Ciencia en la Calle

Alimentos de calidad contra el cambio climático

Cada vez estamos más preocupados por llevar una dieta saludable. Muchos de los productos más sanos y de mejor calidad también son buenos para el medio ambiente. Hablamos de ello en este nuevo vídeo de Ciencia en la Calle.

 

La dehesa es un ejemplo de aprovechamiento económico sostenible y en ella se crían multitud de razas ganaderas cuya carne tiene una calidad nutricional excelente. En este capítulo entrevistamos a Carlos Palacios Riocerezo, científico del grupo de investigación ‘Alimentos: producción, elaboración y caracterización’ de la Universidad de Salamanca.

“Mi trabajo se centra en la adaptación de las ganaderías a las nuevas oportunidades de los mercados europeos. Una de las líneas es la certificación ecológica y la dehesa es un ejemplo único en Europa de sistema extensivo. Desde hace siglos agricultores y sobre todo ganaderos han alimentado aquí a su ganado, y este tipo de aprovechamiento ha configurado este paisaje tan característico de la península ibérica”, nos explica el investigador.

Más calidad

Como nos recuerda Palacios, la calidad de la carne de rumiantes que se produce vinculada a una alimentación con pasto verde es muy alta, y lo mismo sucede con los cerdos que se alimentan de bellotas. “Según lo que coma un animal, la calidad de su carne varía mucho, y los entornos naturales confieren unas características y un sabor a los productos que en estos momentos se valora mucho”.

Mejor para el medio ambiente

Desde el punto de vista ambiental, este tipo de producción de carne ayuda a combatir el cambio climático: “Para empezar, ayudan a mantener un ecosistema rico en vegetación, que secuestra carbono. Obviamente los animales emiten, pero sus emisiones se equilibran con lo que secuestra el entorno”, nos explica el científico.  “En los sistemas industriales no hay compensación de ese tipo. Además, en la dehesa o en otros sistemas extensivos los animales tienen toda su comida en el sitio, no hay que llevársela, con lo cual se evitan las emisiones procedentes del transporte. Las grandes producciones industriales generan muchos insumos”.

Para cerrar el círculo, lo ideal sería que los productos se consumieran en pueblos y ciudades cercanas al lugar de origen, algo muy complicado de conseguir habitualmente, con un sistema de distribución centralizado que acaba incorporando costes a toda la cadena: “Al final, el productor cobre muy poco y el consumidor paga mucho”, reflexiona el investigador.

 

Ciencia en la Calle es un proyecto realizado en colaboración con la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Salamanca. Nuestro objetivo es sacar a los científicos del laboratorio y llevárnoslos al mundo exterior para que nos cuenten a qué se dedican. Estaremos con ellos en el bar, en el gimnasio, en la piscina… ¡incluso en un aeropuerto!

 

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