Siberia: la conquista del Lejano Este

La inmensa y fría región asiática de Rusia es foco de nuevos proyectos de exploración e investigación. Bajo el subsuelo helado esperan inmensos recursos.

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Estos recursos se encuentran también en abundancia bajo las mesetas de Siberia central, situada entre los ríos Yeniséi y Lena, una región rica en oro, diamantes, hierro y carbón. La mayor parte del territorio, condicionado por un rígido clima continental de largos inviernos, está cubierto de bosques de coníferas y se mantuvo casi deshabitado hasta hace pocos años. Al sur de esta franja central siberiana se sitúa el lago Baikal, el más profundo del mundo con 1.680 m. Entre sus orillas, que abarcan 636 km de longitud y 80 km de anchura, se contiene el 20 % del agua dulce no congelada del planeta. La Siberia más remota, que los rusos llaman lejano oriente, está marcada por varias cordilleras que se suceden hasta alcanzar la costa del océano Pacífico, que se extiende a lo largo de 4.500 km. Aquí los paisajes son abruptos y volcánicos, sobre todo en las islas Kuriles y en la península de Kamchatka, donde se abre el cráter activo más grande del planeta, denominado Gorely. También en Siberia Oriental se encuentra la aldea de Oimiakón, donde el 26 de enero de 1926 el termómetro marcó -71,2 ºC, la temperatura más baja registrada en un lugar habitado.


La realidad es que toda Siberia está sometida a un clima continental extremo de interminables inviernos, en los que a menudo se alcanzan los -40 ºC, y cortos y suaves veranos, frecuentemente infestados de mosquitos. Gran parte del territorio se asienta sobre el permafrost, la capa de suelo perennemente congelada de la tundra. La zona más habitable es el sur, en torno a las fronteras de Kazajistán, Mongolia y China. Por ahí transcurre la línea ferroviaria del Transiberiano y se concentra la mayor parte de la población.

El recorrido del Transiberiano

 

A lo largo de esta vía férrea de más de 9.000 kilómetros de trazado se levantan las principales ciudades de Siberia: Ekaterimburgo, Omsk, Novosibirsk –que con más de un millón y medio de habitantes es la tercera ciudad de Rusia tras Moscú y San Petersburgo–, Krasnoyarsk, Irkutsk, Ulán-Udé, Chitá, Jabárovsk y Vladivostok, mítica estación final del Transiberiano, con sus vecinos de rasgos fundamentalmente eslavos y su arquitectura bien europea, en la costa del Pacífico, a pocos kilómetros de las fronteras con China y Corea del Norte. Y más al norte, en zona de continuo permafrost, también hay algunas urbes de más de 100.000 habitantes, caso de Norilsk y Yakutsk. Esta última está considerada como la ciudad más fría del mundo, con casi 300.000 residentes y una media de -40 ºC en invierno. En total, unos 39 millones de personas, en su mayoría de origen ruso-eslavo, habitan la inmensidad siberiana desafiando a los elementos.

Etiquetas: economíahistoria

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