Radiación cósmica en los aviones ¿es peligrosa?

Cada vez que volamos estamos expuestos a una mayor cantidad de rayos cósmicos de lo habitual. ¿Qué son? ¿Son realmente peligrosos para la salud?

 

El avión es un medio de transporte rápido y seguro. Cada día hay unos noventa mil vuelos comerciales alrededor del mundo. Pese a que mucha gente tiene miedo a volar, el riesgo de que se produzca un accidente es extremadamente bajo; el profesor Arnold Barnett, del MIT, estima que es de una entre sesenta millones aproximadamente, mucho menor que el riesgo de accidente en coche.

Por tanto, no debemos temer cuando cojamos un avión. Podemos estar seguros de que no estamos expuestos a ningún tipo peligro… ¿no?

La verdad es que cada vez que volamos estamos expuestos a una mayor cantidad de rayos cósmicos de lo habitual. ¿Qué son? ¿Son realmente peligrosos para la salud?

Los rayos cósmicos son partículas cargadas de energía, rayos Xrayos gamma que provienen del espacio. Esta radiación procede de todas partes, de hecho, no podemos identificar su origen; pero sí sabemos que la radiación cósmica de alta energía proviene de eventos muy violentos y lejanos del cosmos, como estrellas de neutrones y agujeros negros; pero algunos tipos de radiación cósmica también provienen de nuestra propia galaxia, o de nuestro Sol.

Una alta exposición a radiación ionizante puede dañar nuestras células a distintos niveles y dañar lo más importante que guardamos en su núcleo: el ADN, la molécula que guarda la información genética, y que contienen las instrucciones para que las células de nuestro cuerpo realicen correctamente sus funciones.

Una puntualización: la radiación UV es una forma de radiación que emite el Sol, pero no se considera radiación cósmica, puesto que es no ionizante, es decir, es más baja en nivel de energía. Eso sí, eso no significa que no pueda dañar nuestro ADN.

Cuando las partículas altamente cargadas de energía provenientes del espacio chocan con la Tierra, reaccionan con la atmósfera para producir la radiación que llega a la Tierra. La radiación cósmica ionizante que proviene del espacio golpea la Tierra, sin descanso. Mientras duermes, cuando vas a trabajar, o en este mismo momento, miles de átomos golpean la palma de tu mano.

La radiación cósmica expone al cuerpo a la radiación de manera similar a como lo hace una radiografía médica. La dosis anual promedio a nivel del mar según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH), de 0,34 milisieverts al año (un milisievert es una unidad de medida del nivel de radiación ionizante, que se usa también para calcular, por ejemplo, la radiación a la que se someten cada año los trabajadores de una central nuclear); lo que equivale a no más de dos radiografías de tórax al año.

Un nivel muy bajo; con lo que es poco probable que esta dosis baja afecte la salud humana.

Además, hay que tener en cuenta que los seres humanos, y el resto de organismos del planeta Tierra, estamos expuestos constantemente a radiación ionizante en nuestro propio planeta. Todo emite radiación, incluso tú mismo. Recibimos alrededor de 2,28 milisieverts al año procedente de una fuente de radiación interna, cada vez que respiramos; esta cifra es la más alta y es la mayoría, el 73% de toda la radiación ionizan a la que estamos expuestos. 0,29 milisieverts al año por los alimentos que ingerimos; y 0,21 milisieverts anuales procederían de otras fuentes terrestres. Son datos del Consejo Nacional de Protección Radiológica y Mediciones.

Por tanto, vemos que la radiación cósmica representa un riesgo muy poco significativo para la salud humana. Nuestro organismo ha evolucionado en un entorno radiactivo, y estamos habituados a vivir y prosperar en él.

 

¿La radiación cósmica es igual en todos los lugares de la Tierra?

Pues no. Los niveles de radiación cósmica dependen de varios factores, como la altitud a la que nos encontremos. Cuanto más elevados, más radiación. También depende de la latitud: la radiación es mayor cuanto más nos acercamos a los polos, y disminuye cuanto más cerca estamos del ecuador; y de la duración: cuanto más tiempo pasemos expuestos, mayor es el riesgo de que se pueda producir un daño en el interior de nuestras células.

En un avión comercial, estamos expuestos a la radiación cósmica, que siempre está presente; y a partículas procedentes de las erupciones solares.

Evidentemente, cuanto más tiempo pases en un avión, estarás expuesto a mayor cantidad de radiación. Por tanto, ¿tienen más riesgo los tripulantes de vuelo de sufrir daños producidos por radiación cósmica?

Según el Consejo Nacional de Protección y Mediciones de Radiación, la dosis efectiva media anual  de los tripulantes de vuelo es de 3,07 milisieverts. Otras estimaciones varían de 0,2 a 5 milisieverts cada año.

¿Esto es mucho o poco?

Para que te hagas una idea, los trabajadores de una central nuclear están expuestos a unos 0,5 milisieverts al año, y, por normativa no pueden estar expuestos a más de 20 milisieverts.

20 milisieverts, esta es la cantidad límite a la que se considera, como máximo, que debería exponerse una persona al año. Más de eso podría conllevar riesgos como cáncer o infertilidad.

Así que, en principio, los tripulantes de vuelo están un poco más expuestos que una persona media, que puede llegar a volar tres o cuatro veces al año, a la radiación cósmica; pero aun así, en ningún caso estamos hablando de una cantidad significativamente grande o peligrosa.

No obstante, todavía no se han realizado muchas pruebas en humanos para medir la cantidad de radiación que es peligrosa para la salud. Es decir, todavía no sabemos qué niveles de radiación cósmica son seguros para cada persona.

Por ejemplo, en el caso de cánceres que pueden estar relacionados con la radiación, y problemas de salud reproductiva, como  aborto espontáneo y defectos de nacimiento, no se puede saber si estos problemas pueden estar causados por las condiciones de trabajo, más expuestas a la radiación, o por otros factores. Enfermedades como el cáncer son complejas y su causa es multifactorial.

En 2017, un estudio de la Universidad de Colorado en Boulder concluía que la exposición a la radiación cósmica será mayor en la próxima década, dado que coincidirá con un ciclo solar de menor actividad, lo que quiere decir que habrá menos viento solar que permita amortiguar los rayos cósmicos que inciden en la Tierra.

La investigadora principal, Delores Knipp, explicaba cómo sus conclusiones apuntaban a que, cuando esto suceda, es probable que debamos reprogramar algunas rutas o incluso cancelar algunos vuelos, para evitar una sobreexposición a esta lluvia de partículas ionizantes.

¿Vas a volar próximamente? Te dejamos un enlace a una calculadora de rayos cósmicos, para que puedas averiguar a qué cantidad de radiación estarás expuesto en tu próximo viaje.

 

Fuentes:

https://ncrponline.org/publications/reports/ncrp-report-160/

https://www.cdc.gov/niosh/topics/aircrew/cosmicionizingradiation.html

 

Calculadora de rayos cósmicos:

http://jag.cami.jccbi.gov/cariprofile.asp

Laura Marcos

Laura Marcos

Nunca me ha gustado eso de 'o de ciencias, o de letras'. ¿Por qué elegir? Puedes escribirme a lmarcos@zinetmedia.es

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