Marte está en Cantabria

El Parque Científico y Tecnológico de Santander acoge a la empresa Astroland, que organiza misiones análogas para estudiar y mejorar las rutinas de trabajo de los humanos en una simulada misión al planeta rojo. Uno de los primeros participantes nos cuenta su experiencia.

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El 16 de julio de 1969, la tripulación del Apolo 11 partió rumbo a la Luna. El pasado 16 de julio de 2019 se conmemoró medio siglo de esa inolvidable proeza humana y, además, partió la primera tripulación de la Agencia Interplanetaria Astroland en una misión análoga hacia Marte.


En la sede de la empresa emergente Astroland, ubicada en Santander, dentro del Parque Científico y Tecnológico de Cantabria, celebramos junto con el presidente cántabro Miguel Ángel Revilla el aniversario de la salida real de los primeros astronautas hacia la Luna y la salida simulada de los primeros astrolanders–astronautas entrenados en Astroland– hacia su Marte particular. En el transcurso de ese evento, el presidente de Cantabria afirmó que no solo estábamos escribiendo historia, sino que también estábamos escribiendo futuro.
Esta primera misión análoga desde España a Marte fue el resultado de un arduo trabajo de dos jóvenes hermanos cántabros que iniciaron Astroland como un sueño de infancia. Desde niños, David Ceballos Delgado y su hermano menor Mario siempre pensaron en viajes espaciales y en cómo utilizar Santander a modo de trampolín desde la Tierra hasta Marte. Un par de años atrás, con el apoyo de otros amigos y el esfuerzo de toda una vida, crearon formalmente Astroland en unas instalaciones del Parque Científico y Tecnológico de Cantabria, donde incluso abrieron un pequeño museo para que los niños y jóvenes aprendan acerca de Marte y del espacio.


El museo de Astroland tiene una sección sobre la evolución del universo desde sus inicios–hace más de 13 000 millones de años– y también muestra una sección especial donde se puede ver la evolución de la vida en nuestro planeta desde los primeros organismos unicelulares. Allí se exhibe la transición de la vida desde el agua hasta la tierra firme; la aparición de grandes animales, como los dinosaurios; el desarrollo de los mamíferos; y el surgimiento de los humanos y nuestra posible evolución, tanto aquí como en otros planetas. El museo, además, cuenta con una réplica de la cápsula espacial del Apolo y varios robots para despertar la imaginación de los visitantes.


A principios de 2019 se anunció la búsqueda de candidatos para el entrenamiento de la primera misión análoga de astrolanders. El entrenamiento virtual, impartido por profesores especializados en diferentes áreas de una misión espacial verdadera, duró tres meses. Varios de los entrenadores tienen experiencia en misiones espaciales de la NASA o de la Agencia Espacial Europea (ESA), como el doctor Gabriel G. De la Torre, especialista en factores humanos y clínica neuropsicológica, actualmente en la Universidad de Cádiz; y el ingeniero aeronáutico y astrofísico Íñigo Muñoz Elorza, quien ha sido instructor de astronautas de la ESA en Alemania.


El primer equipo de astrolanders estuvo formado por cinco personas –tres hombres y dos mujeres–, de cuatro países diferentes –Alemania, España, Polonia y Venezuela– y con cinco carreras distintas –Recursos Humanos, Matemáticas, Informática, Ingeniería y Telecomunicaciones–. Éramos un equipo multidisciplinar; y seguimos un riguroso entrenamiento virtual durante seis meses antes de reunirnos físicamente en Santander. Todas las comunicaciones con cualquier persona del equipo eran en inglés, el idioma común de la misión y de los participantes. Teníamos clases por internet con los diferentes expertos para cubrir todas las áreas de una verdadera misión espacial, desde la salida hasta el regreso, desde la comida hasta la psicología, desde el trabajo hasta el entretenimiento.

 

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El 13 de julio, los cinco Astrolanders llegamos a Santander. Allí nos conocimos físicamente e iniciamos la parte final del entrenamiento. El 14 de julio estuvimos haciendo un curso de espeleología para adaptarnos a las condiciones de la cueva en la que se desarrollaría, durante tres días, la fase final de la misión análoga de Marte. Un entrenador espeleólogo nos enseñó a caminar, entrar, subir y bajar en terrenos difíciles, cuevas y túneles. La preparación fue fundamental para aprender a utilizar correctamente todo el equipo de espeleología, algo más complicado incluso con un traje espacial puesto. El 15 de julio tuvimos otra jornada presencial de entrenamiento sobre nanotecnología, astrobiología, trabajo en equipo, telecomunicaciones, mantenimiento, ejercicio, etc., con expertos como el biólogo Antonio Guillén y el coach internacional Daniel Torres.


