Yakuza, historia del tigre durmiente

Aunque los primeros registros del crimen organizado nipón datan del siglo XVIII, la Yakuza tiene su origen en la época de los samuráis.

El ser humano tiende a mitificar a sus villanos. Sin necesidad de irse a cuentos clásicos con malvadas madrastras u ogros, numerosos criminales han llegado a escribir su nombre en las páginas de la historia con cierto halo de misterio, respeto y admiración. Más allá del eterno retrato de la cosanostra de Mario Puzo y su Don Vito o al carisma que series como ‘Breaking Bad’, ‘Sons Of Anarchy’ o ‘Narcos’ otorgan a criminales de toda índole, pocas organizaciones mafiosas generan tanto interés como la Yakuza, el crimen organizado japonés.

En 1603, el periodo Edo ponía fin a los interminables enfrentamientos entre clanes que se habían extendido por todo Japón desde el 1467, durante la era Sengoku. Los numerosos samuráis que habían sido contratados por daymiōs (señores feudales) para aumentar el grueso de sus ejércitos se vieron de repente sin un señor al que servir y sin un propósito por el que luchar. Como ocurriría con los veteranos de la Segunda Guerra Mundial que comenzarían a agruparse en torno a los clubs de moteros en los años 50, estos rônin se ganarían la vida como guardaespaldas, mercenarios o extorsionadores que recibían dinero, alojamiento o comida a cambio de protección.

El término ‘Yakuzaderiva de los números 8 (“ya”), 9 (“ku”) y 3 (“za”), la peor combinación posible en un juego de cartas tradicional. Este nombre no es casual, ya que esta organización criminal fue estructurándose con el paso del tiempo y acabaría por estar principalmente formada por los bakuto, quienes se encargaban del juego ilegal, y los tekiya, vendedores ambulantes. En el siglo XVII, con el deterioro de la dinastía Tokugawa y el paso a la era Meiji, los samuráis y rônin fueron desapareciendo y la Yakuza comenzó a centrar sus actividades en negocios ilegales. Las distintas organizaciones que operaban por el país funcionaban como una especie de familia jerárquica (“ikka”) con un líder (“Kumi-chô”), consejeros (“saikô-kambu”) y un vicepresidente o segundo al mando (“waka-gashira”). Los soldados rasos eran conocidos como “kumi-in” y eran los que realizaban las tareas de soborno, coacción, extorsión, amenaza, etc.

Tras la Segunda Guerra Mundial

La rendición japonesa de 1945 dejó un país destrozado, humillado y escaso de recursos. La limpieza que los Estados Unidos impusieron al gobierno imperial y a las principales empresas que sufragaron la contienda creó el escenario perfecto para que la Yakuza se introdujera en el mercado a niveles insospechados unos años antes, ganando influencia y tomando el control de una importante cantidad de los negocios del país, tanto legales como ilegales (tráfico de drogas y armas, juego ilegal, prostitución, asesinatos, trata de personas...). Además, el mercado negro que surgió por la falta de alimentos aumentó su poder y buena imagen de cara a las clases más populares.

El avance del siglo XX hizo que la Yakuza se fuese estandarizando respecto a otras organizaciones criminales como la Bratva rusa o las Tríadas chinas e internacionalizó sus negocios y acciones. Sin embargo, todavía se mantienen algunas de las tradiciones que surgieron en sus primeros momentos como la dura jerarquía de familia, el ritual del sake con el que se cierran acuerdos o alianzas y la costumbre de cortar el meñique a los desertores o traidores, tal y como se hacía en la época de los samuráis. La Yakuza japonesa llegó a ser la mafia más numerosa del mundo, contando con más de 80.000 miembros según estimaciones de diversas autoridades internacionales.

La mafia nipona presenta una curiosa situación debido tanto a la mítica y el legendario que ha surgido en torno a ella como por la peculiar imagen pública que tiene en Japón. Los misteriosos y llamativos tatuajes, los no especialmente numerosos pero sí violentos ataques y ajustes de cuentas o las sangrientas guerras entre los distintos clanes han generado numerosas adaptaciones literarias, cinematográficas o en videojuegos de esta organización.

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