Los misterios de Leonardo

El gran genio del Renacimiento sigue dando que hablar quinientos años después de su muerte. Un equipo de expertos en arte, historiadores y científicos ha unido fuerzas en el Proyecto Leonardo ADN para tratar de descubrir si los restos presentes en la tumba de Leonardo da Vinci son realmente suyos y a partir de ellos esclarecer los enigmas que rodean su vida y su obra.

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Para la mayoría de turistas que visitan el castillo de Amboise, en el departamento de Indre y Loira, a orillas del río Loira (Francia), la tumba donde reposan los huesos de Leonardo da Vinci no alberga secretos. Los folletos dan por hecho que está enterrado ahí, en Saint-Hubert, una pequeña capilla de estilo gótico flamígero anexa al castillo, pese a que la placa que hay junto a la sepultura habla de “presuntos restos”. Y es que cuando el genio murió en mayo de 1519 no lo enterraron en este lugar, sino en la Iglesia de San Florentino, que fue derruida y saqueada por los revolucionarios franceses en 1808, dos siglos después.

 

Según el historiador y escritor Ross King, los profanadores de tumbas vendieron el plomo de los ataúdes y las calaveras sirvieron como bolas para que los niños jugaran a la petanca. Entonces, un jardinero llamado Goujon salvó los restos que encontró y los enterró bajo lo que quedaba del coro de la parroquia. Cinco décadas más tarde, en 1863, Arsène Houssaye, escritor y coleccionista de arte, llegó al valle del Loira para buscar los restos de Leonardo entre los despojos de la iglesia arrasada por los revolucionarios. Le ayudaron la hija del jardinero Goujon y un hombre mayor que aseguraba que de niño había caminado sobre la tumba de Da Vinci, situada bajo el coro.

 

Houssaye describió los restos que desenterró, entre ellos un cráneo que le sedujo por su “apariencia inteligente” y que los médicos de la época certificaron como propio de una persona de unos setenta años (Leonardo murió a los 67), algunas monedas italianas, un escudo con el rostro de Francisco I, el rey francés que acogió al pintor en Francia, y algunas inscripciones. De todo esto solo quedaron los huesos, que fueron a parar años después a la capilla de Saint-Hubert. La peripecia de los restos de Leonardo contiene los ingredientes de un thriller histórico centrado en encontrar y secuenciar el  ADN del genio. “La tumba se ha abierto y cerrado varias veces, pero hay posibilidades de hallar reliquias suyas y quizá huesos, pelo o dientes”, explica Jesse Ausubel, científico ambientalista de la Universidad Rockefeller en Nueva York.

 

Ausubel es uno de los fundadores del Proyecto Leonardo ADN, que reúne a expertos del Instituto Craig Venter y de las universidades de Florencia (Italia), Rockefeller (Nueva York, EE. UU.) y de Granada (España). Todos ellos acudieron el pasado mes de mayo al Palacio de las Alhajas en Madrid para participar en un debate auspiciado por Christian Gálvez, el popular presentador de televisión y entusiasta de la vida y obra de Leonardo da Vinci, sobre el que ha escrito varios libros. Gálvez ha comisariado la exposición Los rostros del genio, una fascinante mezcla de historia y ciencia sobre el pintor que tuvo lugar en el citado palacio y que aportó la presencia de códices y documentos expuestos también en la muestra paralela que se organizó en la Biblioteca Nacional.

 

La ingeniería genética cuenta hoy con herramientas impensables hasta hace poco que han permitido secuenciar, por ejemplo el genoma completo de un neandertal, pero el caso de Leonardo es complejo, porque no existe la certeza de que los huesos de la capilla francesa sean efectivamente suyos, y si lo son, estarán mezclados con los de otros cadáveres. “Espero que se obtenga ADN de los huesos de Amboise, pero no estoy seguro de que pertenezcan al pintor”, confiesa King, que estuvo entre los conferenciantes de Madrid.