Durante esos días de preparación física y formación técnica en Cantabria, coordinamos en persona todos los aspectos de los tres equipos que conformaban nuestra misión: ingeniería y mantenimiento –dos astrolanders dedicados a todos los temas del funcionamiento de la base espacial Ares, telecomunicaciones con el Centro Espacial Astroland y demás actividades para garantizar nuestra supervivencia física en el espacio–; psicología –un astrolander que verifica las condiciones mentales de la tripulación y cuida de la armonía del trabajo en equipo y la colaboración de todo el grupo–; y ciencia y astrobiología –dos astrolanders que trabaja en diferentes áreas científicas, como radiación, climatología, geología y, especialmente, astrobiología, es decir, la búsqueda de vida fuera de nuestro planeta–. Los equipos consolidados en Santander tenían, sin lugar a dudas, un carácter multidisciplinar y transdisciplinar.


Así llegamos al día 16 de julio, listos para celebrar el quincuagésimo aniversario del lanzamiento rumbo al primer alunizaje y nuestra salida a la primera misión análoga de Astroland made in Spain.


Vivir en otro planeta no es nada fácil, como todo el mundo se puede imaginar, entre otras cosas por las atmósferas y los niveles de radiación, muy diferentes de los que tenemos en la Tierra, donde hemos evolucionado como especie para adaptarnos a nuestro ambiente. Por eso, en el terreno de las misiones análogas de exploración espacial, se ha popularizado la idea de utilizar como escenario los túneles de lava o las cuevas volcánicas, ya que no solo existen en la Tierra, sino también en otros planetas que han tenido actividad volcánica. Hoy sabemos que ese es el caso de Marte y también el de Venus. Incluso en nuestro satélite natural, la Luna, hay túneles de lava. Tanto la NASA como la ESA y otras agencias y compañías espaciales han propuesto crear los primeros hábitats humanos en dichas cavidades subterráneas naturales para protegernos de la radiación y demás peligros externos.


Santander no tiene cuevas volcánicas, pero está repleta de cuevas en formaciones calcáreas que sirven muy bien para replicar las condiciones de los túneles de lava de Marte.
El equipo de Astroland estuvo identificando durante meses cuál podría ser una cueva ideal para crear dentro una base espacial, cuyo nombre sería Ares –el equivalente griego del dios Marte–. Los hermanos Ceballos finalmente decidieron que una cueva cerca de Arredondo era ideal para establecer allí la base espacial Ares. Se trataba de una cueva con casi 2 kilómetros de profundidad, un ancho máximo de 70 metros y una altura máxima de casi 80 metros en algunos lugares.


Allí establecieron las bases para el nuevo hábitat: un domo principal con 8 metros de diámetro y 4,5 metros de altura, que serviría como espacio común y centro de operaciones, conectado a dos pequeños módulos para habitaciones y servicios, cada uno de ellos de 4,5 metros de diámetro.

 

Nuestro equipo de Astrolanders pasó algo más de tres días en la espectacular Base Espacial Ares, hasta que regresamos, el 19 de julio, al Centro Espacial Astroland en Santander. Durante nuestra misión análoga seguimos rigurosamente todos los protocolos espaciales de una verdadera misión en Marte.


El uso de trajes espaciales, por ejemplo, era fundamental cada vez que salíamos de la base espacial Ares para explorar el resto de la cueva. Como parte de los trajes llevábamos equipos de comunicación con la base y con los otros astrolanders, además de sensores médicos para mediciones de sangre, frecuencia cardiaca, etc. El casco espacial era también una obra de arte, con depósitos de aire, agua, limpiador, linterna y demás dispositivos. Tanto el traje como el casco fueron creados con apoyo de la Escuela Universitaria de Diseño, Innovación y Tecnología (ESNE), en Madrid.


