La verdad sobre la sangre que se licúa todos los años

Cada primer sábado de mayo y todos los 19 de septiembre y 16 de diciembre se produce la portentosa licuefacción de la sangre seca de San Genaro, el patrón de Nápoles. Si no lo hace, los napolitanos piensan que se producirá una catástrofe.

¿Es realmente sangre? No se sabe, pues la Iglesia no permite tomar una muestra. Sólo se han podido realizar análisis espectroscópicos a través de la ampolla, que determinan que ahí hay sangre. Claro que puede haber algo más.

En el siglo XIX un ilusionista italiano llamado Giovanni Bartolomeo Bosco asombró a los napolitanos al reproducir en el teatro San Carlos la licuefacción de la sangre durante varias sesiones y de forma más impresionante. En 1991 la prestigiosa revista científica Nature publicó que la sangre de San Genaro era una mezcla tisotrópica, una mezcla que se solidifica y se licua si se agita convenientemente. El profesor de química orgánica de la Universidad de Pavia, Luigi Garlaschelli, y dos colegas de Milán reprodujeron el milagro con una mezcla de caliza, cloruro de hierro hidratado y agua salada. El norteamericano Joe Nickell hizo lo propio con aceite, cera y sangre de dragón, una resina brillante roja que se obtiene de diferentes especies de cuatro distintos géneros botánicos (Croton, Dracaena, Daemonorops y Pterocarpus) y que se usaba como barniz, medicina, incienso y tintura.

Etiquetas: cultura

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