Píldoras: Juegos y experimentos con gases

En este vídeo de José Manuel Sabadell planteamos un par de interesantes y divertidos experimentos sobre la densidad de gases como el hexofluoruro de azufre.

Aunque no lo veamos o muchas veces no seamos conscientes de ello, los gases siempre están con nosotros. Ya sea en la troposfera en la que respiramos o en esos fogones que hacían nuestra comida antes de la llegada de la vitrocerámica, el tercer estado de la materia (después del sólido y el líquido) es un compañero fiel. Caracterizado por la escasa unión de sus partículas constitutivas, carece de forma y volumen definidos por lo que fluye hasta ocupar el recipiente que lo contenga. Algunos de los gases más conocidos podrían ser el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano o el propio aire que respiramos (que a su vez está constituido por diversos gases entre los que se encuentran el oxígeno, el hidrógeno y el nitrógeno); pero hay otros muchos gases distintos que resulta interesante conocer.

Empezando por un caso sencillito, nos encontramos con el helio. Este gas noble es muy popular por ser el relleno predilecto de los globos ya que, al ser un gas con un peso menor que el del aire, hace que floten. También es esta diferencia en el peso lo que provoca que, cuando una persona lo aspira, su voz suene mucho más aguda de lo habitual. Pero, ¿qué pasaría si el gas tuviese un peso mayor que el del aire? Ese es el caso del hexafloruoruro de azufre, un peculiar gas inodoro, incoloro, no tóxico y no inflamable que pesa cinco veces más que el aire.

El hexafluoruro de azufre suele emplearse como taponamiento temporal en las operaciones de desprendimiento de retina y en el mundo industrial como gas dieléctrico (no conduce la corriente) para prevenir descargas que puedan resultar peligrosas. Si se aspira el hexafluoruro de azufre, su diferencia de peso respecto al aire y al helio hace que la voz suene mucho más grave. Además, al ser más pesado puede mantenerse en un contenedor abierto de forma que, si colocamos un barquito de papel sobre él, flote ya que el papel es más ligero que el hexafluoruro de azufre.

Ya hemos mencionado la atmósfera, la capa gaseosa que está sobre nosotros y que envuelve la Tierra. Su peso también ejerce interesantes efectos que, aunque invisibles a primera vista, pueden demostrarse a través de un experimento muy sencillo. En muchas películas en las que aparece un submarino podemos apreciar cómo el vehículo se ve deformado o “chafado” ante la presión exterior ejercida por el agua a bajas profundidades, pero este mismo efecto podemos ponerlo a prueba con una lata, agua y una fuente de calor. Lo primero es llenar la lata de agua y calentarla, luego se retira del fuego y al descender la temperatura, el vapor de agua se condensa haciendo que descienda la presión sobre las paredes interiores del recipiente y provocando que la fuerza que la atmósfera ejerce sobre la lata haga que se chafe. Igual que un submarino en la Fosa de las Marianas.

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