A buen tiempo en invierno, más crímenes violentos

Un exhaustivo estudio realizado en Estados Unidos sugiere que el aumento de las temperaturas en los meses invernales facilita el trabajo a los malhechores.

Escena del crimen

“En los inviernos suaves, sale más gente a la calle, lo que crea el ingrediente clave para los crímenes interpersonales: la oportunidad”. Así resume el espíritu de un nuevo estudio realizado por el Cooperative Institute for Research in Environmental Sciences (CIRES) y la Universidad de Colorado en Boulder su autor principal, Ryan Harp. Otro efecto colateral del cambio climático que sumar a la lista; por lo menos, en Estados Unidos.

 

Ryan y su compañero del CIRES Kris Karnauskas han echado mano de potentes herramientas de análisis climático, con información de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), para cotejar las tasas de crímenes cometidas en 16.000 localidades norteamericanas desde 1979 y los cambios del tiempo meteorológico. La base de datos criminal, proporcionada por el FBI, incluía todo tipo de delitos que implicaran violencia: robos en sus diversas modalidades, asesinatos y violaciones.

Tras organizar la información recopilada por regiones climáticas, Harp y Karnauskas vieron que, efectivamente, había una clara correlación entre aumento de la temperatura y la comisión de crímenes, pero lo realmente llamativo es que este vínculo era más fuerte en los meses invernales que en verano, como tendemos a pensar.

En algunas zonas, como el noreste de Estados Unidos (donde se ubican grandes ciudades como Nueva York, Boston, Filadelfia o Washington), los investigadores observaron que el aumento y el descenso de grados en el termómetro podrían explicar por sí solos más de la mitad de las variaciones anuales en la tasa de crímenes durante el invierno.  

Gráfico

Es poco habitual encontrar este tipo de correlaciones en volúmenes tan grandes de datos, especialmente cuando se refieren a disciplinas como salud, sociología o clima. No terminábamos de creérnoslo: tuvimos que revisar varias veces nuestro trabajo”, explica Karnauskas.

La fuerza del estudio, argumentan sus autores, es el volumen de poblaciones manejado al mismo tiempo, porque si solo se tiene en cuenta una, los investigadores pueden pasar por alto factores coyunturales como cambios en la demografía o la administración. Las pautas que se obtienen con el big data son mucho más concluyentes

 

La ocasión la pintan calva

La nueva investigación supone un espaldarazo a la llamada "teoría de las actividades rutinarias", según la cual, pese a la complejidad de factores que influyen en la conducta humana, muchos crímenes pueden explicarse por una simple combinación de ingredientes: un delincuente motivado, un objetivo asequible y la ausencia de alguien –un policía, un vigilante…– que pueda impedirlo. El buen tiempo se lo pondría más fácil, en definitiva, al malhechor.

Ahora, Harp, Karnauskas y sus colegas pretenden diseñar un modelo predictivo basado en el clima para adelantarse al incremento de comisión de delitos que implique interacción entre personas. Al más puro estilo Minority report.

 

Más información: Ryan D. Harp y otros, “The Influence of Interannual Climate Variability on Regional Violent Crime Rates in the United States”, GeoHealth (2018). DOI: 10.1029/2018GH000152

 

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