Día de Batman o el merecido homenaje a un icono del cómic

Desde 2014, el 23 de julio fue oficialmente declarado como Día de Batman por la editorial DC.

El eco de los disparos atraviesa Crime Alley. Las calles se tiñen de rojo en la negra noche. No, hoy no ha muerto un comediante ni esto es Nueva York. Estamos en la peligrosa Gotham City y quienes yacen en el suelo son un padre, una madre y el alma rota de un niño que, entre lágrimas, ve cómo su mundo se desmorona. Sin heridas pero con sangre en las manos, algo oscuro y temible surge en su interior. Como un Mr. Hyde sin el que no puede vivir, así termina la vida de Bruce Wayne y comienza la de Batman.

Con más de 75 años desde su primera aparición, el superhéroe sin poderes más conocido del mundo ha acabado derivando de personaje de ficción en icono de la cultura popular. Desde sus humildes orígenes, allá por 1939, en los que aporreaba a maleantes de poca monta, ladrones y asesinos, Batman ha crecido como héroe y ha conquistado el corazón de tantísimos fans.

Es poco común ver a un personaje como este sangrar, tener miedo y dudas e incluso fracasar. Precisamente, esa humanidad que le caracteriza y la profundidad psicológica que le traumatizó y le convirtió en lo que es consiguen enganchar a cualquiera que conozca al cruzado de la capa. Es uno de los pocos superhéroes de cómic en los que su álter ego, Batman, y su identidad real, Bruce Wayne, se confunden y solapan siendo igual de importantes la una como la otra. No se puede entender la motivación del justiciero sin conocer la personalidad del multimillonario y viceversa.

Fijándose un poco, no es difícil ver las semejanzas entre los héroes clásicos de la literatura y la mitología y los superhéroes modernos. Ese ser capaz de mover montañas, que siempre triunfaba en su gesta y defendía la justicia hasta su último aliento sirve como descripción tanto de Batman como de Ulises. De hecho, el hombre murciélago tiene aún más mérito ya que no cuenta con el favor de los dioses, sino que todo lo ha conseguido gracias a su ingenio y esfuerzo físico. Si estuviéramos en la Antigua Grecia, Zeus castigaría a Batman por el pecado del hybris, un intento de superar la condición humana. Y precisamente eso representa Batman: un empeño inquebrantable por ser mejores. Bruce Wayne vive en ese mundo material del que habló Aristóteles y lo acepta tal y como es, no como le gustaría que fuera.

El propio cruzado de la capa decía que “el mundo solo tiene sentido cuando lo obligas” y eso es lo que se ha propuesto este personaje en su autodestructiva lucha sin fin; dar todo lo que tiene porque las cosas cambien a mejor. Batman se ha ganado un día en su honor, porque es el héroe que merecemos y también el que necesitamos.

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