San Valentín y la bioquímica del amor

En este capítulo de Ciencia Con Lau, te contamos qué sustancias y procesos químicos están involucrados en el proceso del enamoramiento.


¿Estáis enamorados?

No os preocupéis. Tampoco podéis hacer nada para evitarlo. El amor es una poderosa bioquímica en el cerebro de la que es difícil escapar. El corazón es el símbolo más habitual para representar el amor romántico. Pero, no es en el corazón donde tiene lugar la química del amor. ¡Ni mucho menos! Es en el cerebro.

Hasta 10 áreas distintas del cerebro se modifican cuando estamos enamorados. El amor es un cóctel químico cerebral que provoca una sensación placentera y gratificante ante el hecho de estar junto a determinada persona o pensar en ella.

 


De hecho, el amor activa las mismas zonas del cerebro que la excitación sexual.

Y sí, de acuerdo, esta química cerebral provoca reacciones en nuestra fisiología, como que aumenta la presión sanguínea, la respiración o la sudoración.

La química del amor es compleja. Involucra sustancias como la oxitocina, la dopamina, la vasopresina y una hormona llamada corticotropina.

Por lo que sabemos hasta ahora, la composición química de determinadas personas provoca en nuestra propia química una serie de reacciones. Y lo que las provoca es algo complejo y completamente subjetivo, de unos individuos a otros.

Una de estas reacciones es una especie de interruptor en nuestro cerebro que desencadena oxitocina. La oxitocina y la vasopresina interactúan con el sistema de recompensa dopaminérgico, que es lo que genera que nos sintamos eufóricos.

Pero estos efectos tienen un tiempo limitado. Por eso, en una relación, estos sentimientos de euforia son más fuertes en los inicios. Pero las vías de dopamina del cerebro también pueden activar áreas del comportamiento adictivo.

Existe mucha literatura científica que compara el amor y las drogas.

Sí, en efecto. Estar enamorado vendría a ser como tener una adicción a una determinada persona, dado que ambos tienen muchos neurotransmisores en común.

Por eso, cuando estamos enamorados sentimos una fuerte necesidad de estar cerca de la persona amada, y una angustia terrible cuando nos alejamos de ella, similar a un auténtico síndrome de abstinencia. Y por último, vamos a hablar de la corticotropina. Esta última hormona parece estar involucrada en el estrés que se parece ante la separación del ser amado.

 

 

Y por culpa de toda esta química, el amor, como uno de los sentimientos más poderosos, ha sido el protagonista de mucha de la producción artística humana. Y también de una fecha: San Valentín.

La naturaleza confabula para que nos reproduzcamos; esta es una de las razones por las que la bioquímica del amor es tan placentera y tan poderosa: su fin es asegurarse de que tengamos descendencia. Pero también quiere que las parejas estén juntas el tiempo suficiente para que el nuevo individuo prospere.

 

El amor de los topillos de la pradera


¿El amor es exclusivo de los humanos? Tal vez el amor humano sea el más complejo, porque no olvidemos que hay otros factores psicológicos y sociales que entrar en juego. Pero esta química del amor también la observamos en otros mamíferos.

Un ejemplo típico son los topillos de la pradera, que también forman parejas a largo plazo, y tienen amplios receptores de oxitocina en el núcleo accumbens, como nosotros.

 

 


Una especie muy parecida, son los topillos de montaña, que no poseen estos receptores. A consecuencia, su comportamiento en la reproducción también es distinto: no establecen relaciones a largo plazo, y los machos desaparecen poco después de fecundar a la hembra.

Así que tenemos a los románticos topillos de la pradera, y a sus primos promiscuos de montaña.

 

Y tú, ¿has sentido alguna vez los efectos de la poderosa química del amor en tu cerebro?

Te dejamos con una galería de parejas célebres de científicos.

Continúa leyendo