Hace 30 años Mazda ganó en Le Mans

Las 24 Horas de Le Mans son los Óscar de la automoción y hace 30 años Mazda venció convirtiéndose en el primer fabricante japonés en lograrlo.

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Este fin de semana se han vuelto a celebrar las míticas 24 Horas de Le Mans, un encuentro soñado por cualquier aficionado al motor. La 89ª edición será recordada como la de la mala fortuna de Robert Kubica, que debutó en la icónica prueba y parecía destinado al éxito cuando su coche tuvo un fallo mecánico a falta de una vuelta. De la corona de laureles a la más pura frustración, así es esta carrera año tras año. Esta vez el dominio era cosa de los Toyota y el equipo de Kamui Kobayashi, José María 'Pechito' López y Mike Conway fue finalmente campeón. La escudería japonesa va por su cuarta victoria consecutiva en las 24 Horas de le Mans, prueba que ahora forma parte del Campeonato de Resistencia de la FIA, pero no siempre ha sido así. Es más, el primer fabricante nipón en subirse a lo más alto en Francia fue Mazda, y de eso hace 30 años. Con motivo de este aniversario, desde la firma han querido rememorar dicho hito, muy especial si tenemos en cuenta el tipo de motor que les llevó a la gloria.

Fue el 23 de junio de 1991 a las 16:00h. En ese preciso instante Johnny Herbert cruzó la línea de las 24 Horas de le Mans en primera posición. Mazda se convertía así en la primera marca japonesa en lograr la victoria de la carrera de resistencia más conocida, reconocida y difícil del mundo. El equipo con el número 55 lo consiguió al volante del Mazda 787B, una joya de la mecánica con motor rotativo de cuatro rotores y 700 CV. Fueron 362 vueltas pero realmente había mucho más tras esa prueba, la firma debía demostrar la fiabilidad de esa propulsión. En las 28 paradas en boxes solamente necesitó un rellenado de aceite, un cambio de discos y zapatas y una sustitución de la sección delantera de la carrocería, nada más. Así, se certificó la resistencia, eficiencia y rendimiento de la tecnología del motor rotativo.

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Juventud

No solo era joven la tecnología de propulsión, también el equipo. Estaba conformado por Johnny Herbert y Volker Weidler y Bertrand Gachot, compañeros en la Fórmula 1. Salieron desde el puesto 23º de la parrilla y los adelantamientos de Weidler situaron al 787B entre los diez primeros coches dos horas después del semáforo verde. Sobre las 4 de la madrugada, una hora icónica para los seguidores de esta competición que dura 24 horas en el trazado francés, ya iban terceros. La fiabilidad y el ritmo del equipo era intachable, así que solo era cuestión de ir consumiendo vueltas sin pausa pero sin prisa. A tres horas del final, cuando el equipo había colocado al bólido 55 en segunda posición, el Mercedes-Benz que lideraba la carrera tuvo que retirarse por problemas en el motor.

Así fue como Mazda, con el 787B, y su motor rotativo, cruzó la línea de meta en primera posición de la clasificación general. No solo fue una victoria sin parangón para los de Hiroshima, también supuso el inicio de una nueva era para los constructores japoneses. Previamente, marcas como Toyota y Nissan habían intentado la gesta sin éxito y, a día de hoy, la primera es la clara candidata edición tras edición.

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Sonido atronador

Era la última oportunidad para el motor rotativo de Mazda, que en la edición de Le Mans 1992 ya no pudo participar. Cobraba, entonces, más importancia. Los 700 CV fueron esenciales para la victoria, así como el aguante de un propulsor que estaba en entredicho en el viejo continente. Johnny Herbert recuerda que ese motor era: “suave como la seda y con una fiabilidad a prueba de balas”. Y añade: “Mazdaspeed era una escudería muy pequeña en comparación con Mercedes y Jaguar, pero en 1991 el equipo estaba en la situación perfecta por su impresionante proceso de aprendizaje durante los años anteriores”.

También ayudó el chasis diseñado por el británico Nigel Srtoud y los frenos de carbono que eran una primicia por aquella época. Los aficionados de aquella época recuerdan con cariño al Mazda 787B, sobre todo por su sonido y las llamas que expulsaba su escape. Era algo mágico que ver, y escuchar, en la noche cerrada del 23 de junio de 1991.

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