Yazidíes, del genocidio a la esclavitud sexual

Los yazidíes son un grupo étnico de origen desconocido que han pasado desapercibidos durante siglos a ojos de los extranjeros, pero convertidos en foco mediático mundial por la barbarie cometida contra ellos por el infame Estado Islámico.

 

Todo comienza con una foto y un mensaje en el teléfono: “Virgen. Bonita. 12 años. Su precio es de 11 800 dólares y se venderá pronto”. Lo ha enviado un miembro del Estado Islámico o Dáesh. Pretende ganar dinero con los familiares de la niña; le resulta mucho más beneficioso que venderla a sus compañeros terroristas.

El siglo XXI tiene su particular monstruo nacido de las cenizas de Al-Qaeda, el Dáesh. Para aquellos la religión era su guía; para estos es una excusa. Entre sus negocios está la compraventa de mujeres y niñas yazidíes como si fueran ganado. Un miliciano le dijo a una mujer por la que había pujado: “Eres como una oveja y te he comprado”. El precio de venta depende de su edad, si ha estado casada, el número de hijos que ha tenido y de su belleza física. A medida que pasan por diferentes propietarios su valor se va devaluando en un mercado de esclavos regulado por un comité creado a tal efecto. Los guerrilleros pujan online, donde puede ver fotos de las mujeres yazidíes capturadas junto con su edad, estado civil, lugar dónde se encuentran y su precio. El de las chicas de 1 a 9 años está en torno a 150 euros, las adolescentes valen 114 y el precio baja a partir de los 20 años hasta los 37 euros para las mayores de 40. Para que todo quede atado y bien atado los responsables religiosos del Dáesh editaron en 2014 un manual con 27 normas titulado “Preguntas y respuestas sobre la toma de cautivos y esclavos" donde permite, entre otras aberraciones, “tener relaciones sexuales con las mujeres esclavas que no han alcanzado la pubertad si son aptas para ello”.

¿Qué mujeres pueden ser esclavizadas? En esencia, todas las que no son musulmanas, da igual su edad. Y es que según Saleh Al-Fawzan, miembro del Consejo de los Ulemas, el más alto organismo religioso de Arabia Saudí, “la esclavitud forma parte del islam, forma parte del yihad, y el yihad durará tanto tiempo como el islam”. Pero el destino de los infieles depende de su género. Si eres mujer acabarás esclava, si eres hombre tendrás otro: a los niños pequeños se les secuestra para adoctrinarlos y convertirlos en soldados, a los mayores se les asesina a tiros o cortándoles la cabeza.

Genocidio y esclavismo sexual

El genocidio yazidí comenzó el 3 de agosto de 2014, cuando el Dáesh entró en la ciudad iraquí de Sinjar, en la frontera con Siria, donde han vivido desde siempre. Los milicianos "cogieron a todos los hombres y los mataron. Seis de mis hermanos fueron asesinados” relató una superviviente, Nadia Murad. También asesinaron, junto a otras 80 mujeres, a su madre, porque ninguna de ellas tenía valor sexual. La ONU calcula que fueron asesinadas 5 500 personas y 6 300 raptadas. "Se llevaron a los niños mayores de cuatro años a campamentos de entrenamiento. Luego, se llevaron a las niñas mayores de nueve años". Era su botín de guerra. "En el trayecto nos tocaban los senos y frotaban sus barbas en nuestra cara". Al llegar al cuartel general del Dáesh en Mosul, Nadia se encontró con otras niñas y mujeres yazidíes. Cada hora los hombres del Dáesh llegaban, seleccionaban a la que querían y la violaban. Si al final eran compradas no les esperaba un destino mejor. Según una que pudo escapar, además de su comprador, un checheno, "sus guardas me violaban al menos cinco veces al día y me obligaban a pronunciar versos del Corán mientras lo hacían". Y añadió: "Una vez me quemaron los muslos con agua hirviendo porque me negué a decir los rezos. Nunca más me atreví a llevarles la contraria".

