Historia del Capitán América, un héroe fuera del tiempo

Creado por Joe Simon y Jack Kirby, el Capitán América nació como un arma propagandística contra el Eje pero el personaje ha ido adaptándose a los nuevos tiempos

Capitán América
Imagen: Getty Images

Para unos, es un símbolo caduco y rancio que sobrevive gracias al amor propio de una sociedad que prefiere creer lo que le han contado que lo que en lo que de verdad es. Para otros, un personaje cambiante y capaz de adaptarse a lo que se le eche encima sin perder esa esencia que lo caracteriza ni ese espíritu esperanzador sin el cual no se entiende su existencia. Que cada uno elija la versión que más le guste, pero lo cierto es que el Capitán América (aka Steven Rogers) es uno de los personajes más conocidos del mundo del cómic de superhéroes y de la cultura popular en general y, así a lo tonto, lleva ochenta añazos con nosotros.

El Capitán América nació con un objetivo muy claro y acorde a un momento histórico muy concreto. Esto hizo que fuera extremadamente popular mientras estas circunstancias duraron pero que perdiera fuelle conforme pasaban los años. Dependía entonces del talento y la creatividad de los guionistas y dibujantes que trabajaban con él darle nuevas metas y hacer que funcionase a los ojos de un público diferente. Y es que no es fácil ser Steve Rogers.

 

Orígenes y la Edad de Plata

El Nº1 de la serie Capitán América apareció en los kioscos estadounidenses en marzo de 1941. Había sido creado por Joe Simon y el dibujante Jack Kirby y en su portada mostraba a un musculoso hombre enmascarado que, con su traje lleno de barras y estrellas y su fiel escudo, propinaba un directo de derecha en la mandíbula del propio Adolf Hitler. Este primer número vendió más de un millón de ejemplares.

En el momento en que salió este cómic, Estados Unidos todavía no había entrado en la Segunda Guerra Mundial pero la situación era cada vez más tensa con las fuerzas del Eje y el gobierno ya estaba preparando a la población para lo que pudiera venir. En diciembre de ese mismo año, Pearl Harbor fue bombardeada por aviones japoneses y el país se unió a los Aliados como respuesta a esta agresión. El Capitán América, que había conquistado el corazón de los jóvenes lectores desde su primera aparición, también se sumó a la lucha difundiendo mensajes patrióticos o apareciendo (como también harían Batman y Superman) en campañas propagandísticas para vender bonos de guerra.

El propio origen del Capitán América ya decía bastante de él: Steve Rogers era un chavalín de Brooklyn que intentó alistarse en el ejército llevado por el compromiso que siente hacia su país, pero que fue rechazado debido a su mala condición física. Sin embargo, su coraje, bondad y dedicación llamaron la atención de un grupo de científicos que lo eligieron como candidato para ser el primer supersoldado de la historia inyectándole un suero especial. Si bien es cierto que lo que ‘ratifica’ a Steve como héroe es el resultado de la exposición a este suero (fuerza sobrehumana, grandes reflejos, agilidad felina, etc.), sus nuevas habilidades no son sino una consecuencia de los valores que ya tenía. Es decir, que Steve es tan importante o más que el Capitán.

 

En la portada de su primer número, el Capi aparecía dándole un puñetazo a Hilter en la cara; toda una declaración de intenciones
 

 

Sus primeras historias eran, naturalmente, historias de guerra y espionaje. El Capitán y Bucky, su compañero, tenían que ayudar a los Aliados o salvar el mundo de facciosos alemanes y totalitarios nipones, además de una serie de peculiares villanos tan esperpénticos (y racistas en muchos casos) en algunos casos que parecen personajes de broma. Casi todas estas historias tenían una trama simplona y claramente propagandística en la que el Capi derrotaba al villano de turno (un aliado del Eje, en su mayoría) gracias a su poderío americano y a su compromiso con la justicia y la verdad. Si bien es cierto que estas historias funcionaban (y muy bien) durante los años de la Segunda Guerra Mundial, el público empezó a rechazarlo al acabar la contienda. La popularidad del Capitán América se desplomó y la colección se canceló en 1949.

Hubo un breve intento de retomar al personaje en 1953 pero la historia, hija bastarda del proamericanismo propio de los años del senador McCarthy y la Caza de Brujas, resultaba tan vacío y sobrecargada con patriotismo de pacotilla (hasta para los estándares del Capi), que fue un desastre en ventas y desapareció un año después.

 

Del regreso a la crisis de identidad

El tiempo pasó. Viejos héroes cayeron y otros nuevos se alzaron. Marvel Comics estuvo al borde de cerrar en un par de ocasiones pero consiguió salir adelante gracias al cambio de paradigma que supuso el tándem Stan Lee-Jack Kirby, que lanzaron exitosas cabeceras como Los Cuatro Fantásticos o Los Vengadores.

