Farinelli, el castrado importado

Hoy hablamos de Carlo Broschi, Farinelli, el ‘castrato’ italiano que cantó para Felipe V durante más de tres mil noches.

 

Carlo Broschi, más conocido como Farinelli, fue un cantante castrato por el que se inclinaron reyes de media Europa. Le regalaron todo lo que se podía comprar con dinero para que cantase para ellos. Y, para que os hagáis una idea de lo que fue este genio, hoy os contamos la relación de Farinelli con España y con su rey Felipe V.

Farinelli en esa época era una estrella en Londres. Ganaba todo lo que podía gastar y era idolatrado por la realeza británica. Pero recibió una misiva de la reina de España Isabel de Farnesio para que viniese unos días a cantar para Felipe V, que estaba inmerso en una especie de melancolía depresiva. Nuestro rey vivía por las noches, dormía durante el día, no se lavaba… un desastre.  

La cuestión es que, milagrosamente, Farinelli acepta la propuesta de la reina y viene a España. Farinelli  Cantó cuatro arias desde la antecámara real y el rey no reaccionaba. A la cuarta el rey hizo entrar al gran Broschi y le dijo: “¿Qué pides por cantarme así todas las noches?”. Farinelli le respondió: “Que su majestad se levante de la cama, se afeite, se vista y cumpla sus deberes de rey”. A la mañana siguiente Felipe V estaba en pie después de años sin levantarse. 

Farinelli cantó para el rey todas las noches desde el 28 de agosto de 1738 al 9 de julio de 1746, fecha en la que murió Felipe V. Un total de 3212 noches.

Acumuló una gran fortuna y muchísimo poder. Felipe V le otorgó poderes de ministro y, a la muerte de este, Fernando VI hizo exactamente lo mismo. En esa época el divo ya no cantaba pero era el dueño y señor cultural de la corte española. Una de las cosas que creó con el apoyo de Bárbara de Braganza, que era la esposa de Fernando VI, fue las Falúas del Tajo: unas barcas maravillosas en las que tocaban orquestas, había cantantes… 

 

 

Pero, cuando llega Carlos III, al que  se le atribuye la frase “Los capones me gustan en mi mesa”, al castrato más famoso de la historia se le acaba el poder en España.

Se marcha a Italia donde termina sus días envuelto en inmensas riquezas, en compañía de su amigo el poeta Pietro Mestatasio y, curiosamente, muere con la misma enfermedad que el bueno de Felipe V: melancolía.

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