El informe de la ONU sobre la barbarie a la que han sido sometidas las yazidíes es aterrador: una chica de 18 años fue vendida hasta 8 veces y violada todos los días de su cautiverio mientras la obligaban a tomar píldoras anticonceptivas: al final sus familiares pudieron comprarla por 20 000 dólares; todas las niñas raptadas mayores de 9 años se convierten en esclavas sexuales; si una mujer escapa pero es capturada por los soldados, la violan todos los hombres del cuartel: lo llaman 'yihad sexual'. A las yazidíes solo les quedan dos salidas: el suicidio o, si tienen suerte, que sus familiares las 'compren' a través de intermediarios locales.

El misterio yazidí

Muy poco se sabe de ellos. Como señaló un periodista inglés que 'descubrió' a los yazidíes en 2015, “si la guerra nos enseña geografía, el genocidio nos hace conocer minorías étnicas y religiosas que, de otra forma, permanecerían en la oscuridad”.

Se estima que existen en el mundo alrededor de un millón de yazidíes, instalados desde tiempos inmemoriales en el norte de Irak y Siria, y también en el sudeste de Turquía. Armenios y yazidíes comparten una historia reciente de persecución y genocidio. En las primeras décadas del siglo XX, mientras los primeros eran masacrados por los turcos, los segundos les ofrecían protección. Y viceversa, habida cuenta que algunos historiadores contabilizan hasta 70 persecuciones distintas contra los yazidíes. El penúltimo fue en 2007, cuando Al Qaeda atacó a las comunidades yazidíes del norte de Irak causando 796 muertos y 1 500 heridos. Ante semejantes peligros, ambos pueblos se han ofrecido protección mutua: “Mi abuela me decía que prefería hacer sus compras en los sitios que eran propiedad de los armenios”, recuerda la periodista alemana de origen yazidí Düzen Tekkal.

Pero algo diferencia a ambos pueblos: mientras que los armenios viven su religión públicamente y con orgullo, los yazidíes han estado recluidos, manteniendo su vida religiosa en secreto. “Siempre se mantuvieron alejados de la vida pública y de la educación. Prefirieron no enviar a sus hijos al colegio por miedo a la islamización”, dijo Düzen.

Este es uno de los motivos por los que se conozca tan poco de este pueblo, de sus creencias y costumbres. El otro es que estamos ante una religión que no es conquistadora, como el islam, ni proselitista, como la cristiana. Cualquiera es libre de encontrar atractiva la religión yazidí, pero nadie que no haya nacido en su comunidad puede convertirse a ella. Su milenario aislamiento y el encontrarse en una región peligrosa e inhóspita tampoco a atraído mucho a los antropólogos: el primer estudio serio sobre este pueblo -y uno de los pocos que existen- es del orientalista francés del siglo XIX Johachim Menant.

De ahí que su historia sea tan desconocida como su religión. No poseen libro sagrado, lo que les convierte a ojos del restos de los pueblos de la región en infieles. Su tradición es exclusivamente oral por lo que su historia se fundamenta en leyendas de las que, en el mejor de los casos, se desconoce su origen.

Los yazidíes no representan más que una mínima parte de los habitantes del Kurdistán. Hablan la misma lengua que los kurdos, el kurmanji, pero físicamente no se parecen. De hecho, entre los pueblos de Oriente Medio las yazidíes están consideradas como mujeres de gran belleza: de piel morena, destacan por el vigor de su fisonomía y la armonía de sus rasgos, con rostros que consideran de una regularidad perfecta. De ahí la obsesión de los terroristas del Dáesh por comprar una mujer yazidí, como demuestran los vídeos que ellos mismos suben a YouTube.

Es un pueblo sencillo, pacífico, sin pretensiones de conquista más allá de dominar la naturaleza para poder sobrevivir. En una región caracterizada por conquistadores y opresores, han aprendido a convivir con otros pueblos en las más duras condiciones. Como dijo un periodista “son de las personas con las que resulta más fácil hacer las paces, pero nadie en este mundo puede hacerlas con el Dáesh”.

Referencia: 
Açikyildiz, B. (2014) The Yezidis, I. B. Tauris

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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