¿Por qué nos asustan las casas encantadas?

Todos sabemos que las casas encantadas nos suelen hacer pasar un mal rato. Pero, ¿por qué? La ciencia lo explica.

 

Los psicólogos han estudiado por qué las casas embrujadas nos asustan y su conclusión es que las casas encantadas nos dan escalofríos no por la amenaza que representan, sino porque no está claro si representan una amenaza real o no. He ahí la diatriba que nos deja paralizados e inquietos.

En los últimos tiempos,
las casas embrujadas comerciales se han convertido en parte esencial de la fiesta de Halloween, mucho más en Estados Unidos, pero cada vez en más rincones del planeta. Todas ellas tienen varios puntos en común: crujidos, gemidos, sombras...


Desde un punto de vista psicológico, las características estándar de las casas embrujadas provocan miedo porque
interactúan con las partes de nuestros cerebros que evolucionaron mucho antes de que las casas encantadas existieran: nos advierten de un peligro potencial y nos motivan a proceder con precaución.

Ante una casa encantada podemos tener ganas de salir corriendo aunque en realidad no haya nada que temer, pero también podría ser peligroso ignorar nuestra intuición... son los mecanismos psicológicos del miedo y
nos pueden resultar útiles si nos ayudan a estar alerta cuando la amenaza es incierta.

 

¿Qué activa nuestro “detector de peligro”?



Los psicólogos evolutivos han propuesto la existencia de mecanismos de detección de procesos que han evolucionado para protegernos del daño a manos de depredadores y enemigo
s. De ahí que, por ejemplo, si caminamos solo por un parque y es de noche y escuchamos un crujido entre los árboles, nuestra respuesta será la de prestar mayor atención y aumentar el nivel de excitación. Nos comportaremos como si “algo” estuviera a punto de hacernos daño. Es posible que solo fuera un gato o perro callejero, pero si se activa la respuesta de alarma y existe una amenaza real, nos alegraremos de este sentido de la supervivencia evolutivo.

 

El hecho de detectar amenazas ambiguas hace que el gemido del viento a través de una grieta o un crujido en una habitación en un piso superior nos ponga en situación de alarma. También nos incomoda sentirnos atrapados, porque estamos constantemente, incluso inconscientemente, escaneando nuestro entorno y evaluando nuestra capacidad para huir si fuera necesario.

 

De ahí que las casas embrujadas nos asusten tanto: la típica casa encantada se encontraría en una localización remota y aislada, alejada del resto de la sociedad (recordemos el hotel de “El resplandor”) y si ocurre algo, ya sabemos que la ayuda tardará mucho en llegar o incluso es posible no establecer comunicación con el mundo exterior. Además, la oscuridad y la estética, en general, de la casa, como el hecho de encontrar escaleras medio rotas, representan obstáculos para nuestra posible huida.

 

Y es que las casas encantadas también carecen de lo que los psicólogos ambientales denominan legibilidad. La legibilidad refleja la facilidad con la que se puede reconocer un lugar, organizarlo en un patrón y recordarlo; en otras palabras, un lugar en el que podemos pasear sin perdernos. Parece la definición opuesta a una casa encantada, ¿verdad?.

 

Leyendas asociadas a casas encantadas



La mayoría de las casas encantadas tiene algún tipo de "leyenda" asociada a ellas. Por lo general,
implica una historia sobre una muerte o accidente espeluznante, quizá un suicidio o un asesinato. Cuanto más antiguo sea el lugar, más probabilidades hay de que lo percibamos como embrujado, ya que ha tenido suficiente tiempo para que ocurrieran eventos trágicos.

También son importantes
las creencias inherentes de la persona que visita una casa encantada. Las personas que creen en los fenómenos paranormales y tienen la expectativa de que algo espeluznante podrían estar presentes en ese lugar tienen más probabilidades de participar en el procesamiento cognitivo que induce el miedo. Por eso, para estas personas, un entorno inocuo como una simple casa vieja, puede convertirse en una experiencia escalofriante.

 

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme por aquí.

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