Vida en otros planetas: así es buscar una aguja en un pajar cósmico

¿Qué condiciones debe tener un exoplaneta candidato a albergar vida?

Desde que la ciencia moderna descubrió que nuestro lugar en el universo es bastante discreto, el ser humano se ha preguntado si podría haber otras civilizaciones como la nuestra en algún lugar del cosmos. Esta posibilidad dejó de pertenecer al campo de la filosofía y se convirtió en ciencia a mediados de los años noventa. En concreto, el 6 de octubre de 1995, fecha en la que Michel Mayor y Didier Queloz anunciaron el descubrimiento del primer planeta orbitando a una estrella de tipo solar, 51 Pegasi B.

Desde su descubrimiento hace 24 años se han hallado más de 4.000 nuevos exoplanetas, constituyendo una de las líneas de investigación más prometedoras del siglo XXI y haciendo merecedores en 2019 a ambos investigadores de la mitad del Nobel de Física.

Pese a la esperanzadora cantidad de exoplanetas hallados hasta ahora, los astrofísicos han explorado solo una breve fracción del cosmos. Aunque la tecnología en grandes telescopios estelares ha evolucionado mucho en los últimos 20 años, las limitaciones del ser humano en cuanto a exploración espacial aún son considerables. Así lo reafirma un nuevo modelo de simulación de la Universidad de Chicago y la NASA: este sugiere que podría haber mucha más vida ahí fuera de lo que podemos llegar a detectar.

En la búsqueda de vida en otros planetas, es habitual que los científicos traten de localizar candidatos en planetas similares a la Tierra. Ejemplos de ello son algunos planetas rocosos localizados en el sistema Trappist: son planetas de roca (los gaseosos quedan descartados), de un tamaño similar al de la Tierra, a una distancia de su estrella dentro de la franja habitable (ni demasiado cerca ni demasiado lejos) con agua líquida, y con una atmósfera. Buscamos, como Ricitos de Oro, un planeta ajustado a la vida tal y como la conocemos.

Pero olvidamos que la vida, tal  y como existe en la Tierra, puede sobrevivir en condiciones muy extremas de frío y calor, en volcanes, en ambientes radiactivos… Esto significa que no podemos descartar ambientes que pueden resultarnos instintivamente hostiles como candidatos para la vida, incluso para formas de vida con una base que no sea de carbono.

Además, al dirigir nuestra mirada a otros sistemas solares puede que obviemos lo que se cuece en nuestro propio vecindario: lugares como  Europa (la luna más grande de Júpiter), que probablemente alberga un mar líquido bajo una gruesa capa de hielo; o  Titán (una de las lunas de Saturno), que posee continentes y mares de metano, podrían albergar formas de vida.

Requisito: un nutritivo caldo de vida

Tomando como referencia la vida en la Tierra, que es lo único que conocemos, sabemos el caldo primitivo de la vida se gestó en los océanos. Por tanto, podemos estar de acuerdo en que el agua es el requisito elemental en la búsqueda de vida en otros planetas. Pero todo depende de cómo se presente este agua, como se explica en este artículo de Nobbot. Para la geoquímica Stephanie Olson, de la universidad de Chicago: “No todos los océanos son igual de hospitalarios. Algunos océanos son mejores lugares para vivir que otros debido a sus patrones de circulación global”, es decir, a los sistemas de circulación de nutrientes.

Gracias a una herramienta de modelado informático de la NASA ROCKE-3D, el equipo de Olson logró simular los patrones de circulación atmosféricos y oceánicos de multitud de planetas, para así identificar los océanos extraterrestres con mayor capacidad de albergar vida activa y abundante.

En el caso de la Tierra, la vida depende de corrientes ascendentes de nutrientes, desde las profundidades abisales hacia las zonas superiores, donde hay luz solar. Estas corrientes se denominan afloramientos. “Más afloramientos implican más reabastecimiento de nutrientes y, por tanto, más actividada biológica”.

Estas son las condiciones que debemos buscar en los exoplanetas: no solo que tengan agua, sino que en estas aguas haya un buen reciclaje de nutrientes, que asegure un buen caldo de cultivo para la vida.

Otra de las conclusiones del estudio fue que para que se produzcan estos afloramientos, determinadas condiciones son más favorecedoras que otras; en concreto, la alta densidad atmosférica, la rotación lenta y la presencia de continentes superficiales. Esto quiere decir que quizás existe algún planeta rocoso más idóneo aún para la vida que la propia Tierra.

Buscar vida exactamente tal y como la conocemos es limitante, como buscar una aguja en un pajar cósmico. Por eso, puede que nos estemos dejando fuera de la ecuación otras condiciones igualmente favorables para la vida. Solo tenemos que abrir nuestra mente, y la lente de nuestro telescopio espacial.

Laura Marcos

Laura Marcos

Nunca me ha gustado eso de 'o de ciencias, o de letras'. ¿Por qué elegir? Puedes escribirme a lmarcos@zinetmedia.es

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