 

La lectura del ADN de Leonardo podría responder a muchos enigmas sobre su vida y su inigualable calidad como artista y científico. En opinión de King, sabemos muy poco sobre quién era en realidad y cómo vivió, “es una figura muy esquiva, si la comparas, por ejemplo, con la de Miguel Ángel”. El hecho de que su supuesta tumba haya sido varias veces profanada complica el camino, pero hay formas de recorrerlo. Las técnicas biológicas pueden ayudar. Leonardo usó pigmentos que contenían plomo, arsénico, mercurio y óxidos de aluminio, manganeso y zinc, por lo que estuvo expuesto muchas veces a estos elementos químicos. Y aunque no hay testimonios de que se intoxicara, el análisis toxicológico de sus supuestos restos debería mostrar concentraciones anormalmente altas de estos compuestos.

 

La genealogía de Leonardo es una novela de intriga. Su padre fue notario en el pueblo de Vinci, en la Toscana, pero de su madre Caterina, que tenía dieciséis años cuando él nació, apenas se sabe nada. Leonardo fue hijo ilegítimo. “El ADN puede proporcionar información sobre sus antecesores. Algunos creen que su madre pudo ser una esclava originaria del norte del mar Negro, del Cáucaso”, dice Ausubel. En el siglo XV no era extraño que las familias toscanas adineradas tuvieran esclavos, y las mujeres del Cáucaso eran muy apreciadas por su belleza. Esta hipótesis podría explicar el atractivo rostro del genio que se percibe en retratos o autorretratos, que lo pintan con larga melena castaña, nariz griega y ojos azules. Hay controversia sobre la autenticidad de algunas de estas pinturas, pero su ADN podría aportar “datos sobre sus rasgos fenotípicos, como el color de sus ojos y su pelo, y también podríamos examinar los genes que determinan la agudeza visual”, dice Martina Lari, bióloga molecular de la Universidad de Florencia.

 

Las obras de Da Vinci se distinguen por su trazo casi perfecto, quizá porque su vista era excepcional, aunque otros estudios sugieren lo contrario. El neurocientífico Christopher Tyler, de la Universidad de Londres, afirmaba en una investigación publicada en JAMA Ophthalmology que el pintor sufría estrabismo, tras analizar la posición de los ojos de los retratados en sus cuadros. Algunas formas de desalineación ocular suprimen el ojo que se desvía, lo que proporciona una

visión monocular bidimensional beneficiosa para la pintura y el dibujo, que al fin y al cabo usan un soporte de dos dimensiones, mientras que nuestra visión es en 3D.

 

 

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Se cree que Leonardo era zurdo, en base a documentos que lo describen pintando con la mano izquierda. También se ha especulado que pudo ser disléxico y que padecía trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), pero según King, el pintor toscano gozó de buena salud durante la mayor parte de su vida. Dos años antes de su muerte, el cura Antonio de Beatis le visitó en Amboise y vio que tenía paralizada la mano derecha. “Si tuviéramos el ADN completo de Leonardo podríamos saber si sufría alguna enfermedad genética o si alguna actividad concreta de las que llevó a cabo podría tener alguna correspondencia en el genoma”, dice David Caramelli, antropólogo y biólogo de la Universidad de Florencia.

 

El problema es conseguir fragmentos de ADN intactos para poder demostrar que una célula, un mechón de pelo o un trozo de hueso fueron efectivamente de Leonardo. El hecho de que su tumba contenga restos de otros enterramientos no ayuda. José Antonio Llorente es catedrático de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada y miembro del Proyecto Leonardo ADN. “Para identificarle necesitamos muestras de familiares suyos. Como no tuvo hijos, tendremos que acudir a sus hermanos y sobrinos. Parece que algunos de sus descendientes que están vivos ya han sido identificados”. Llorente y su equipo han hecho estudios genéticos para identificar a víctimas de la guerra civil española enterradas en fosas comunes, un reto que guarda similitudes con el de reconocer a Leonardo a través del ADN de sus presumibles huesos: “Hay que construir un árbol genealógico de referencia, como hacemos en la mayoría de los casos de nuestra contienda”, asegura este catedrático.

 

Alessandro Vezzosi y Agnese Sabato, conservadores del Museo Idéale Leonardo da Vinci en Vinci (Italia), han estudiado documentos de cementerios, casas privadas, archivos históricos de bibliotecas y parroquias, y han esbozado un árbol genealógico del genio que resulta complejo. Para empezar, aunque no concibió hijos, Leonardo tuvo veintiún hermanos, según Vezzosi, quien indicó a la revista online Jl Interviews que había identificado 150 nombres adicionales a los 130 que ya se conocían, incluidas 37 mujeres del linaje de su hermano Domenico, que llega hasta nuestros días.

