La ciencia en Big Bang, los secretos de la genética

Miguel Ángel Sabadell analiza uno de los capítulos de la famosa serie The Big Bang Theory para explicarnos qué secretos esconde la genética.

Nuestro editor de ciencia, Miguel Ángel Sabadell analiza uno de los capítulos de la famosa serie The Big Bang Theory, para explicarnos los secretos de la genética. ¿Por qué los hijos de dos personas guapas pueden ser feos? ¿Qué ocurriría si creáramos un banco de espermatozoides y óvulos de las personas más inteligentes del mundo? ¿Nos aseguraríamos que la descendencia fuera especialmente inteligente?

Pues lo cierto es que a mediados de los 80 un empresario tuvo esta idea: pedir a las personas más inteligentes de la Tierra que le vendieran varios millones de sus espermatozoides.

De este modo, aquellas mujeres o parejas que quisieran podían comprar unos cuantos de esos espermatozoides para concebir a un hijo supuestamente inteligente. El negocio se basaba en el supuesto de que padres inteligentes dan, por sistema, hijos inteligentes.

Al final el asunto no fue un gran negocio, a pesar de que muchas mujeres y parejas apostaron por ello. Un par de décadas después se intentaron vender óvulos de modelos por Internet. Aquí el negocio está más justificado: el aspecto sí está definido totalmente por los genes. Lo que no es seguro, como cualquiera puede comprobar con sólo echar un vistazo a su alrededor, es que padres guapos tengan hijos guapos.

En The Big Bang Theory, el tema del azar genético aparece reflejado precisamente en el primer capítulo de la serie cuando Sheldon y Leonard, físicos brillantes pero ineptos en cuestión de relaciones sociales y menos con mujeres, visitan un banco de esperma de alto cociente intelectual con la idea de traer al mundo hijos tan inteligentes como ellos. Sheldon le cuenta su preocupación a Leonard y es que el físico se lamentaba de que su ADN no garantizara la inteligencia de su descendencia. Ponía de ejemplo a su hermana melliza Missy, nada brillante (y menos a su lado, claro). Aprendimos pues que de padres inteligentes no tienen por qué nacer hijos inteligentes.

Cuenta la leyenda que Einstein se enfrentó a este dilema. Cuando ya era un hombre de edad, una hermosa joven, de la que no podría decirse que fuera una prometedora candidata para el premio Nobel, se le acercó. Con voz dulce le dijo que le gustaría tener un hijo suyo. ¿La razón? Bien sencilla. Así tendrían un hijo con la belleza sin par de la madre y la tremenda inteligencia del padre.

Pero el físico dijo que no. Einstein le contestó:

- Mi querida señora, ¿qué pasaría si sacase mi belleza y su inteligencia?

Continúa leyendo