¿Qué es la teoría ‘queer’?

Las feministas radicales trans-excluyentes rechazan esta postura político-filosófica, mientras son acusadas de transfobia y discriminación hacia las personas trans. Te explicamos de qué va este debate y cuál es la postura de la ciencia al respecto.

bandera del orgullo trans
bandera del orgullo trans / iStock

Estamos en la semana del orgullo LGBT, y estos días el debate en torno a algunos conceptos académicos y científicos de lo que significa el género ocupa una parte importante de la agenda pública, especialmente dentro del feminismo

Si buceamos un poco en las redes sociales (especialmente en Twitter, donde la discusión se concentra), veremos que existe un intenso debate entre los adeptos de lo que se denomina la teoría queer (más exactamente, las teorías queer), y algunos sectores del feminismo radical, denominados TERF (del inglés Trans-Exclusionary Radical Feminist o ‘feministas radicales trans-excluyentes'). El debate ha puesto en el foco incluso a personajes públicos que se han posicionado al respecto, como la célebre autora de la saga literaria de Harry Potter, la británica J.K. Rowling. 

Pero, ¿qué es exactamente la teoría queer? ¿De qué va este debate, que se está intensificando cada vez más? ¿Cuál es la postura de la ciencia al respecto? 

Para empezar, comencemos definiendo la teoría queer (o teorías queer), que es una postura político-filosófica que rechaza las definiciones normativas de comportamiento sexual femenino y masculino. Es decir, la teoría queer establece que los genitales con los que una persona nace no deberían identificarse con la etiqueta de ‘hombre’ o ‘masculino’ y ‘mujer’ o ‘femenino’, puesto que existen personas que, al nacer, poseen una identidad de género que no se corresponde con la asignada por sus genitales (estamos hablando de personas trans) o bien no se identifican en absoluto con ninguna de las etiquetas binarias hombre/mujer (hablaríamos aquí de personas no binarias). No obstante, el término queer es aún polémico, puesto que los académicos y activistas están constantemente en desacuerdo sobre lo que significa y cómo debe ser utilizado. 

Por otro lado, las feministas radicales trans-excluyentes o TERF utilizan una perspectiva biológica o esencialista para definir a las mujeres y a los hombres. Desde su postura, las TERF creen que una mujer trans no sería considerada ‘mujer’, dado que es la categoría biológica, la genitalidad, lo que confiere a estas personas su condición de mujer, y que de la genitalidad se derivan, a su vez, las ‘opresiones’ perpetradas por un sistema (más presente en algunos países que en otros) que denominan ‘patriarcal’, y que engloba las agresiones machistas de cualquier tipo. 

La opinión de las feministas trans-excluyentes, junto a la que la autora J.K. Rowling se ha posicionado recientemente, es el centro de la crítica por parte de asociaciones de personas trans en todo el mundo, divulgadores y críticos culturales, acusando a estos pensadores de rechazar y discriminar a las personas trans, invisibilizando su identidad. Sin embargo, el entendimiento no parece que vaya a producirse pronto.  

Para comprender la postura de las feministas denominadas TERF (en ocasiones, estas siglas se usan de manera peyorativa), hay que introducir el término género. Para las feministas trans-excluyentes, el género es la razón de muchos tipos de opresión que sufren personas en todo el mundo, y solo su abolición acabaría con dichas opresiones. Aquí surgen varias preguntas: por un lado, ¿qué definimos como mujer? Y por otro, ¿qué es el género? ¿Puede abolirse realmente? ¿Es realista la propuesta de las TERF? 

¿Cómo definimos a una mujer? ¿Puede abolirse el género? 

Las feministas radicales suelen citar la obra divulgativa estrella de la popular Simone de Beauvoir, cuando dijo que “la mujer no se nace, sino que se hace” para explicar cómo el término ‘mujer’ es impuesto por la sociedad, y que solo aboliendo los estereotipos de género las personas con vagina podrían ser, simplemente, hembras humanas, y liberarse del dogmatismo que (aparentemente) implica ser mujer. Pero muchos académicos han criticado esta postura, aludiendo a que el género es algo más que un constructo, como la antropóloga y sexóloga Leyre Khyal: “La etnografia comparada ha demostrado que existen diferentes sistemas de género. Esto quiere decir que existen diferentes maneras de ordenar y significar la biología. Es decir, que el género, efectivamente, no es un dispositivo universal; cambia de una cultura a otra, incluso en el tiempo cambia dentro de la misma cultura, y el propio sistema de género occidental ha sufrido múltiples transformaciones. El error del feminismo a partir de los noventa consiste en haber creído que porque el género es algo que se transforma y que cambia, es prescindible. Precisamente, todas las culturas etnografiadas, a pesar de mostrar dispositivos de género diferentes, presentan alguno, y es que el género es la normativa elemental, la estructura, el esqueleto sobre el que se ordena todo el aparato social”, explicó Leyre hace unos meses, en una entrevista concedida a Muy Interesante. 

Para entenderlo, podríamos imaginar el género como una manifestación temprana de la civilización humana, tan integrada en nosotros como el propio lenguaje, que tiene una utilidad y que ha evolucionado junto al ser humano durante toda su historia. Esta clase de manifestaciones humanas, tan elementales, son difíciles de categorizar como ‘constructo’ y, por tanto, muy difíciles de abolir. 

Aquí surge la clásica dicotomía entre biología y cultura, y el misterio, que la ciencia aún no ha logrado resolver, sobre si el género (más allá del sexo, que es esencialmente biológico) se manifiesta en el cerebro con una serie de características definitorias. Sobre esta cuestión (que daría para una extensa revisión que no cabe aquí) no hay estudios concluyentes ni sobre que el cerebro sea completamente gris, ni sobre si hay moduladores innatos (por ejemplo, hormonales), que influyan en identidades o comportamientos típicamente femeninos y masculinos. 

Para finalizar, este debate deja fuera otro tipo de realidades, como las personas intersexuales (que nacen con características biológica sexuales tanto típicamente femeninas como masculinas, o bien con diversidad funcional sexual de algún tipo) y las personas que se califican como ‘no binarias’ independientemente de su sexo biológico, para las que el feminismo trans-excluyente no tiene una respuesta. 

Al margen de que la ciencia todavía no pueda dar respuesta a la cuestión de si el género puede tener componentes innatos y no solo culturales; para muchas personas las teorías queer serían una herramienta útil para hacer sentir cómodas a las personas en sociedad en función de sus diversas opciones de vida. 

Laura Marcos

Laura Marcos

Nunca me ha gustado eso de 'o de ciencias, o de letras'. ¿Por qué elegir? Puedes escribirme a lmarcos@zinetmedia.es

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