 

Entre las personas que aparecen consta el director de cine Franco Zefirelli, aunque no por línea de sangre, sino mediante una boda celebrada en 1794 de un ancestro suyo con algún familiar del pintor. Vezzossi también sugiere que Leonardo tuvo antecesores españoles. Una vez trazado el árbol, “podemos autenticar los huesos de Leonardo a través del ADN de su linaje. No se trata de reconstruir su genoma completo, que sería imposible, sino partes específicas del de sus descendientes –el cromosoma masculino Y, que pasa solo de padres a hijos– para identificar un marcador eficaz cuando obtengamos ADN de los supuestos huesos del artista”. Hace falta suerte, pues la molécula de la herencia se degrada con facilidad, no solo por el paso del tiempo sino por la lluvia y los cambios de temperatura y humedad que podrían haber ocurrido en la tumba.

 

Pese a todo, Llorente es optimista, gracias al elenco de expertos que componen el Proyecto Leonardo, “especialistas de alto nivel de diferentes campos que trabajan de manera coordinada. El proyecto se basa en una tecnología que es cada vez más potente y no está sujeto a una fecha límite”. La construcción del árbol genealógico y la extracción del ADN de sus descendientes, la apertura de la tumba de Leonardo para identificar sus restos y la secuenciación de sus genes va a llevar tiempo. Pero incluso si no se lograra, la ciencia tiene un plan B: rastrear sus pistas biológicas en sus obras de arte, un mundo en el que “el ADN puede tener el valor de una firma”, dice Ausubel.

 

En sus escritos, esquemas, diseños y documentos, Leonardo a veces firmaba con su nombre, como en la carta que envió en 1481 a su mecenas, el duque y notable militar Ludovico Sforza, pero no era lo común. “Sin embargo, al tocar la hoja de papel o el lienzo es muy posible que el artista deje células de su piel con ADN. A falta de firma, esa huella genética serviría para identificar su autoría”, dice Ausubel.

 

Este trabajo forense añade una nueva dimensión a la atribución de las obras, especialmente si hablamos de autorretratos. Se conservan numerosos dibujos sobre Leonardo –Ross King cita 106– aunque la certeza de que se trate del pintor es discutible en la mayoría.

 

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El retrato que le hizo su pupilo Francesco Melzi es el único que goza de la aceptación general de los críticos. Casi todos muestran a un hombre atractivo de larga barba y cabellera de más de sesenta años. En 2008, el historiador Nicola Barbatelli reexaminó un cuadro –Tavola Lucana– de un hombre barbudo de ojos azules tocado con un sombrero que en origen se había considerado un retrato de Galileo. Pues bien, este experto afirmó que en realidad se trata de Da Vinci. La datación por radiocarbono sugiere que la obra fue hecha a principios del siglo XVI, pero no hay consenso. ¿Es Leonardo? ¿Fue pintado por él mismo? La obra fue expuesta por primera vez en España en la exposición “Los rostros del genio” (Muy Interesante fue su patrocinador principal).

 

La tecnología actual permite obtener material genético de las células cutáneas dejadas por el artista en los bordes de los lienzos, que es donde se suele tocar más, o en la parte posterior. Una muestra del tamaño de un alfiler podría bastar si existen marcadores de referencia de Leonardo obtenidos de sus descendientes, según Ausubel, pero obras como Tavola Lucana dan problemas: “Normalmente, las pinturas antiguas y valiosas se han limpiado de forma agresiva para restaurar los colores, y este proceso elimina las pistas biológicas que buscamos en el Proyecto Leonardo ADN”. Las obras de arte han sido manipuladas durante siglos. Si un cuadro se expone en un museo sin un vidrio protector, “puede haber entrado en contacto con el aliento de muchas personas; aunque contuviera material genético del artista, estaría mezclado con el de mucha más gente”.

 

Además, coleccionistas y museos son reticentes a someter las obras de arte a test genéticos.

