La forma de expresar el miedo no es universal

Cuando sonreímos o ponemos cara de pánico damos por hecho que todos los humanos nos entienden, pero un nuevo estudio sugiere que no: los gestos cambian en cada cultura.

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Los miembros de la sociedad trobriandesa interpretan la expresión que para nosotros significa miedo como una señal de amenaza

Un equipo liderado por los científicos españoles Carlos Crivelli, de la Universidad Autónoma de Madrid, y Sergio Jarillo, del American Museum of Natural History, ha presentado en la revista PNAS los resultados de un doble estudio que cuestiona las tesis de Ekman y aporta pruebas concluyentes de que la expresión de las emociones no es un fenómeno universal, sino que depende en gran medida del contexto y de la cultura en que se exprese. La investigación, llevada a cabo con 188 adolescentes, en parte españoles y en parte de comunidades relativamente aisladas de las islas Trobriand, un archipiélago perteneciente a Papúa Nueva Guinea, demuestra que los miembros de la sociedad trobriandesa interpretan la expresión que para nosotros significa miedo (ojos muy abiertos y gesto de crispación) como una señal de amenaza. Para la primera parte del estudio, los investigadores mostraban a un grupo de adolescentes de Trobriand una serie de cinco fotografías de caras con expresiones comunes de alegría, tristeza, enfado, miedo y asco. A su vez, a otro grupo de jóvenes les enseñaban las mismas fotos pero les pedían que señalaran las caras que les sugirieran ofrecimiento, protección, amenaza, sumisión o rechazo.

 

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Con este doble criterio, Crivelli pretendía descartar que fuera la propia categorización de las emociones la que condicionara el resultado. Y se demostró que, en contra de las teorías de Ekman, había por un lado bastante confusión a la hora de identificar las caras correspondientes a las emociones, y por otro una insistencia significativa (un 69% de los participantes) en asociar la cara de miedo/sumisión como expresión de enfado/amenaza.

Eso dio pie a hacer un segundo estudio a los investigadores, que fueron a dos islas alejadas entre sí –unas cuatro horas en barco– y repitieron la prueba impidiendo a los 58 adolescentes participantes que hablaran entre ellos. En esta ocasión no les pedían identificar una emoción aislada solo por la foto, sino que, al modo de Ekman, les contaban una historia, como que a alguien se le acababa de morir el padre, y les solicitaban que señalaran la cara que creían que pondría. Por ejemplo, cuando les contaron una historia en la cual estaba a punto de comenzar una pelea y les preguntaban cuál de las caras les sugería agresión física, en ambas islas casi el 80 % (77% en Kaileuna y 79% en Vatuka) de los participantes eligieron la cara que la Teoría de las Emociones Básicas de Ekman identifica como cara de miedo. Después repitieron la misma prueba en una sociedad occidental de un país industrializado, en este caso con voluntarios similares en sexo y edad del colegio Joyfe de Madrid. Esta vez un 47 % identificó la cara de enfado/amenaza como la del individuo que les iba a atacar, seguida de la de asco y la neutral, pero casi en ningún caso la del miedo.


Para los investigadores, esto viene a decir que las expresiones faciales no son muestras de estados internos o emociones –que desde el punto de vista evolutivo supondría una desventaja respecto al rival–, sino herramientas que usamos para la interacción social en función del contexto para influir en la conducta de los demás. Por ejemplo, sonreír –una expresión asumida para mostrar alegría– serviría para señalizar en ciertos contextos que la interacción será amistosa, independientemente de que quien sonría sienta alegría o no.

Etiquetas: culturaemocionespsicología

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