Especial películas de ciencia ficción

'La Invasión de los Ultracuerpos': suplantados por seres de otros mundos

Los extraterrestres nos invaden, pero ahora de un modo más sutil y terrorífico: las personas son sustituidas por unos dobles, idénticos a ellas, que crecen dentro de unas gigantescas vainas escondidas en las proximidades de cada víctima.

La Invasión de los Ultracuerpos

¿Puede mejorarse una obra maestra? La verdad es que, en este caso, cuando Philip Kaufman –director hoy bastante olvidado , pero con unos cuantos títulos muy atractivos en su haber– tomó el proyecto de rehacer un clásico de la ciencia ficción como era La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956) no tuvo que complicarse demasiado para lograr una cinta que potenciaba todos los puntos fuertes de la versión anterior y eliminaba sus escasos fallos, empezando, desde luego, por el final.

El argumento es muy similar en ambas narraciones. De nuevo, los extraterrestres nos invaden, pero ahora de un modo más sutil y terrorífico: las personas son sustituidas por unos dobles, idénticos a ellas, que crecen dentro de unas gigantescas vainas escondidas en las proximidades de cada víctima. Cuando estas duermen, los alienígenas ocupan su lugar ; nadie p uede descubrir que no son los originales terr ícolas , salvo por su incapacidad de expresar sentimientos humanos. Poco a poco, el protagonista, Matthew Bennell (Donald Sutherland) se encuentra con más gente que le comenta que algo raro sucede con sus esposas, sus maridos, sus familiares, sus amigos: no parecen los mismos, es como si no fueran ellos. Cuando se da cuenta de lo que ocurre, casi todos sus conocidos están ya duplicados. Matthew tiene que huir para advertir al mundo de lo que ocurre en una ciudad en la que casi toda la población ha sido ya sustituida y desde la cual se prepara la invasión del resto del planeta.

Al contar con un presupuesto más amplio, Kaufman pudo trasladar la acción del pueblecito en el que transcurría la película original a San Francisco, aumentando así la sensación de amenaza: la que está tomada es una de las principales poblaciones de Estados Unidos y hay escenas estremecedoras que dejan claro el poder imparable de los invasores: las vainas se cultivan a miles en invernaderos, y en el puerto son cargadas en grandes barcos para transportarlas a otros países. Esta versión dura bastante más que la original, con lo que hay tiempo de introducir nuevos personajes y situaciones, y de explicar puntos no muy claros, como qué ocurre con los cuerpos de los humanos cuando son sustituidos por los alienígenas. Y, sobre todo, no incluye el final feliz de 1956, impuesto por el estudio contra la voluntad del director, Don Siegel, en la que el FBI encuentra pruebas de la invasión y contraataca.

De hecho, la película original iba a terminar con el protagonista solo, corriendo por la autopista de Los Ángeles y gritando enloquecido: “¡Están aquí! ¡Usted es el siguiente! ¡Y usted! ¡Y usted…!”, sin que nadie se detuviera a escucharlo. En la nueva versión, el actor Kevin McCarthy, protagonista de la anterior, aparece en medio de la calle, profiriendo los mismos gritos, antes de ser atropellado. Como si en todos estos años no hubiera dejado de intentar advertirnos de la amenaza exterior .

El mérito del concepto de La invasión de los ultracuperpos es que no necesita ovnis, ni rayos láser, ni siquiera alienígenas creados con efectos especiales: basta con poco más que unas vainas convenientemente utilizadas, y con un director que sepa manejar cámara y actores para que la desesperanza causada por el ambiente opresivo se haga casi insoportable. En 2007, una nueva versión titulada Invasión y protagonizada por Daniel Craig y Nicole Kidman no aportó gran cosa, aparte de un punto de vista más actual, identificando la infiltración alienígena con algo muy similar a un virus.

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