Ahogados en contaminación, ¿qué podemos hacer?

Cuando la concentración de sustancias nocivas del aire llega a niveles peligrosos, las grandes ciudades activan sus protocolos anticontaminación para frenar los efectos negativos que la contaminación atmosférica puede causar tanto en la salud humana como en el medio ambiente.

La contaminación del aire urbano es uno de los problemas más graves a los que nos enfrentamos en muchas grandes ciudades del mundo. De hecho, ya hace tiempo que los niveles de partículas contaminantes sobrepasan en muchos casos el límite de seguridad para la salud humana señalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Mientras que este límite se encuentra en los 20 mcg/m3, grandes ciudades como París ya cuentan con un promedio anual de 38 mcg/m3. Por no hablar de casos extremos como Pekín, cuyos niveles de partículas superan los 300 mcg, lo que obliga a la ciudad a imponer la alerta naranja.

A nivel nacional, durante el pasado mes de febrero veinte de las principales ciudades y áreas metropolitanas de España llegaron a superar el límite legal de partículas en suspensión inhalables, fijado por la Comisión Europea (CE) en 50 mcg/m3 y, de nuevo, la OMS. Estos niveles se están disparando como consecuencia del anticiclón y del cambio climático, que afecta en gran medida a la península ibérica.

Impacto medioambiental del tráfico

Empecemos por el principio. El tráfico terrestre y, en concreto, los automóviles necesitan una fuente de energía para desplazarse que, en este caso, son los carburantes. Actualmente, disponemos de varios tipos de combustible, pero los más frecuentes siguen siendo el gasoil y la gasolina sin plomo. La contaminación ambiental que producen estos combustibles está originada por el monóxido de carbono, el gas contaminante que más abunda en la atmósfera de nuestras ciudades. El problema está en que, cuando este gas se mezcla con la hemoglobina que tenemos en la sangre, disminuye la capacidad de oxigenación que tienen nuestras células, lo que causa problemas de respiración.

Para intentar reducir en lo posible estos efectos negativos, deberíamos conseguir utilizar fuentes de energía alternativas al petróleo como el hidrógeno o la pila de combustible. No obstante, hasta llegar a esta situación, podemos adecuar nuestros hábitos de conducción con los vehículos que tenemos. Arrancar el motor sin pisar el acelerador, apagarlo en paradas prolongadas, no cargar el coche en exceso o mantener el filtro del aire en buen estado son algunas de las recomendaciones que podemos seguir para intentar ser más respetuosos con el medio ambiente.

 

 

Protocolos anticontaminación activados

En este contexto, las autoridades europeas, estatales y locales no han tenido otro remedio que empezar a implantar restricciones al tráfico en las ciudades. Así pues, cuando la concentración de sustancias nocivas del aire llega a niveles peligrosos para la salud, Madrid pone en marcha el Plan de Actuación para Episodios de Contaminación por Dióxido de Nitrógeno, que diferencia cinco escenarios según el nivel de contaminación. Además, el incumplimiento de las restricciones se castiga con una multa de 90 euros.

En el escenario 1, todos los vehículos pueden circular con normalidad en el interior de la M-30, aunque la velocidad máxima estará limitada a 70 km/h en ambos sentidos. En el escenario 2, solo pueden circular por la M-30 los vehículos que tengan la etiqueta ambiental CERO, ECO, C y B, mientras que en el 3 la zona restringida aumenta a todo el municipio de Madrid. En el escenario 4, solo pueden circular los vehículos que tengan la etiqueta CERO, ECO y C; y en el 5, tan solo los que cuenten con el distintivo CERO y ECO.

De la misma manera que Madrid, otras ciudades españolas como Murcia, Zaragoza o Valladolid también cuentan con protocolos anticontaminación. Sin embargo, la ciudad de Barcelona, pese a que el Área Metropolitana creó un protocolo contra la contaminación en 2017, ha decidido no restringir la circulación de vehículos contaminantes hasta el próximo año 2020. Decisión que no ha estado exenta de polémica, pues ecologistas y expertos consideran insuficiente el protocolo adoptado, que apenas prevé recomendar a la ciudadanía el uso del transporte público, reducir obras y aconsejar a personas con problemas respiratorios o cardiovasculares que moderen la actividad al aire libre.

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