Autopsia a las princesas eternas

Estas seis poderosas mujeres llevan muertas siglos o milenios pero sus cuerpos momificados permiten a la ciencia descubrir cómo vivieron.

Lady Dai


En 1971, el Gran Timonel de China Mao Zedong animó a sus ciudadanos a que construyeran refugios antiaéreos para protegerse de un posible ataque de las potencias capitalistas. Mientras cumplían con el mandato en los terrenos de un hospital en Changshá, provincia de Hunan, en el sur del país, los obreros encargados se pararon para fumar un cigarrillo tras excavar un profundo agujero y ver que el firme cedía. Al encender las cerillas, surgieron unas grandes llamas azules que les hicieron gritar asustados: “¡Gui huo!” (“¡Fuego fantasma!”). Cuando el incidente llegó a oídos de los arqueólogos locales, estos se imaginaron el origen del fenómeno: la descomposición de los materiales orgánicos de un antiguo enterramiento produjo gases inflamables. Así que los expertos llevaron a cabo la consiguiente excavación del lugar, conocido como colina de Mawangdui, que dejó al descubierto tres tumbas. Una de ellas, que destacaba por su sofisticada construcción, guardaba el cuerpo de una noble dama perfectamente conservado y envuelto en diez capas de seda. Incluso sus manos estaban cubiertas por delicados mitones. El concienzudo trabajo de los momificadores permitió que su organismo se mantuviera incorrupto durante dos milenios. Tanto es así que las venas aún contienen sangre y los tejidos blandos están intactos. Piel y músculos se han mantenido lo suficientemente flexibles como para que los investigadores que la han estudiado pudieran doblarle los brazos sin que se descompusieran. Una obra maestra del embalsamamiento, difícil de igualar incluso para los egipcios: los féretros de madera de ciprés contenían mercurio, utilizado como agente antibacteriano, y habían sido encapsulados en una gruesa capa de carbón y caolín para aislarlos del exterior.

El caso es que la región de Sinkiang en la que se encuentra está habitada por pueblos de la etnia uigur, de origen túrquico, lo que encaja con el hecho de que los antiguos cuerpos muestren rasgos más europeos que asiáticos. Establecer su árbol genealógico no es sencillo, pero los principales marcadores genéticos –ADN mitocondrial y cromosoma Y– sugieren que las momias descendían de una mezcla previa de poblaciones de Europa Oriental y de Siberia que habrían llegado en su migración hasta estos lugares. Podría tratarse de un personaje relevante del pueblo de los tocarios, uno de los más misteriosos de la Antigüedad. Penes de madera para ellas; vulvas para ellos. Otro hecho que llama la atención es la forma en que están enterradas las momias, bajo barcas vueltas del revés, algo propio de pueblos del norte de Europa, como los vikingos. Pero al margen de su origen, más o menos incierto, la decoración del enclave dice mucho sobre sus preocupaciones: les obsesionaba la fertilidad. En los ataúdes femeninos, incluido el de la Bella, hay falos de madera de tamaño natural, mientras que los de los hombres contienen unos artefactos que al principio se interpretaron como remos, pero que más tarde se descubrió que se acoplaban con los penes, por lo que los expertos concluyeron que eran vulvas simbólicas. De ahí también han deducido que el bosque de palos con que está señalado el cementerio, cada uno de 4 metros de altura, tiene una significación fálica. La presencia de sugerentes faldas de tiras de cuerda en las tumbas femeninas se relaciona asimismo con el culto a la fertilidad de una población que debió de experimentar problemas demográficos que posiblemente contribuyeron a su final.

 

Nefertiti y Hatsepsut

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Sigue el movimiento en la tumba de Tutankamón: este año ha acogido la tercera ronda de escaneado de sus paredes en busca de su pariente Nefertiti, bella entre las bellas. El pasado mes de febrero, expertos del Politécnico de Turín empezaban a examinar con radares de última generación la cámara funeraria más famosa de la historia. Después de que el egiptólogo inglés Nicholas Reeves lanzara en 2015 la hipótesis de que la de Tutankamón no es sino la antesala de una tumba mucho más grande perteneciente a Nefertiti, su colaborador, el experto en radar japonés Hirokatsu Watanabe, hizo pruebas con las que refrendó dicha posibilidad. Sin embargo, las autoridades egipcias quisieron recurrir a una segunda opinión por parte de un equipo norteamericano, que no se mostró de acuerdo con la impresión inicial. Ahora se ha recurrido a otro grupo, el de la Universidad de Turín, para tratar de deshacer este empate técnico que mantiene paralizada cualquier decisión de empezar a tirar paredes y abrir agujeros en tan delicado lugar. Los escáneres utilizados, capaces de penetrar en el suelo a diez metros de profundidad gracias al amplio rango de frecuencias que abarcan –desde los 200 Mhz hasta los 2 Ghz–, pretenden descubrir posibles estructuras subterráneas. Antes de comenzar, los científicos italianos responsables creían que el proceso tardaría semanas. Por el momento se desconoce si han obtenido resultados.

Nefertiti fue la esposa del faraón Akenatón, el monarca hereje que en el siglo XIV a. C. relegó las divinidades tradicionales egipcias en favor del culto por Atón, la deidad representada por el disco solar. Se le considera el primer gobernante monoteísta de la historia. Pero Nefertiti fue mucho más que la mera consorte de este revolucionario rey. Diversas inscripciones y cartas sugieren que, durante la convulsa etapa que siguió a la muerte de Akenatón, ella tomó el timón de Egipto en solitario. Esto, unido a su espectacular belleza, inmortalizada en el busto que se conserva en Berlín, la han convertido en el gran icono actual de la egiptología. Más suerte ha habido con la momia de Hatshepsut, otra reina singular y poderosa del país del Nilo. Sus restos se dieron por perdidos durante todo el siglo XX, hasta que en 2007 pudieron ser identificados entre los que yacían en la tumba de su nodriza, la dama Sitra. Cómo y por qué fue trasladada de la cámara que le correspondía en Tebas a la de su servidora no está nada claro. De lo que sí están convencidos los egiptólogos es de que se trata de ella: un molar encontrado en sus vasos canopos se corresponde exactamente con una raíz de la mandíbula de la momia.

Etiquetas: arqueologíahistoriamomiasmomias egipcias

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