El futuro incierto de los salones del automóvil

¿Nos encontramos en el principio del fin o simplemente en una mera adaptación a los tiempos que corren?


Recién aterrizado del Salón de Ginebra no sería justificable por mi parte no trasladaros unas impresiones llenas de inquietud que reflejan directamente el momento que vivimos tan incierto en la industria de la automoción.

Tenemos que trasladarnos a 1896 a la ciudad de Londres, donde se celebró el primer Salón del Automóvil llamado Horseless Carriage Exhibition. Posteriormente, nació el Salón de París, ciudad que en esa época nadie dudaba que era la capital del automóvil.

Con el paso de los años, en la década de los cincuenta, sesenta y setenta, la celebración de estos salones se convirtió en exposiciones de sueños donde en países como España el tener capacidad económica no era suficiente para poder adquirirlos debido a las restricciones aduaneras.

En las dos últimas décadas, los salones se han ido consolidando, primero por continentes y, tras la globalización, principalmente por el viejo continente hacia el resto de mercados en herramientas imprescindibles para mostrar la capacidad de adaptación de los grandes grupos a las exigencias tan heterogéneas según el país de origen.

 

 


El Salón del Automóvil en la actualidad

Y hasta aquí todo normal. Pero la actualidad no dice lo mismo. Ya en los últimos años hemos ido viviendo cómo los salones han retransmitido en directo la realidad de una industria que lucha por no ahogarse, marcada con heridas imborrables, como la piel de una ballena con el paso de los años.

El liderazgo de los grandes grupos automovilísticos es directamente proporcional al dominio de mercados sea cual sea su posición en la bola deforme en la que todos convivimos. Y este liderazgo en estos últimos años se encuentra con obstáculos que, aun no teniendo nada que ver entre ellos en muchos casos, juntos forman una fuerte corriente.



 

La desaparición o no del motor de combustión, la consolidación o no de tecnologías alternativas como la electricidad y el oportunismo de gobiernos que aun teniendo la capación del poder limitada por años juegan a crear propósitos de gobierno de casi siglos y que a bien seguro en su mayoría quedarán en papel mojado. Eso sí, creando resultados económicos negativos de una forma inmediata y no siendo más que el reflejo del miedo y la incertidumbre.

el Salón de Ginebra 2019 se ha convertido en un verdadero catálogo publicitario de la sala de urgencias de la industria.


Marcas como Ford, Volvo, Opel, Hyundai… este año han decidido no asistir por motivos que a bien seguro en su mayoría están más que justificadas pero que, a mi parecer, faltan en el momento más inoportuno. Ahora es cuando los fabricantes tienen que luchar por dar credibilidad a sus nuevas tecnologías y definir sus segmentos.

El canal angosto que nos está llevando a definirnos por la electrificación (aunque la infraestructura necesaria no esté ni se la espere) o la burbuja SUV, (también condenada a la posible desaparición del segmento si los reglamentos siguen siendo más exigentes cada año) hacen necesario estar presente en los salones mostrando una fuerza común por la coherencia.

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