En colaboración con Acción Cultural Española/Museo del Prado.

El taller de restauración: en el backstage del Museo del Prado

Nos colamos en los talleres de restauración y documentación técnica del Prado para explicar la labor que allí llevan a cabo.

El mundo está plagado de museos, templos pequeños y grandes que recogen desde las grandes joyas del ser humano hasta los objetos más disparatados que uno pueda imaginar. Su misión no es otra que la de proteger, difundir y conservar eso que se ha convertido en su razón de ser. La vida en museos como el Louvre, el MET o el Prado de puertas hacia afuera (lo que el visitante ve) es solo una pequeña parte de lo que realmente pasa en estos lugares. Lo importante ocurre donde solo unos pocos pueden entrar.

El Museo del Prado, por ejemplo, es una de las grandes pinacotecas del mundo y la más importante de España. En su colección guarda obras de arte de valor incalculable de Velázquez, Goya o Rubens y tal responsabilidad solo puede asumirse si se tiene a un equipo tan preparado y eficaz como el suyo. Su área de restauración se divide en dos ramas: los talleres de restauración, que trabajan directamente sobre las obras de arte, y el gabinete técnico, que se encarga de investigar y conocer todo lo que rodea la obra de arte. Según Enrique Quintana, coordinador jefe de los talleres, su labor va “mucho más allá de los tratamientos que se realizan directamente sobre las obras. Es una labor de conocimiento, de búsqueda de contenido de la obra de cara a poder realizar estos contenidos adecuadamente”.

Los talleres de restauración del Prado están divididos en especializaciones según la disciplina o el material con el que cada uno de ellos trabaja. Es cierto que la pinacoteca madrileña es famosa por la ingente cantidad de cuadros que posee (casi 8.000 pinturas dentro de un catálogo compuesto por 27.509 piezas artísticas), pero no son lo único que se guarda entre sus muros. Sus restauradores trabajan en talleres de pintura, escultura, artes decorativas, papel, marcos y soportes de madera para pintura. Además cuenta con documentalistas y químicos que realizan la documentación técnica de imágenes empleando radiografías, ultravioletas o infrarrojos.

El trabajo de las dos ramas del departamento se realiza de forma conjunta y coordinada. Cada uno de estos profesionales lleva a cabo una labor compleja y delicada en la que no solo manejan piezas únicas y de gran valor, sino que de ellos depende que sigan estando en ese estado durante los próximos años. La conservación es el elemento más importante ya que es el equivalente a la medicina preventiva en arte, evitando que sea necesario tomar medidas una vez la pieza ya se ha deteriorado o ha sufrido daños. Cuando se llega a ese punto, entra en juego la restauración, que se intenta que sea lo más conservadora posible. Entre medias está el departamento de documentación técnica, que guía la labor de los restauradores al analizar las piezas y determinar, por ejemplo, los cambios o reparaciones previas.

El que hoy en día podamos disfrutar del enigmático realismo de Las meninas de Velázquez o sobrecogernos con la brutalidad cruda de Los fusilamientos de Goya se lo debemos, entre muchas otras, a las personas que hicieron del cuidado y la defensa del arte su vida.

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