¿Cómo se descubrió la energía oscura?

En el año 1997 un equipo internacional de científicos hizo un descubrimiento asombroso.

 

Nuestro conocimiento del universo cambió decisivamente en diciembre de 1997. Ese mes, el telescopio espacial Hubble detectó un tremendo fogonazo que sucedió hace más de 10.000 millones de años. Se trataba de la explosión de supernova bautizada como 1997ff, que ocurrió en una lejanísima galaxia elíptica. De hecho, se trataba del fenómeno de ese tipo más distante jamás observado.

Entonces, entraron en acción dos grupos de astrónomos: el Supernova Cosmology Project, liderado por Saul Perlmutter, del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en EE. UU.; y el High-Z Supernova Search Team, con Brian Schmidt, de la Universidad Nacional Australiana, a la cabeza.

Algo que nadie esperaba encontrar

Ambos equipos de investigadores se dedicaban a determinar la distancia a la que se encuentran las galaxias más alejadas, para lo cual hacían un seguimiento de un tipo peculiar de supernovas denominadas Ia.

Lo que las hace tan interesantes es que todas brillan exactamente igual, por lo que si se mide su brillo es posible saber cuán lejos se encuentran. El dato también sirve para conocer el valor de uno de los números más importantes de la cosmología, el parámetro de deceleración, que da cuenta del cambio de la velocidad de expansión del cosmos.

Pues bien, lo que encontraron los cogió totalmente por sorpresa. Todas las supernovas Ia que iban encontrando parecían un 20% más débiles de lo esperado. Aquello, sencillamente, no tenía sentido. Haciendo bueno el adagio de Sherlock Holmes “una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, es cierto”, los científicos llegaron a la misma conclusión: el universo se había expandido un 10% más rápido en los últimos miles de millones de años.

Eso significaba que debía de existir algo que ejercía algún tipo de repulsión y alejaba las galaxias más velozmente de lo previsto: la energía oscura.

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