El enigmático mundo de los sueños

La neurociencia puede entrar en el cerebro y ver lo que pasa mientras soñamos. Trata de saber para qué sirven las misteriosas imágenes e historias que vivimos al dormir.

Jim Horne, director del Laboratorio del Sueño de la Universidad de Loughborough (Gran Bretaña), afirma que para el nonato es "una manera de ensayar el funcionamiento del encéfalo en desarrollo". Pero si no tiene recuerdos, ¿cuál es su material onírico? Tal vez sueñe con los movimientos y sonidos que percibe en el útero, o con la sensación de flotar en el líquido amniótico. Podría ser un entrenamiento para la explosión sensorial que le espera al nacer. Para Ernest Hartmann, psiquiatra de la Universidad Tufts (EE. UU.), cuando revivimos una experiencia dolorosa en un sueño aprendemos a procesar y aceptar los abrumadores sentimientos que nos despierta.

 

Un mecanismo biológico de defensa

En un experimento de la Universidad de Berkeley, el neurólogo Matthew Walker proyectó a los participantes una serie de imágenes violentas. Los de un grupo veían las fotos dos veces al día, sin haber dormido. Los otros las volvían a ver al día siguiente, después de haber descansado. Pues bien, estos últimos reaccionaban con más calma en la segunda sesión de proyecciones que los primeros. Los escáneres delataban que, durante la fase REM, la amígdala –encargada de las emociones– y el córtex prefrontal –encargado del proceso racional– se mostraban muy activos, quizá para digerir el impacto de las imágenes y hacerlas más llevaderas. ¿Y si los sueños fueran un campo de prácticas para aprender a afrontar los peligros de la vida? Antti Revonsuo, profesor de Neurociencia y Psicología en las universidades de Skövde (Suecia) y Turku (Finlandia), y autor de la teoría de la simulación de amenazas (TST), dice que soñar es "un primitivo mecanismo biológico de defensa, seleccionado evolutivamente por su capacidad de simular repetidamente sucesos amenazantes".

Cree que el contenido onírico no es aleatorio, sino que nos enfrenta a eventos probables en la vida real para ensayar distintas maneras de enfrentarnos a ellos y superarlos. Puedes soñar cómo sentirte si tu pareja te es infiel, qué hacer si se prende fuego la casa, cómo responder a un jefe que te grita... Y si vives en la selva, quizá se cuele en tu sueño un león que te ataca a media noche. Se trata, según Revonsuo, de ensayar respuestas adaptativas a eventos críticos para la supervivencia y la salud emocional. Su propuesta ha tenido acogida en la comunidad científica y ha suscitado numerosos estudios. Antonio Zadra, psiquiatra de la Universidad McGill de Montreal, concluyó en una investigación que un 66 % de los sueños contienen una o más amenazas dirigidas a los durmientes. Y estos sueñan con tomar respuestas defensivas o evasivas adecuadas, aunque en un 15 % de los casos, sin éxito.

"Los sueños nos llevan a situaciones extremas para entrenarnos a reaccionar y sentir. Los niños aprenden en ellos lo que significa tener miedo, esperanza, dolor, sorpresa, ansiedad o peligro. El mundo onírico es como un teatro. Cuando vemos Hamlet, aprendemos lo que es la traición, la venganza, el odio. Estas narraciones son las que se representan en nuestra mente por la noche", explica Nicholas Humphrey, profesor de Psicología de la Universidad de Nueva York, en EE. UU. Al mismo tiempo, "nos dan una percepción del mundo que no podríamos tener de otra manera. Por ejemplo, muchas comadronas suelen soñar que dan a luz, aunque no tengan hijos. Eso les ayuda a entender las emociones de las mujeres a las que atienden".


Estas hipótesis suenan razonables, pero hay otras. Además de haber descubierto junto con Watson la estructura molecular del ADN, el británico Francis Crick fue un neurocientífico que, junto con el matemático de la Universidad de Cambridge Graeme Mitchison, desarrolló en 1983 la teoría del aprendizaje inverso. Viene a decir que soñamos para olvidar, es decir, que los sueños procesan y borran de la mente la información inútil. Es como una ecología cerebral destinada a reducir la saturación de información producida por la sobreexcitación del córtex y las asociaciones indeseables, que estos expertos dividen en obsesiones o fantasías. Para ellos, la función del sueño REM es hacer que el cerebro sea más eficiente y pequeño de lo que sería si tuviera que clasificar y almacenar toda la información recibida en la vigilia.

Etiquetas: cerebro humanoinvestigaciónsueño

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