La fuerza de los símbolos

Banderas, logotipos, emojis… Allá donde miremos hay formas u objetos cargados de significado que influyen en nuestra conducta hasta límites insospechados.

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Los poderes de ciertas imágenes son innegables: unas gafas o una pipa, que simbolizan lectura, reflexión y estudio, pueden aumentar nuestra inteligencia o nuestra predisposición a abordar un problema de forma más ponderada. De igual manera, como veremos más adelante, está tan extendida la falsa creencia de que las rubias son tontas que simplemente ver la imagen de una mujer con ese color de pelo puede empeorar el rendimiento intelectual de una persona, aunque esta sea, por ejemplo, un hombre calvo.

Los símbolos también hacen que una bebida o una comida con una determinada etiqueta nos sepa mejor, o que un crucifijo nos empuje a ser más respetuosos con los demás. Incluso un amuleto puede llegar a proporcionarnos suerte o confianza en nosotros mismos simplemente porque hemos asumido mentalmente que funciona, como si fuera una especie de placebo.

A continuación te explicamos algunos jugosos y, en ocasiones, sorprendentes ejemplos de la poderosa fuerza que ejercen los símbolos explicados por la ciencia.

 

La cruz del bien y la cruz del mal

Los emblemas religiosos producen tal influencia en la mente que hasta pueden volvernos buenos. Como sugiere una investigación de Adam Alter, psicólogo de la Universidad de Nueva York y autor del libro Drunk Tank Pink, los cristianos suelen manifestar conductas más honradas cuando contemplan la imagen de un crucifijo. Y al contrario, quienes se exponen a una forma que se asemeja a una esvástica, el tristemente famoso distintivo de los nazis, suelen ser más severos a la hora de juzgar el comportamiento moral de los demás.

Esto último lo evidenció un experimento llevado a cabo por Virginia Kwan, de la Universidad Estatal de Arizona, y el propio Alter. Los expertos solicitaron a un grupo de estudiantes que completaran dos tareas aparentemente no relacionadas. En la primera, debían contar los ángulos rectos de cuatro objetos. Tres de esas formas eran idénticas para todos los participantes del estudio, mientras que la cuarta difería para la mitad de ellos. De hecho, se parecía mucho a la señal de origen milenario que adoptó el partido de Adolf Hitler.

Tras finalizar la primera prueba, todos tuvieron que leer un texto en el que se describían las acciones de una persona llamada Donald. La sorpresa llegó cuando los sujetos que habían sido expuestos a la esvástica calificaron con más frecuencia como indecentes, depravados u ofensivos sus deslices éticos. Así pues, aunque la cruz cristiana y el símbolo nacionalsocialista tienen una geometría semejante, albergan connotaciones muy diferentes, y por ello generan efectos psicológicos diametralmente opuestos.

Pero no todas las imágenes cristianas desencadenan siempre emociones positivas. Por ejemplo, hace años, cuando veían una imagen del papa Juan Pablo II, los católicos sentían desmayar su sentimiento de virtud, como demostró una clásica investigación de los noventa dirigida por el psicólogo Mark Baldwin, de la Universidad de Míchigan, en Estados Unidos. Lo que ocurría, seguramente, es que aquella autoridad religiosa recordaba a los fieles la necesidad de cumplir unas elevadas exigencias morales, difíciles de asumir.

Etiquetas: comportamientocuriosidadespsicología

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