Pandillas callejeras: historia de los Latin Kings

Con más de 30.000 miembros en los EEUU, los Latin Kings no son una banda criminal más: detrás de este grupo de matones hay una disciplina férrea y un conjunto de mandamientos con tintes religiosos.

Latin Kings

En los años 40, los inmigrantes puertorriqueños de Chicago eran acosados de forma regular tanto por blancos como por negros. Fue entonces cuando un grupo de ellos formaron los Latin Kings para protegerse, contraatacar e insuflar un poco de orgullo en su comunidad. Durante sus primeros años de vida, la asociación funcionó como un grupo de ayuda mutua dentro de la comunidad puertorriqueña. Por supuesto, de vez en cuando había alguna pelea. Al cabo de una década, el grupo había crecido hasta convertirse en una pandilla criminal.

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Durante la década de los ochenta, los Latin Kings se expandieron por toda la Costa Este. Nacieron nuevas células, algunas aprobadas por Chicago y otras no, y su crecimiento se hizo notar sobre todo en las prisiones. Su primera célula penitenciaria nació en Connecticutt y se llamó The Almighty Latin Charter Nation. Fue allí, en una prisión de Connecticutt, donde se cree que dos presos escribieron el King Manifesto –el Manifiesto del Rey, en español–, la biblia de la pandilla.


Jerarquía de los Latin Kings

Estados Unidos no carece de pandillas callejeras. Los Latin Kings, como cualquier otra tribu de matones de esquina, distribuyen y venden drogas, trafican con armas, asesinan, roban a mano armada, secuestran, roban viviendas y vehículos, lavan dinero negro, extorsionan, chantajean, intimidan y corrompen a funcionarios públicos. También agreden a los funcionarios de los correccionales, a pandilleros rivales y a los propios miembros de los Latin Kings que no obedecen las reglas.

Pero lo que diferencia a los Latin Kings de otras pandillas similares es, como dijo un periodista, su “mezcla única de disciplina férrea, ideología revolucionaria y su religión de fabricación casera, llamada Kingism, y que añade idealismo y rigor marcial a la habitual camaradería pandillera. Una combinación irresistible para los chavales del gueto que carecen de esperanza y de una estructura fuerte en sus vidas”. Los Latin Kings cuentan con una ostentosa jerarquía y un sistema de reglas. Su cultura es un pastiche de todo lo latino. En la cima de la pirámide jerárquica está el inca, el cabecilla de la pandilla. El siguiente en la lista es su lugarteniente, llamado cacique supremo. Un nivel por debajo se sitúa el corona real. Cualquiera por debajo de estos niveles es solo un soldado sin título que debe ganarse los galones mediante una lealtad a prueba de bombas hacia sus superiores jerárquicos. También ha de estar dispuesto a matar a la primera orden.


En Nueva York, los Latin Kings operan como tribus. Es decir, como células de barrio con diferentes líderes conocidas como la Estirpe de Sangre. Pero todos los Latin Kings saben cuál es su “patria natal”: Chicago. El alto mando de la pandilla continúa en la esquina de Beach Avenue y Spaulding Avenue, y se cree que el capítulo de Chicago es la banda callejera latina con más miembros de los Estados Unidos (treinta mil). En cualquier caso, no todos ellos son Latin Kings. Muchos miembros son Latin Queens.


Latin Queens: el papel de las mujeres en la banda

La brecha de género es diferente en cada célula de la banda. En algunas de esas células, las mujeres disfrutan de una relativa igualdad y autonomía. En otras, las reinas son propiedad común y suelen ser fuertemente reprendidas si no se ajustan a ese rol. “Muchas de las chicas que conozco se unen a las pandillas solo para colocarse. Otras tienen relación con alguno de los miembros de la banda. Y después están las que son consideradas como un hombre más de la pandilla”, escribió Reymundo Sánchez en Lady Q: The Rise and Fall of a Latin Queen.

“Las chicas que se han ganado su puesto entre los Latin Kings por sí mismas y no por ser la novia de alguno de sus miembros son, de largo, las más respetadas. También son consideradas como las más fiables. En algunas ocasiones, estas jóvenes superan en rango a los chicos. Generalmente son guapas, inteligentes, visten bien, no beben y no permiten que ellos les falten al respeto. Suelen tener también un temperamento inflamable y no muestran reparos a la hora de pegarse con un chico o a la de apretar el gatillo contra los miembros de alguna pandilla rival”.


La biblia de los Latin Kings

Pero lo que más ha intrigado a los investigadores del fenómeno de los Latin Kings es su biblia, el Manifiesto, que incluye desde la historia de la banda hasta consejos útiles para el embarazo. Es un texto voluminoso, que difiere de célula a célula, aunque algunos de los mandamientos siguen siendo exactamente los mismos que cuando fueron redactados en los ochenta. “Los miembros deben decir la verdad siempre”, dice uno de esos mandamientos. Otro reza lo siguiente: “Los miembros no deben desear el placer con la esposa de otro”. Algunos huelen a Viejo Testamento, como el que dice: “Un miembro no debe robar”. O “Un rey no puede nunca negar a sus superiores… nunca dudar contra un enemigo de la Nación… Si la muerte es lo que se necesita para que honres y mantengas nuestro código de silencio, muerte es lo que tendrás”.

También hay lemas motivacionales para latinos: “Los latinos mueren con dignidad y honor por la raza latina”. Reymundo Sánchez, que fue miembro de los Latin Kings, recogió su experiencia en el libro My Bloody Life: The Making of a Latin King. Cuando habla de su iniciación como Latin King de la mano de una de las líderes de la banda llamada Morena, describe el cuaderno de notas que ella llevaba consigo: “En la portada de esa libreta estaban escritas las palabras Nation Literature (‘Literatura de la Nación’ en español). La libreta contenía las leyes, oraciones y propósitos de los Latin Kings. Siempre había pensado en los Latin Kings como una pandilla callejera, pero era obvio que había mucho más”.

A pesar de su fascinación inicial, no pasó mucho tiempo hasta que Sánchez pudo ver con claridad más allá de la fachada: “Era la mierda más hipócrita que había visto jamás”. Para empezar, Sánchez no podía entender por qué el Manifiesto prohibía las drogas si luego todo el mundo desobedecía con entusiasmo. Tampoco podía entender la lógica detrás de las apelaciones al orgullo latino cuando por otro lado la pandilla batallaba continuamente con otras bandas latinas rivales. “Entendía que alguien pudiera formar una pandilla étnica para defender a sus miembros, pero no por qué esta pandilla peleaba con otras pandillas de la misma etnia”.

 

Puedes leer íntegramente el reportaje “Los monarcas latinos” en el especial Muy Crimen 3 de Muy Interesante.

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