Curiosidades sobre la historia de los seguros

Aunque ahora nos parezcan imprescindibles, los seguros no han existido durante toda la historia de la humanidad.

Hubo un tiempo en el que nadie te compensaba si por ejemplo se quemaba   tu vivienda. Un seguro protege los bienes a cambio de una cuota y en la actualidad resulta indispensable para cualquier persona o empresa.

A lo largo de la historia numerosos pueblos han intentado establecer sistemas en los que mediante un pago se pudiese asegurar  lo asegurado ante cualquier riesgo o contingencia. En la actualidad los seguros son algo habitual y existen numerosas empresas. Por ejemplo, empresas como Verti cuentan con coberturas diversas para proteger todo tipo de bienes.

Los primeros en establecer una especie de seguro fueron los egipcios por el año 2.225 a.C. mediante la creación de asociaciones en las que se pagaba una cuota para que cuando fallecieran, el resto de sus miembros pagara sus caros ritos funerarios. Una especie de primitivo “seguro de decesos” para sufragar todos los gastos.

Los babilonios también establecieron una especie de pago cooperativo en caso de pérdidas en las caravanas en el desierto, Incluso crearon un préstamo a comerciantes para pagar la garantía si un barco se hundía en sus travesías comerciales.

La primera forma oficial de seguros fueron los fenicios quienes crearon las primeras empresas del sector relacionadas con el comercio marítimo. Si un barco mercante no llegaba a puerto, su valor económico era devuelto en función de la mercancía transportada a cambio de que se realizase un pago antes de que el barco partiese.

En Grecia la mayoría de los hombres libres tenían una mutualidad para hacer frente a la fuga de esclavos. Incluso existían asociaciones que crearon un fondo común con aportaciones mensuales de sus miembros para asistir a las víctimas de una catástrofe y poder atender a los gastos funerarios.

En Roma también se crearon los “collegia romanos” que eran agrupaciones de profesionales que defendían sus intereses. Pagaban una cuota mensual para estar protegidos contra cualquier imprevisto, sufragar gastos de funerales o defenderse de un enemigo.

La primera póliza de la que se tiene constancia está fechada en el año 1347. Se redactó y firmó en Génova para asegurar contra posibles accidentes, naufragios o asaltos piratas al navío mercante Santa Bárbara que cubría el trayecto desde Génova a Mallorca. Una póliza que también les protegía en el caso de que las mercancías llegaran tarde al puerto.

Además, se tiene constancia de que en el siglo XIV existió un seguro mixto, de mercancías y de vida. Este seguro cubría viajes en barco desde el gaditano del Puerto de Santa María hasta Barcelona y aseguraba la vida de los esclavos que consideraba como mercancía.

Pero hasta el siglo XVII no surgieron los seguros a gran nivel. Fue a partir de 1666 tras el gran incendio de Londres que duró tres días y arrasó más de diez mil viviendas y 90 iglesias. Un año después se crearon unas compañías de seguros de incendio que por una pequeña cuota protegían al asegurado en el caso de que volviese a ocurrir un desastre de ese tipo.

Como curiosidad destaca que la primera compañía de seguros generales tenía su propio cuerpo de bomberos. Una entidad bancaria garantizaba el acuerdo y hacía que el interés anual de la garantía contratada fuera proporcional al valor del bien asegurado.

En 1711 nacieron en Inglaterra la London Insurance Corporation y la Royal Exchange Insurance Company que aseguraban cualquier propiedad. En sus oficinas nació una sociedad de acuerdos tácitos sin estatutos en la que bastaba con una mirada cómplice o un apretón de manos. La complejidad de los bienes que se tenían que asegurar hizo que más tarde se tuviese que crear el contrato impreso.

Como última curiosidad también hay que destacar que el primer seguro de coche de la historia se firmó el 1 de febrero de 1898 mediante la compañía Travellers Insurance. Cubría los gastos de responsabilidad civil solamente en el caso de que el vehículo chocase contra un jinete o contra un carro tirado por caballos porque todavía no se contaba con la gran revolución que iba a suponer la industria del automóvil.

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