Ángeles del Infierno MC: montar para vivir, vivir para montar

El club de moteros (MC) Ángeles del Infierno surgió en 1948 y han sido calificados como “organización criminal” por el gobierno federal de los EEUU.

Chalecos de cuero, tatuajes, parches y motores rugiendo como si se prepararan para una batalla. Estos son algunos de los elementos que la sociedad suele relacionar, en parte con razón y en parte por clichés, a los clubes de moteros. Estas agrupaciones formadas por personas con el amor por las dos ruedas como elemento en común aparecieron en Estados Unidos a mediados del siglo XX y ganaron gran relevancia tanto dentro como fuera del país. De entre todos los nombres que uno puede conocer en el mundo de los MC (‘motorcycle club’), el más sonado es el de los Hell’s Angels, los Ángeles del Infierno.

En 1945, la derrota alemana y la capitulación sin condiciones de Japón pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial. El mundo entero celebró ese día, Times Square se llenó de estadounidenses de bien que festejaban el fin de una de las contiendas más crueles de la historia y en Europa y el Pacífico los soldados que habían luchado en el frente se preparaban para volver a casa. Muchos de ellos, especialmente los más jóvenes, habían manejado motocicletas durante su paso por la guerra y le habían cogido el gusto a la sensación de libertad y movilidad que estas ofrecían. Nacían así los primeros bocetos de los clubes de moteros.

La fundación oficial del primer Club de Moteros Ángeles del Infierno (HAMC por sus siglas en inglés) ocurrió el 17 de marzo de 1948 en el área de San Bernardino, California. Otros clubes surgirían de manera simultánea a lo largo y ancho de California pero no guardaban relación con los Ángeles del Infierno. Muchos de estos clubes eran bautizados como escuadrones militares de la Segunda Guerra Mundial, dejando ver la presencia de soldados en los mismos. Los Ángeles del Infierno recibieron este nombre debido, según las dos teorías más extendidas, a un escuadrón de bombarderos o a la película de Howard Hughes.

 

Cómo funciona un club de moteros

Los clubes de moteros se organizan en capítulos, sucursales en las distintas ciudades o estados que deben ser aceptadas por los capítulos originales para poder formar parte del mismo MC. Cada capítulo cuenta con una estricta jerarquía interna dividida en diferentes niveles, encabezada  por un presidente que es elegido por votación entre los miembros y seguido por un vicepresidente. Por debajo están el tesorero, responsable de las finanzas y la economía del club, y el sargento de armas, que actúa como una especie de sheriff para asegurarse de que las reglas del club se cumplen. Después vienen los miembros rasos que no ocupan ningún cargo concreto y los últimos son los aspirantes, que deben ser invitados por un miembro, pasar un periodo de prueba y ser aceptado en una votación del resto de miembros. También existe la figura del nómada, que son miembros del club pero que no están afiliados a ningún capítulo concreto sino que se dedican a viajar por el país visitando y colaborando con las distintas sedes.

Aunque cada club suele tener sus propias normas, una común a todos es la condición imprescindible de poseer y poder montar en moto, ya que esta sigue siendo el alma de los clubes. Otro elemento clave para entender a estas organizaciones es la importancia que dan a los parches. Los parches distinguen a los miembros oficiales y su propiedad es permanentemente del club. Para un motero, el parche es un símbolo de hermandad y respeto hacia sus hermanos, por lo que tienen la obligación de demostrarse merecedores de él en todo momento. Quitar, romper, entregar o dañar un parche, así como vestirlo cuando no se es miembro del club, puede entenderse como una gravísima ofensa por el resto de miembros.

Aunque en principio dos clubes distintos no tienen por qué considerarse rivales, las imágenes de las violentas guerras entre bandas han ido convirtiéndose en parte de esta subcultura. En la mayoría de los casos, los enfrentamientos armados y las rencillas entre clubes derivan de disputas por territorio o negocios ilegales.

Volviendo a los Ángeles del Infierno…

En 1957 los HAMC comenzaban a tener sucursales por todo el país. Ese año, Ralph “Sonny” Barger y otros cuantos fundaron el capítulo de Oakland, también en California. Barger, que por entonces tenía 19 años, haría del capítulo de Oakland uno de los más importantes de los Estados Unidos y él mismo se convertiría en una de las personas más influyentes del club a nivel nacional, siendo considerado por muchos como su líder histórico.

Imagen: Sonny Barger en 2003.

Durante la década de los 60, los clubes de moteros pasarían a formar parte de la cultura underground y serían aceptados y admirados por gran parte de la población estadounidense. Junto a otros MC, acabaron por apropiarse del uso de las motocicletas Harley-Davidson y popularizaron el estilo chopper (modificadas). Los Ángeles del Infierno eran vistos como rebeldes antisistema, encarnación del valor de la libertad estadounidense y su fama les llevó a participar en la película Hell’s Angels on wheels (1967), a ejercer como guardaespaldas de los Rolling Stones en el concierto que dieron en Altmont en 1969 o a que el escritor Hunter S. Thompson pasara un año conviviendo con ellos y escribiera un libro. Esto último acabó mal para el periodista, ya que fue visto como un traidor por los moteros y recibió una paliza.

Sin embargo, el gobierno federal no estaba tan contento con la popularidad de los MC. En 1965, el fiscal general de California Thomas Lynch ya había presentado un informe en el que se recogían los crímenes cometidos por los miembros de estas bandas, a las que se refería como ‘bandas de motoristas proscritos’ (Outlaw Motorcycle Gangs), y que incluían violaciones, secuestros, palizas, asesinatos, robos y tráfico de drogas. Además, el crecimiento de los Ángeles del Infierno y de otros clubes había provocado una escalada de violencia debido a las guerras entre ellos, destacándose la ocurrida en Cleveland en 1971.

 

Dado que las patrullas antibandas y los controles de carretera resultaban poco eficientes, las autoridades (especialmente el FBI) decidieron ampliar su arsenal de recursos utilizando a infiltrados y chivatos que desestabilizaran a las bandas y les facilitaran el encarcelamiento de sus miembros. Los Ángeles del Infierno, reconocidos por los federales como una organización criminal, fueron el principal objetivo de estas acciones.

Pero uno de los golpes más duros que sufrieron fue la aprobación de la RICO, la Ley contra la Extorsión Criminal y las Organizaciones Corruptas aprobada en 1970 por el Congreso de los Estados Unidos y que permitía utilizar los delitos de un solo miembro para acusar al resto de la banda al considerarlos cómplices de una organización criminal. En 1980 se procesó a 33 ángeles del infierno, entre ellos Sonny Barger, por un total de 19 cargos de todo tipo. El juicio duró ocho meses y muchos de los acusados pasaron un tiempo en prisión.

Aun cuando los crímenes cometidos por sus miembros eran de sobra conocidos, los Ángeles del Infierno siguieron creciendo y ganando relevancia a nivel internacional. Su primer capítulo fuera de los Estados Unidos se fundó en Nueva Zelanda en 1961 y actualmente cuentan con 466 capítulos en 58 países de todo el mundo aunque con especial hincapié en Europa. Además, han logrado una especie de institucionalización por la cual han sido aceptados por la sociedad estadounidense a través de programas sociales, grandes eventos organizados y promovidos por ellos, sus populares funerales masivos e incluso su propia marca, que han comercializado.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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