Fue precisamente en este último grupo donde resurgió la leyenda. En 1964 los lectores se enteraron de que Steve Rogers no había muerto como se creía, sino que había quedado congelado en las frías aguas del Ártico sin envejecer, pudiendo ser rescatado y revivido por los Vengadores. El hombre del escudo se unió al equipo de forma inmediata y en poco tiempo llegó a liderarlo. Este regreso pudo estar condicionado por varios motivos: en primer lugar, los personajes de los Vengadores eran héroes populares que tenían sus propias series y necesitaban a alguien que pudiera cubrirles mientras ellos se ausentaban; también hay que tener en cuenta que la Guerra Fría concedió a los Estados Unidos un nuevo enemigo (el comunismo soviético) al que hacer frente y que desde 1954 el mundo del cómic estaba sujeto a una censura autoimpuesta a través del Comic Code Authority.

En esta nueva existencia para el Capitán América, el personaje compaginaba sus aventuras con el resto de Vengadores con algún que otro refrito de historias no contadas sobre la Segunda Guerra Mundial. Estas últimas no funcionaban tan bien como en los 40 (lógico, por otra parte), por lo que Marvel decidió probar cosas nuevas y comenzó a profundizar en el personaje de Steve Rogers y, especialmente, en el hecho de que es un ‘hombre fuera de su tiempo’ que debe adaptarse a un mundo distinto del que dejó.

Con la llegada de los 70, el guion de su serie pasó a manos de Steve Englehart, un escritor que añadió el elemento de crítica social a los cómics. La juventud de los 60 (la que protagonizó el movimiento hippie y estuvo en las barricadas en 1968) se caracterizaba por su fuerte compromiso por las causas sociales de la época y Englehart decidió que el Capitán América debía representar a este nuevo país y no tanto al de después de la Segunda Guerra Mundial.

En 1969 hizo su debut Falcon, uno de los primeros personajes principales afroamericanos del cómic, que pronto se convirtió en un aliado (que no un compañero) del Capitán América. Pero, sin duda, el mayor cambio llegó en 1974 con la saga del Imperio Secreto (la adaptación comiquera del Escándalo Watergate). Cuando Steve Rogers descubre que el líder de una malvada sociedad secreta es el propio presidente de los Estados Unidos (equivalente a Nixon), decide dejar el escudo y abandonar su identidad de Capitán América para ser un luchador sin patria conocido como Nómada. Al final volvería a llevar su viejo uniforme pero, para la época y teniendo en cuenta el simbolismo del personaje, este cambio fue bastante chocante.

Capitán América
Primera aparición del Capitán América con los Vengaores (1964). Imagen: WIkimedia Commons

 

Nuevos tiempos para un viejo símbolo

El Capitán América logró mantenerse a flote durante otras tres décadas, sin llegar a ser uno de los personajes estrella de Marvel pero sí uno de los más icónicos. La entrada en el nuevo siglo convenció a Marvel de que sus superhéroes necesitaban una puesta a punto, un lavado de cara, y así entraron en escena guionistas y dibujantes más jóvenes y atrevido que actualizaron a estos clásicos del noveno arte a las nuevas tendencias. Esta situación se acentuó más todavía con la creación del Universo Ultimate, una versión más realista y adulta del mundo Marvel.

El Capitán América se embarcó en un viaje bastante curioso durante las dos últimas décadas. Parecía haber perdido parte de su elemento idealista y se mostraba mucho más consciente del mundo en el que vivía y de los pecados del país que defendía, sin por ello rendirse en su empeño por mejorarlo. También tuvo que enfrentarse a los atentados del 11 de septiembre, un acontecimiento que sacudió a la sociedad estadounidense y afectó profundamente a su producción cultural. Algunos cómics trataron el dolor que esto supuso para el Capitán América y la sensación de haber fallado a su país y a su gente. La representación de los atentados en los cómics nos dejó imágenes tan poderosas como un Capitán América de rodillas entre los escombros mientras los bomberos y policías le ayudan a levantarse y avanzan hacia los edificios. Unos años después se lanzó la serie Civil War, un gran evento en el que todos los héroes de Marvel se posicionaban a favor o en contra de unos polémicos acuerdos que versionaban el USA Freedom Act.

Todos estos cambios y versiones demuestran que el Capitán América es fruto de su tiempo. ¿De qué tiempo? Del que toque. Es un personaje que han sabido (o al menos han intentado) adaptar a cada momento según lo que pedía la sociedad y si bien esto es algo que ha pasado con casi todos los personajes de cómic, con él se hace más evidente debido a su carácter histórico. Pero hay algo que no ha cambiado en el Capitán América y eso es su papel como símbolo, su esencia más primigenia. Steve Rogers no es un símbolo de los Estados Unidos de la Segunda Guerra Mundial sino de los Estados Unidos como tal, de esos valores que ellos consideran inherentes a su país desde la firma de la Declaración de Independencia en 1776.

El Capitán América es la mejor versión del ser humano, tanto física como mental, y por lo tanto representa a la mejor versión posible de la sociedad, esa a la que se debe aspirar. Las banderas, los colores y las poses patrióticas son simple parafernalia. Lo que permite al Capi lanzar su escudo es la fuerza de su corazón.

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