Las actividades extravehiculares (EVA, en inglés) las hacíamos siempre en equipos de dos personas para poder colaborar en caso de que se produjera cualquier emergencia mientras estábamos fuera de la base. La esclusa de aire era utilizada durante media hora, antes o después de cada salida o entrada a la base espacial Ares. Ese es el tiempo real necesario para presurizar o despresurizar entre los dos ambientes, el de dentro y el de fuera de la base, a través el pequeño vestíbulo espacial.Por otro lado, el tiempo de transmisión de nuestras telecomunicaciones era de veinte minutos, que es aproximadamente el tiempo necesario para que las ondas electromagnéticas viajen desde Marte a la Tierra y viceversa.
La comida que llevábamos era seca o deshidratada –tal como fue desarrollada para la misión Apolo– a la que añadíamos agua caliente. Entre los sabores a elegir teníamos desde huevos revueltos por la mañana hasta pasta con vegetales por la noche, sin olvidar los sabrosos helados y las frutas secas. Los cuartos de dormir también imitaban posibles instalaciones espaciales, al igual que los servicios. Además, contábamos con diferentes equipos para monitorear radioactividad, varios tipos de microscopios para visualizar muestras, sensores de luz, equipos de geología y espeleología y hasta una impresora 3D para imprimir piezas de repuesto.


Cada mañana comenzábamos con una reunión de grupo para revisar las actividades planificadas para el día según lo indicado por el centro espacial, y terminábamos la jornada con otra reunión para evaluar y considerar qué se podría mejorar. El equipo en la Tierra, el Centro Espacial Astroland, siempre estaba en contacto con la base espacial Ares, lo que incluía el monitoreo constante de vídeo, audio y signos vitales de la tripulación.

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Todos los ejemplos citados anteriormente son suficientes para demostrar cómo se ha recreado una posible misión a Marte dentro de un túnel de lava, pero en una cueva en Santander. Algunas personas llaman a estas experiencias simulaciones, pero la mejor manera de denominar las misiones análogas. Una misión análoga es el término que utilizamos técnicamente, no solo para Astroland, sino también para otras misiones como las que se han realizado ya en Canadá –Flashline Mars Arctic Research Station–, en Estados Unidos –Mars Desert Research Station, en Utah, y HI-SEAS, en Hawái– y en Rusia –MARS-500–.


La misión análoga de Astroland fue tan exitosa que incluso descubrimos una nueva forma de vida, aunque se tratase de una pequeña ameba en una cueva calcárea de España. La práctica de la biología terrestre fue excelente, e incluyó la recolección de muestras en la cueva como si se tratara de auténticos astrobiólogos –o exobiólogos– enfrascados en la búsqueda de bacterias y otras posibles formas de vida en Marte.


Los seres humanos somos exploradores por naturaleza, y cada gran exploración nos hace avanzar y cambiar profundamente. Hace miles de años nuestros ancestros salieron de África para explorar el resto del mundo. Eso nos cambió radicalmente y creamos las primeras ciudades, reinos e imperios. Hace cientos de años, nuestros antepasados europeos exploraron América y descubrieron que el mundo era esférico, pero que la Tierra no era el centro del universo. Hace décadas, los primeros astronautas pisaron la Luna, y cambiaron completamente nuestra visión del universo. Como dijo Neil Armstrong al poner un pie sobre la Luna: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”.


Ahora vamos a por más, mucho más. Si los proyectos visionarios del emprendedor Elon Musk y otros se realizan en el año 2024, o en el 2026, incluso en el 2028 o hasta en el 2030, cambiaremos nuestra visión de la Tierra, del universo y de la vida misma. Con la primera colonia humana en Marte pasaremos a ser la primera generación humana multiplanetaria. De hecho, ¡es casi seguro que los primeros marcianos seamos humanos!


Cuando veamos a nuestro pequeño planeta desde Marte, nos daremos cuenta finalmente de lo pequeños que somos dentro de un gran universo desconocido pero fascinante. Como dijo el gran astrofísico estadounidense Carl Sagan: “La Tierra no es más que un pequeño punto azul pálido”, sin fronteras y sin divisiones.


Ahora ha llegado el momento de iniciar la nueva gran exploración de la humanidad, más allá de todos los continentes, más allá de la Tierra misma. Vivimos el momento más apasionante de la exploración humana, la mayor época de descubrimientos, el tiempo de los más grandes inventos de nuestra especie. Como afirmó el padre de la cosmonáutica rusa, el científico Konstantín Eduárdovich Tsiolkovski: “La Tierra es la cuna de la humanidad, pero uno no puede vivir para siempre en la cuna”.