Especial películas de ciencia ficción

'Ultimátum a la Tierra': el buen extraterrestre

En esta película de culto, un platillo volante se posa en Washington D. C., lo que provoca la consiguiente alarma. Su mensaje pacifista chocaba en unos momentos en que el enfrentamiento entre las dos grandes potencias mundiales estaba en su apogeo, y cualquier desvío del discurso belicista dominante podía ser interpretado como una traición.

Ultimátum a la Tierra
Wikimedia Commons

Rodado y estrenado en plena Guerra Fría, este clásico constituye una rareza dentro del tono general de la época. Su mensaje pacifista chocaba en unos momentos en que el enfrentamiento entre las dos grandes potencias mundiales estaba en su apogeo, y cualquier desvío del discurso belicista dominante podía ser interpretado como una traición. Una prueba del ambiente que reinaba entonces es que el actor Sam Jaffe, que interpreta al científico y profesor Jacob Barnhardt, estuvo a punto de no ser contratado, ya que figuraba en las listas negras de la época por sus simpatías izquierdistas.

En Ultimátum a la Tierra, un platillo volante se posa en Washington D. C., lo que provoca la consiguiente alarma. Rápidamente es rodeado por el ejército. De su interior sale un ser, llamado Klaatu, que dice traer un mensaje de buena voluntad para la humanidad, pero es herido de un disparo, lo que provoca la aparición de un robot gigante llamado Gort, que desintegra todas las armas de los soldados.

Tras recuperarse, Klaatu escapa, convive con una familia, hace amistad con Bobby, el hijo de esta, con el que visita los monumentos de Washington, trata con el profesor Barnhardt, uno de los principales científicos del país, y, como una prueba de su poder, usa su mente para cortar toda la electricidad en el planeta durante media hora. Después de esto, es perseguido como una amenaza y asesinado por los disparos del ejército. Gort lo revive el tiempo suficiente para que advierta a los científicos reunidos frente a su nave de que la Tierra es considerada por otros planetas como una amenaza creciente, dada su propensión a la violencia y al desarrollo de armas nucleares. Si no cambian su política, el planeta será destruido: “Unios a nosotros y vivid en paz, o seguid como hasta ahora y enfrentaos a la aniquilación”. Tras dejar su mensaje, Klaatu vuelve a su nave y desaparece.

La película no hace ningún esfuerzo por esconder sus intenciones, sino todo lo contrario: durante el paseo que Klaatu da con Bobby, este le muestra el cementerio de Arlington, con las tumbas de los soldados caídos en combate, el monumento de Lincoln y el texto del Discurso de Gettysburg; ante los primeros, este comenta que en su planeta no hay guerras y expresa su admiración por las palabras de Lincoln: “Es la clase de hombre con el que me gustaría hablar”. La gran contradicción de la cinta es el método que los alienígenas han elegido para vivir en paz: han dado todo el poder a los robots, como Gort, y cualquiera que amenace la armonía general se enfrenta a un castigo. Este es “demasiado terrible para arriesgarse”. Que la única vía de eliminar la violencia y los enfrentamientos sea entregarse a unos autómatas todopoderosos parece un mensaje, cuando menos, pesimista y, para algunos analistas de la cinta, directamente dictatorial.

En 2008 se filmó una nueva versión, dirigida por Scott Derrickson y protagonizada por Keanu Reeves. Con un tono menos discursivo, aprovecha los avances de los efectos digitales para aumentar su espectacularidad y abandonar conceptos anticuados: la nave de Klaatu ya no es un platillo volante, sino una esfera, mientras que Gort es mucho más grande y posee poderes más variados. La amenaza en este caso no es la guerra nuclear, sino el cambio climático, y Klaatu advierte de que los seres humanos serán exterminados si siguen destruyendo la capacidad de la Tierra para albergar vida.

Mejor de lo que muchos críticos dijeron en su día, no consiguió hacerse notar lo suficiente como para desbancar a su predecesora.

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