Escribir una obra bajo un pseudónimo masculino hace que sea 8 veces más publicable

En el Día de las Escritoras, hablamos del sexismo en el mundo de la publicación.

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Según los datos del Ministerio de Cultura español, de los 55.501 títulos inscritos, el 61,6% corresponden a hombres y el 32,1% de mujeres (el 6,3% no consta). En número de obras: los hombres presentaron 34.183 obras y las mujeres 17.801. Una diferencia total de casi 20.000 obras. La desigualdad dentro del sector literario es una realidad.

 

Y eso que las mujeres leen y escriben más que los hombres pero, al igual que ocurre en otros campos, como los premios Nobel, los hombres publican y ganan más premios que las mujeres. La publicación femenina apenas representó el 32% del total de libros registrados en España en 2018.

 

Si esto fuera poco, sólo el 20% de los galardones literarios en España es concedido a escritoras; recordemos que el mismo Nobel, el premio literario más prestigioso del mundo que lleva entregándose más de un siglo, sólo ha premiado a 15 mujeres en toda su historia, la última la escritora, poeta y ensayista polaca Olga Tokarczuk.

 

El sector literario no se salva del machismo. A pesar de que las mujeres son mayoría en el ámbito de la escritura (en mis talleres literarios, por ejemplo, 3/4 de los participantes son mujeres), son minoría como autoras publicadas, premiadas o miembros de foros o entidades de gestión de derechos de propiedad intelectual”, explica Diana P. Morales, escritora desde hace más de dos décadas y fundadora y profesora de escritura creativa en el Portal del Escritor.

 

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Las posibles razones por las que los agentes prefieren seleccionar una novela con un nombre masculino incluyen la idea de que es más fácil de vender, puesto parece ser más inusual que un hombre escriba un libro con una protagonista femenina y que las escritoras escriben más  ficción de mujeres". ¿Quizá un sesgo inconsciente?

 

“Por un lado existe un sesgo por parte de las editoriales y las agencias literarias a la hora de elegir libros de mujeres. Es sorprendente, concretamente el caso de Catherine Nichols, una escritora británica que realizó un experimento: envió su novela a 50 agencias literarias, primero con su nombre y tiempo después, con un pseudónimo masculino. Cuando mandó la novela con su nombre recibió dos respuestas de agencias; sin embargo, al enviarla con un seudónimo masculino, recibió respuestas de cinco de cada seis agencias, y 17 de ellas le solicitaron directamente el manuscrito muy interesadas. En total, tuvo 8 veces más éxito con su nombre masculino que con el femenino presentando la misma novela”, aclara Morales.

 

 

Escritoras bajo seudónimos masculinos

 

Las hermanas Brontë representan un claro ejemplo. Charlotte, Emily y Anne Brontë se convirtieron en autoras célebres, comenzando sus carreras con nombres masculinos: Currer (Charlotte), Ellis (Emily) y Acton (Anne) Bell. En 1846, publicaron su primer volumen de poesía bajo estos nombres. “Jane Eyre”, de Charlotte Brontë o “Cumbres borrascosas” de Emily Brontë son algunos de los grandes ejemplos que podemos encontrar en la literatura.

 

¿Por qué escoger un seudónimo masculino? Las hermanas Brontë sabían que las escritoras no serían tomadas en serio, e incluso podrían ser excluidas por la sociedad. Al enviar su poesía al poeta laureado Robert Southey, Charlotte recibió una carta de respuesta que decía "la literatura no puede ser el negocio de la vida de una mujer". De ahí que no dudaran en trabajar con seudónimos masculinos. Sin ir más lejos, bajo el nombre de Currer Bell, el primer lanzamiento de Jane Eyre fue aclamado por la crítica y reimpreso en diez semanas. Sin embargo, cuando finalmente se reveló que el verdadero autor era una mujer, comenzaron a surgir críticas condenatorias hacia el libro. Tal reacción reveló el doble rasero de la sociedad del siglo XIX. El libro fue rechazado, descrito como un libro peligroso, impropio y "anticristiano".

 

Andre Norton, en realidad Alice Mary Norton, fue una escritora estadounidense especializada en ciencia ficción, quien en 1934, poco antes del lanzamiento de su primera novela, decidió cambiar legalmente su nombre a Andre Alice Norton después de que sus editores le dijeran que un nombre con sonido masculino aumentaría las posibilidades de venta de sus obras de cara a los lectores masculinos de ciencia ficción y fantasía. Norton publicó más de 130 novelas a lo largo de sus 70 años de carrera. Es una de las maestras de la ciencia ficción y fue la primera mujer en entrar en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción y Fantasía.

 

Amantine Lucile Aurore Dupin, Elizabeth Gaskell, Violet Paget o Mary Ann Evans utilizaron seudónimos masculinos para intentar hacerse un hueco en un mundo literario dominado por hombres.

 

Un poco más actual, la propia J.K. Rowling, autora de la celebérrima saga del mago Harry Potter. Conocida casi exclusivamente como J. K. Rowling para el público, firmaba solo con sus iniciales tras ser rechazada por múltiples editoriales por firmar sus trabajos como “Joanne Rowling”. Sus editores le instaron a usar solo las iniciales por temor a que el público objetivo no leyera algo escrito de la mano de una mujer.

 

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme por aquí.

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