Los rostros del genio: en la mente poliédrica de Da Vinci

La exposición conmemora los 500 años del fallecimiento del artista con una propuesta fascinante y provocadora: derribar el mito y dejar paso al hombre.

 

Ni siquiera hoy tenemos claro cuál era el verdadero rostro del que consideramos el genio más importante del Renacimiento, aunque sí podemos obtener muchos datos de su obra para tratar de imaginar cómo era su vida y su psicología. Leonardo da Vinci fue un artista poliédrico, es decir, poseía un cerebro multidisciplinar; pero detrás de su faceta de icono habitaba un hombre cansado, célebre por no terminar su encargos, admirado y repudiado por sus contemporáneos a partes iguales, y que se percibía a sí mismo, tal vez, como un hombre fracasado que no llegó nunca a obtener el reconocimiento que perseguía.

Así nos pone en situación Christian Gálvez, comisario de la exposición Los rostros del genio, que cuenta con la colaboración de Muy Interesante, antes de la interesante visita por los salones del Palacio de las Alhajas, lugar que acoge esta interesante y rica muestra, para conmemorar los 500 años del fallecimiento de Da Vinci.

La propuesta de Gálvez nos fascina y, a su vez, pretender ser provocadora: “Todos admiran al genio, pero muy pocos conocen al hombre”. La exposición Los rostros del genio no pretende detenerse en el trazo, en el pigmento, en los detalles técnicos; sino más bien acercarse a la personalidad más terrenal y cruda de un artista muy mitificado. Consciente de lo difícil que es derribar esta efigie, Gálvez no pretende gustar a todos, sino hacer reflexionar con las conclusiones a las que le han permitido llegar sus años de investigación.

 

¿Cómo desligarnos del mito para acercarnos al hombre?

Leonardo da Vinci estaba tan dotado para las artes como para las ciencias. Por eso, el propio director de la revista Muy Interesante Enrique Coperías reconoce que podría ser un colaborador de la publicación si viviera hoy, por su actitud curiosa y camaleónica. Pero, por contrapartida, los indicios nos llevan a pensar que este erudito era a su vez una persona poco constante, debido a sus diversos intereses, a quien le costaba terminar lo que empezaba, porque su mente solía viajar de una disciplina a otra. Por cierto, dominaba unas 14 materias, y solo una de ellas era la pintura.

Como cuenta Gálvez a lo largo de la exposición, Leonardo se sabe superior a sus coetáneos, pero son estos los que triunfan. Un ejemplo es Miguel Ángel, pintor con una calidad excelente, que fue llamado para ejecutar los inmortales frescos de la capilla sixtina; él y otros, como Rafael, triunfaban en Italia.

 

Las actividades de Da Vinci comenzaron en Florencia, y luego en Milán, donde pasó 17 años de su vida. Fue entonces cuando pintó algunas de sus obras maestras, como La Adoración de los Magos, la hermosa La dama del Armiño y la gloriosa La última Cena.

Mostraba una gracia infinita en todo lo que hacía. No obstante, es probable que su perfeccionismo, que le llevaba a trabajar durante años en una misma obra, provocara que éstas quedaran vulnerables a los avatares del paso del tiempo.

Respecto a su faceta como inventor, Gálvez sostiene un matiz: más que inventor, era un ingeniero que partía de un artefacto y le daba un nuevo uso y estética. Algunas de sus ideas ni siquiera llegaron a ser comprendidas por sus contemporáneos, y solo cuando fueron estudiadas por los expertos de nuestro tiempo pudo extraerse la genialidad que habitaba en ellas.

Lo que también cultivó de manera magistral fue la faceta de anatomista, como queda plasmado en sus dibujos. A través del gesto, Da Vinci quería estudiar la esencia humana más profunda. Estaba en la búsqueda científica del alma.

A través del gesto, Da Vinci quería estudiar la esencia humana más profunda. Estaba en la búsqueda científica del alma.

 

Y aunque ya había sido reconocido en Italia como un erudito, aunque tal vez no fuera tan eficiente o prolífico como otros pintores, como Miguel Ángel, el momento más glorioso de su carrera le llegó los últimos años de su vida, en Francia.

Aquí pintó su obra más icónica, La Gioconda. Al margen de varios documentos históricos, muy fiables todos ellos, cada uno de los cuales da fe de una identidad distinta de la retratada, La Gioconda (o Mona Lisa) era un cuadro menor. Solo gozó de la popularidad que tiene ahora tras su robo en 1910, una de las anécdotas más famosas de la Historia del Arte. Hoy es un icono del siglo XX, como su autor, y un porcentaje importante de los turistas que visitan actualmente el Museo del Louvre entran, se hacen un selfi con ella, y se marchan.

 

Se dice que Da Vinci murió en los brazos del rey de Francia, pero esto es solo una caricatura, aunque no hay duda de que el monarca lo apreciaba. Todavía en la actualidad, hay curiosas peleas intelectuales entre Italia y Francia por poseer la idiosincrasia del genio Da Vinci. Y es comprensible: todo el mundo quiere hacer propio al genio más famoso del Renacimiento, e icono de la modernidad, que fue ‘canonizado’ por el arte por los intelectuales del Romanticismo.

Los rostros del genio nos ofrece una visión más humana de Leonardo Da Vinci. Pero no deja de ser un homenaje a sus facciones.

Continúa leyendo