Las drogas psicodélicas podrían reducir la criminalidad

Una investigación de la Universidad de Alabama en Birmingham sostiene que los alucinógenos pueden ayudar a cambiar para bien el comportamiento.

Hay drogas estrechamente relacionadas con los crímenes (alcohol, cocaína, heroína…), ya que potencian en sus consumidores conductas violentas y desinhibidas. 

Pero hay otras que pueden disminuir las posibilidades de que quienes las toman adopten comportamientos antisociales. Nos referimos a sustancias psicodélicas como el LSD, la ayahuasca, la mescalina y la psilobicina de los hongos, que, según investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham, ayudan a controlar las actitudes y tendencias peligrosas de ciertos individuos.

En los últimos años, diversos estudios han establecido que, tomados en dosis justas y bajo control médico, los alucinógenos contribuyen a tratar adicciones, depresiones y trastornos psicológicos y neurológicos, pero no se había establecido un vínculo entre su consumo y un comportamiento más pacífico.

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Colocados contra el delito

Los investigadores de la Universidad de Alabama dirigidos por el profesor Peter Hendricks sostienen que los tratamientos con psicodélicos clásicos como la psilobicina reducen los instintos criminales de algunos reclusos. Su trabajo, publicado en la revista Journal of Psychopharmacology, se basa en datos recopilados por la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud (NSDUH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. 

Hendricks y su equipo analizaron las relaciones entre el consumo de sustancias psicodélicas y el comportamiento criminal en 480.000 adultos participantes en la NSDUH a lo largo de los últimos trece años. A los individuos encuestados se les preguntó si durante este tiempo habían consumido (de forma habitual o esporádica) alguno de estos alucinógenos: LSD, mescalina (obtenida del cactus del peyote y usada en rituales por los indígenas de México y Estados Unidos), ayahuasca (una bebida de origen vegetal consumida por los aborígenes del Amazonas), dimetiltriptamina o psilobicina, un alcaloide natural presente en más de cien tipos de setas. 

Resultó que el consumo de estas sustancias en el año previo al cuestionario se asociaba a una disminución del 27 % en la probabilidad de cometer robos, del 12 % en la de ser arrestado por un delito contra la propiedad, y del 18 % en la de cometer un acto violento. Por contra, tomar otras drogas ilegales como la cocaína o la heroína se vinculaba a una mayor probabilidad de delinquir. 

Peter Hendricks afirma que “estos datos son coherentes con numerosas investigaciones que indican que las sustancias psicodélicas acarrean beneficios psicológicos y sociales duraderos. Pueden generar experiencias místicas y diversas culturas las han usado durante milenios con fines terapéuticos”. En su opinión, tratamientos controlados con estas drogas pueden ser útiles herramientas contra los comportamientos antisociales de algunos reclusos reincidentes.

¿Una puerta a un mundo mejor?

Las drogas psicodélicas alteran la percepción de la realidad y la consciencia, transforman el comportamiento, excitan los sentidos y pueden provocar potentes alucinaciones. En los años sesenta y setenta se hicieron muy populares entre los jóvenes ligados a los movimientos contraculturales, pero en 1971 la Convención de las Naciones Unidas sobre Sustancias Psicotrópicas las prohibió por sus posibles daños a “la salud física y moral de la humanidad” y porque carecían de aplicación terapéutica.

Sin embargo, en los últimos años se está revisando su potencial médico, aprovechado durante milenios por diferentes culturas. Algunas investigaciones han constatado su utilidad –siempre que se trate de un consumo controlado al milímetro por profesionales– en el tratamiento de diversos trastornos mentales. Se ha observado, por ejemplo, que la psilobicina puede ayudar a aliviar la depresión y la ansiedad, e incluso contribuir a que los alcohólicos dejen la bebida. De momento, se trata de experimentos hechos con pocos individuos, así que se requieren estudios más extensos, pero el camino está abierto.