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El código de la vida, un fascinante viaje al futuro de la especie humana

Un libro indispensable para entender el CRISPR, las tijeras genéticas que ayudarán a curar enfermedades, derrotar a los virus y tener hijos más sanos.

Jennifer Doudna. Quizá su nombre no te suene, pero su importante descubrimiento: la edición genética a través del ARN, ha transformado la ciencia para siempre y es la base de las vacunas con las que estamos intentando frenar la incidencia del coronavirus.

Premio Nobel de Química en 2020 junto a Emmanuelle Charpentier por el descubrimiento de una técnica fácil de usar para modificar el ADN: el CRISPR, El código de la vida (Debate) es su biografía, contada por Walter Isaacson, autor de otras grandes obras biográficas como Einstein (Debate, 2008), Steve Jobs (Debate, 2011), Los innovadores (Debate 2014), Leonardo Da Vinci (Debate, 2018), Benjamin Franklin. An American Life (2003), Kissinger: A Biography (1992), y coautor, con Evan Thomas, de The Wise Men. Six Friends and the World They Made (1986). “Se trata de una historia entrecruzada por una serie de grandes preguntas, desde los orígenes de la vida hasta el futuro de la especie humana, la cual comienza con una estudiante de sexto grado a quien le encantaba buscar plantas 'Dormilonas' y otros fenómenos fascinantes entre las rocas volcánicas de Hawái, y que un día, al llegar a casa del colegio, encontró sobre su cama un libro de detectives que intentaban descubrir lo que denominaban, no de forma muy exagerada, 'el secreto de la vida' ", afirma Isaacson, uno de los biógrafos más importantes de nuestro tiempo.

El código de la vida también plantea una interesante cuestión relacionada con la técnica CRISPR y es la implicación moral que la manipulación genética a través del ARN puede tener en la vida tal y como la conocemos. Por un lado, la parte positiva de este avance puede suponer lograr la inmunidad permanente frente a determinadas enfermedades, incluidas las de origen vírico, así como la mejora de la salud de los niños que todavía están por nacer. Pero, por otro, puede hacernos creer que somos dioses, que podemos alterar la naturaleza que nos rodea a nuestro antojo con las fatales consecuencias que esto podría tener.

El viaje por la vida de Doudna comienza en su infancia y juventud. Pronto destacó en matemáticas y química y ya en el instituto pensó seriamente en estudiar biología en la universidad. Cuando explicó al orientador universitario de su instituto que quería hacer esta carrera, este le respondió que "las chicas no se pueden dedicar a la ciencia". Este comentario hizo que Doudna redoblara sus ganas de hacerlo.

Estando en la universidad y cursando la carrera de su elección, Doudna focalizó sus estudios en el ARN, la molécula celular encargada de copiar algunas de las instrucciones contenidas en el ADN y traducirlas en proteínas. “Su afán por entender el ARN la condujo a una cuestión más fundamental, a saber, la de cómo empezó la vida. Se dedicó a estudiar unas moléculas de ARN que podían copiarse a sí mismas, lo que abría la puerta a la posibilidad de que ya hubiesen comenzado a reproducirse en el guiso de la química planetaria de hace cuatro mil millones de años, antes de que el ADN ni tan siquiera existiese”, cuenta Isaacson.

Tras pasar por el laboratorio de Thomas Cech, el descubridor del ARN catalítico, Doudna determinó la ubicación de los átomos de una molécula de ARN capaz de cortarse y ensamblarse a sí misma, el descubrimiento más importante del último cuarto de siglo. En Berkeley la bióloga investigó las interferencias del ARN mensajero en la formación de proteínas, lo cual permitía silenciar genes y, por tanto, curar enfermedades. Posteriormente, se unió a un grupo de investigadores del CRISPR que estudiaban los segmentos cortos de ARN que guían a las enzimas para que actúen como tijeras y corten el material genético de los virus.

Años más tarde, Doudna se alió con la investigadora Emmanuelle Charpentier y juntas desarrollaron un método para editar el genoma: CRISPR/Cas9, una herramienta, conocida como “tijeras genéticas”, con la que se puede reescribir el código de la vida y que promete cumplir el sueño de curar enfermedades hereditarias. Este descubrimiento le valió el Premio Nobel de Química en 2020, compartido con Charpentier.

Jennifer Doudna
Jennifer Doudna

El papel de Doudna en la lucha contra el coronavirus

Cuando se empezó a abordar una solución para luchar contra el COVID-19, los estudios de Doudna sobre cómo recortar el ARN y destruir de este modo los virus que atacan a organismos vivos fueron clave.

La investigadora ya había estudiado el SARS, surgido en China en 2002 y que causaba un síndrome respiratorio agudo grave en las personas infectadas. El hecho de que aquel virus contuviera ARN permitió que Doudna pusiera a prueba sus investigaciones y que cuando apareció el COVID-19, estuviera en condiciones de atacarlo.

Gracias al CRISPR se puede tratar la anemia de células falciformes, algunos cánceres y hasta la ceguera. La pandemia de coronavirus ha acelerado las investigaciones al respecto y, como señala Isaacson en el epílogo (escrito en otoño de 2020), es muy posible que la tecnología CRISPR no sólo acabe salvándonos, sino que modifique por siempre nuestra relación con los virus.

 

Título: El código de la vida. Jennifer Doudna, la edición genética y el futuro de la especie humana

Autor: Walter Isaacson

Traductores: Luis Jesús Negro García e Inga Pellisa Díaz

Nº de pág.: 624

Precio: 25,90 €

Publicación: 13 de mayo de 2021