 

¿Dejaría el Louvre a la Mona Lisa en manos de los de la bata blanca? “Los cuadros de Da Vinci han pasado por muchas manos y sufrido procesos. Por eso en nuestro proyecto no es prioritaria la toma de muestras”, afirma Ausubel. Otro asunto es si una brizna de cabello del genio hubiera quedado atrapada por azar en una capa de pintura.

 

“Encontramos dos pelos en unos cuadros de una colección privada de Florencia. Uno era de una oveja, y probablemente procedía del pincel con que se hizo, pero el otro cabello era humano”. Ausubel destaca las investigaciones de David Caramelli y Martina Lari que permitieron identificar los ancestros de Leonardo”. Su genealogía apunta a España, Europa Central, Egipto y también América, ya que “probablemente miembros de su familia migraron allí y llevaron sus genes”.

 

Los directores del Museo Ideale en Vinci han anunciado que habían localizado una reliquia que contenía pelo del genio y que iban a proceder a su análisis genético este mismo año en que se conmemora el 500 aniversario de su muerte. Pero el caso es controvertido. Martin Kemp, historiador de la Universidad de Oxford y autoridad mundial en Da Vinci, tacha esas informaciones de sensacionalistas en el diario The Guardian. Y eso que el propio Kemp atribuyó a Leonardo un retrato, La Bella Principessa, que pudo ser obra de un falsificador británico cuyo modelo fue la cajera de un supermercado.

 

Pero Leonardo no solo fue un gran pintor con obras maestras, como La Gioconda, La Última Cena y Salvator Mundi. También dejó miles de cartas y documentos, quizá unos 25.000, aunque se conservan solo unos pocos. Se trata de anotaciones en las que el genio renacentista abordaba con entusiasmo casi todas las facetas de la ciencia y la ingeniería.

 

Su mente lo abarcaba casi todo. Dibujó y escribió sobre anatomía, las proporciones del cuerpo humano, el vuelo de las aves, el estudio de los fluidos y la hidráulica, la construcción de relojes y de fuentes, el diseño del anemómetro; tuvo ideas sobre paracaídas, tanques, cañones, máquinas voladoras, y hasta versiones de un hombre mecanizado. “Dejó muchas páginas con anotaciones. Escribía en ambas caras de cada una, lo llenaba todo con su escritura. Por tanto pensamos que aún existe el ADN que dejó en el papel”, cree Ausubel. Este científico admite que, aunque otras personas hayan podido manipular sus escritos, pueden quedar en ellos muestras de saliva y de piel. Cuando se descodificó el primer borrador del genoma humano en el año 2000, el coste fue de 2.700 millones de dólares, pero su responsable, el científico Craig Venter, inventó una tecnología para abaratarlo.

 

La compañía Veritas ya oferta el genoma completo de un individuo por 200 dólares. El Instituto Craig Venter forma parte del Proyecto Leonardo ADN, y Manolito Torralba, director del Laboratorio de Investigación y Desarrollo de dicho instituto, estaba en la reunión de expertos del pasado mayo: “Investigo las comunidades microbianas que viven en las obras de arte. La tecnología ha avanzado tanto que podemos extraer genoma de cualquier cosa”, como de los supuestos restos de la tumba de Leonardo.

 

Los artistas del renacimiento solían usar materiales biológicos propios, como sangre o saliva, en sus proyectos, pinturas y esculturas. “Extraer ADN es un reto, pero es posible. Basta con unos pocos nanogramos”, afirma Torralba. El análisis de las comunidades microbianas de los cuadros permite averiguar si un grupo concreto de bacterias está metabolizando los pigmentos. Esta especialidad va a revolucionar las técnicas de restauración y conservación de obras de arte, pues estos  microbiomas suponen una firma distintiva, son característicos de ciertos pigmentos, lienzos o maderas. Se trata de estudiar la vida microbiana que prospera en las pinturas de Da Vinci. Encontrar la misma en varias aportaría información para distinguir si una obra dudosa pudo ser o no del genio.

 

Quinientos años después de su muerte, el legado de Da Vinci y el interés que despierta puede unir a historiadores, expertos en arte y biólogos moleculares y genéticos para trabajar juntos y compartir conocimientos sobre el símbolo del humanismo por antonomasia, el hombre de la visión global.