es que los hábitos de los consumidores han cambiado. Los que echaban 40 euros de combustible ahora echan veinte y sacan menos el coche a pasear. También ha aumentado el número de “simpas”, conductores que se dan a la fuga sin pagar. Por eso en las gasolineras exigen cada vez más el prepago a sus clientes.

Para los analistas más catastrofistas, lo peor aún no ha llegado. Hablan de un litro de gasolina por encima de los tres euros, y de una guerra en Ucrania que se alargará durante todo el invierno hasta 2023 o más. “Si se mantienen las sanciones a Rusia, seguiremos con precios altos”, dice Sanz. Winter is coming.

Son los impuestos, estúpido 

Cada vez que un español pone un litro de gasolina o de gasoil a su coche, el estado se lleva la mitad del tanque en impuestos. A muchos todavía les cuesta creerlo, pero es así. Según el informe de la Comisión Nacional del Mercado y de la Competencia, el desglose de un litro de gasolina que cueste 1,929 euros por litro (en mayo de 2022) era así: coste del combustible, 1,121 euros. A eso se añaden tres impuestos (sobre hidrocarburos, especial e IVA): en total, 0,808 euros.

Para ser exactos, sobre ese litro de gasolina de 95 octanos, el estado se llevaba el 41%. Dos de esos impuestos son fijos: el de hidrocarburos y el especial. El IVA equivale al 21% de la cifra final. ¿Qué quiere decir eso? Que cuando la gasolina baje de precio y se acabe la subvención, el Estado se llevará proporcionalmente más de la mitad: el 52%. 

 

Por qué baja el petróleo y sube la gasolina 

En el primer semestre de 2022 el precio del barril de petróleo comenzó a bajar, pero el de las gasolinas subió. ¿Cómo era posible? La mejor explicación es la analogía con el hielo. En el verano de 2022, el precio de las bolsas de hielo se duplicó por varias razones: los grandes fabricantes de produjeron menos hielo debido a que les costaba mucho mantenerlo frío a causa del precio de la electricidad; además, los días calurosos empezaron en mayo y se extendieron hasta agosto, de modo que hubo demanda antes de tiempo; y, por último, hubo más movimiento de turistas nacionales e internacionales. En algunos sitios no se encontraba hielo a principios de agosto o valía el doble. Pero el precio de las botellas de agua seguía siendo el mismo. Es decir, había dos mercados: hielo y agua.

¿Qué ha pasado con la gasolina? Hay un mercado para el petróleo crudo y otro para las gasolinas, a pesar de que proceden del mismo elemento. La guerra en Ucrania complicó las cosas. “Rusia es un exportador de productos refinados”, dice a Muy Interesante una fuente de la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia).  

“Dada la intención reiterada por Bruselas de prescindir del petróleo/productos rusos este año [sanciones], el temor a la escasez no ha hecho más que incrementar el precio del gasóleo en los mercados internacionales”. Por eso el precio de las gasolinas se mantenía elevado a pesar de que la materia prima (el petróleo) hubiera bajado en esas fechas. A eso se añade la picaresca de las grandes operadoras. “Son muy rápidas para trasladar la subida de las gasolinas, pero muy lentas para las bajadas”, afirma Jorge Sanz, ex director general de Energía y Minas.

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