¿Por qué nos tomamos las doce uvas en Nochevieja?

En el siglo XIX los burgueses españoles ya tenían por costumbre tomar las uvas y brindar después con champán para despedir el año.

Cada 31 de diciembre tiene lugar en todos los hogares españoles un ritual que se remonta al siglo XIX, y no es otro que el de tomar las 12 uvas de la suerte, una con cada segundo que marca la campana a partir de las 00:00. ¿De dónde viene esta costumbre?

El origen de las doce uvas de la suerte se sitúa en el Madrid de 1880 y comenzó siendo una acción satírica y de protesta. En esos tiempos, la alta burguesía española copió a los franceses, que organizaban fiestas privadas en Navidad en las que bebían champán acompañado de uvas. Mientras tanto, el ayuntamiento madrileño prohibió las fiestas callejeras que se celebraban principalmente en la Noche de Reyes.

La población, que se había quedado sin su diversión navideña, se reunió en Nochevieja, en la Puerta del Sol, para escuchar las campanadas, ya que esto aún podía hacerse. Los chulapos decidieron además comerse las uvas, que eran baratas, para burlarse de la costumbre aristócrata y como forma de protestar contra las prohibiciones del ayuntamiento.

En 1882 no pocos fueron los periódicos que se hicieron eco de esta tradición y en 1884 algunos la calificaron de “imperecedera costumbre”. Durante años, comerse las doce uvas fue un acto incorrecto y de carácter burlesco. Con el tiempo se normalizó y extendió por todo el país.

Además de los comentado, se cree que empezamos a tomar las doce uvas de la suerte de manera masiva en la Nochevieja de 1909. ¿La razón? Un excedente de esta fruta en Alicante que hizo que los productores intentaran incrementar sus ventas lanzando una campaña de Navidad que relacionaba las uvas con estas fechas y con la buena suerte. La uva blanca Aledo se convirtió en sinónimo de Nochevieja y se popularizó su venta en paquetes de doce ya preparados para consumir el último día del año.

¿Y por qué precisamente uvas?

La uva se asocia tradicionalmente con la hermandad, la unión, la alegría, el placer y la espiritualidad y cada una de las doce representa un mes del año. Comerse una con campanada de media noche supone tener buena suerte en el mes correspondiente.

Otros países tienen también sus propios alimentos con los que dan la bienvenida al nuevo año. En Grecia se prepara el vassilopitta, un pastel en cuyo interior se coloca una moneda de oro o de plata. Quien la encuentre tendrá suerte. En Italia y ciertos países sudamericanos la tradición manda comer un plato de lentejas estofadas después de las campanadas para así atraer la prosperidad y la fortuna.

En cuanto a tradiciones de Nochevieja que no son puramente culinarias, existen múltiples alrededor del mundo. Los daneses, por ejemplo, después de la cena rompen platos en la puerta de las casas de sus amigos y familiares. Cuantos más platos se rompan, mejor y es que equivaldría a tener muchos amigos. En América central y del sur hay mucha costumbre de prestar atención al color de la ropa interior que se lleva esa noche y es que se les presupone distintos poderes de atracción. De esta manera, el color amarillo atraería la riqueza, el rojo el amor y el azul la salud.

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