USS Eldrige, el barco invisible

Durante la Segunda Guerra Mundial la marina norteamericana realizó unas pruebas de invisibilidad para sus navíos que fueron un completo y trágico desastre: el experimento Filadelfia. ¿O realmente es todo una invención?

 

En 1943 la Marina norteamericana estaba convencida de que podía conseguir la invisibilidad al radar, algo que le daría una ventaja táctica sobre la flota japonesa en el Pacífico. El fundamento teórico no está demasiado claro, porque hay quien apunta a una consecuencia de la Teoría del Campo Unificado, un término acuñado por Albert Einstein para describir sus esfuerzos por encontrar una formulación matemática conjunta del electromagnetismo y la gravedad. Algunos relatos ahondan más en este punto, mencionando que los científicos de la Marina pensaban que si usaban potentes generadores eléctricos podrían conseguir que ese misterioso campo unificado provocara una fuerte refracción que, literalmente, haría que la luz rodeara por completo al objeto, lo que lo volvería totalmente invisible tanto al radar como al ojo humano.

Así que ni cortos ni perezosos, y como en la Marina norteamericana parece que todo se hace a lo grande, en lugar de comenzar con pequeños objetos decidieron hacer la prueba directamente con un barco, el destructor de escolta USS Eldridge, al que equiparon con el equipo requerido en el Astillero Naval de Filadelfia. Las pruebas comenzaron en el verano de 1943 y al parecer tuvieron un éxito limitado: en una prueba el Eldridge se volvió casi invisible apareciendo una especie de niebla verdosa en su lugar. Interrogados los miembros de la tripulación la mayoría confesó haber sentido náuseas y muchos habían vomitado. Eso sí, lo que es un misterio es porqué dejaron a la tripulación en el barco, habida cuenta de que los científicos militares desconocía cuáles eran los efectos de ese supuesto campo sobre los organismos vivos; al parecer, a la Armada le sobraban cobayas humanas para experimentar.

Visto el penoso resultado, los responsables deberían haber detenido la prueba, pero minucias como esas no son de las que detienen a los esforzados científicos de la Marina y el experimento se repitió el 28 de octubre de 1943. Pero hubo un problema: los técnicos cometieron un error al no recalibrar el instrumental debidamente -signifique eso lo que signifique-. Esta vez el Eldridge no solo se volvió invisible, sino que desapareció del puerto envuelto en un destello de luz. No se había desintegrado sino que 'apareció' en Norfolk, Virginia, a más de 320 kilómetros de distancia. Allí los sorprendidos marinos del SS Andrew Furuseth -un buque de carga construido durante la II Guerra Mundial- vieron aparecer y desaparecer el Eldridge ante sus propios ojos. El barco reapareció en Filadelfia justo en el lugar de donde había desaparecido. Ya podemos imaginar lo que le sucedió a la pobre tripulación: algunos aparecieron incrustados en la estructura del barco, bastantes sufrieron trastornos mentales, unos pocos se rematerializaron con todos sus órganos en el exterior y otros, simplemente, desaparecieron.

Tras el desastre, carpetazo con orden de que nadie hablara del asunto. Esta es, a grandes rasgos, la historia del 'experimento Filadelfia'.

El origen de la leyenda

Lo cierto es que cuesta creer que alguien se la haya tomado en serio en algún momento (y así ha sido). El argumento es el de una película, y no por lo inverosímil de la supuesta ciencia que hay debajo -que no existe- sino por el comportamiento de los responsables de la marina, los marineros involucrados y sus familiares. La historia tiene todos los tintes de la clásica película del científico loco que está tan seguro de sí mismo que no necesita hacer demostraciones previas, es capaz de desarrollar una tecnología totalmente nueva en un tiempo récord y con unos 'daños colaterales' totalmente asumibles. Y el hilo narrativo no puede ser más peliculero: va in crescendo hasta el (previsible) desastre final.

¿Pero a quién se le ocurrió semejante dislate?

La verdadera historia del experimento Filadelfia nació en 1955, cuando un vendedor, graduado en astronomía por la Universidad de Michigan y reconvertido en ufólogo, Morris K. Jessup, publicó un libro titulado The Case for the UFO. Fascinado por la habilidad aérea de los platillos volantes, planteaba una serie de hipótesis pintorescas sobre el tipo de propulsión que los animaba. En su gira de promoción del libro, Jessup pedía a su audiencia que alentaran a los legisladores a financiar programas de investigación sobre la antigravedad y la (inexistente) Teoría del Campo Unificado de Einstein para “conseguir viajes espaciales efectivos y económicos".

El 13 de enero de 1956 Jessup recibió una carta desde New Kensington (Pensilvania). El remitente era un tal Carlos Miguel Allende y en ella le reprendía por sugerir que se investigara en la (repito, inexistente) Teoría del Campo Unificado. Allende le contó que en octubre de 1943 la Marina de EEUU había utilizado las teorías de Einstein en un experimento que no solo hizo invisible un destructor, sino que también provocó que fuera teletransportado desde el muelle de Filadelfia a Norfolk en cuestión de minutos. El intenso campo de fuerza utilizado hizo que muchos tripulantes cayeran en un ciclo de invisibilidad o, como Allende dijo, en el "limbo". Para apoyar su historia Allende se refirió vagamente a artículos en periódicos regionales y mencionó algunos nombres de personas que supuestamente presenciaron accidentalmente este experimento a bordo del S.S. Andrew Furuseth.

USS Eldrige
USS Eldrige

Lo creo, no lo creo...

Jessup no sabía qué creer. A lo mejor ese Allende era un chiflado, o quizá no lo era. En una carta le pidió pruebas que refrendaran su increíble historia. El 25 de mayo Jessup recibió respuesta: Allende se convirtió en Carl M. Allen, no era capaz de recordar las fechas exactas ni tampoco nombre alguno... Jessup lo tuvo claro y abandonó el asunto.

Pero en la primavera de 1957, la Oficina de Investigación Naval en Washington le llamó para celebrar una reunión. Allí un oficial le entregó una copia en rústica de su libro que alguien había enviado por correo de forma anónima. Jessup no entendía de qué iba todo eso hasta que abrió el libro: había una serie de anotaciones en los márgenes del texto realizadas por tres personas diferentes en tres tonos diferente de azul, y que fueron bautizadas como "Sr. A.", "Sr. B." y "Jemi" (pues así se autotitulaba). Jessup reconoció de inmediato la letra del Sr. A con su extraña ortografía; era la de su misterioso corresponsal Carlos Allende (doce años después, Allen diría que fue el autor de todas las anotaciones para "asustar a Jessup").

Dos miembros de la Oficina de Investigación Naval se interesaron por el caso y en su tiempo libre se dedicaron a investigar toda esta historia. Incluso viajaron a Pensilvania para localizar el apartado de correos desde donde le llegó la carta a Jessup, pero lo único que encontraron fue un solar vacío.

Jessup siguió su camino en el mundo de la ufología, pero sin éxito. Sus libros no se vendían, su editor dejó de interesarse por sus manuscritos y una serie de reveses personales llevaron a Jessup al suicidio el 20 de abril de 1959. Bastantes años más tarde, en 1979, entraron en acción William Moore y Charles Berlitz publicando El experimento Filadelfia: proyecto invisibilidad. Su estrategia fue rescatar, actualizar y engordar una historia antigua, archivada y olvidada como absolutamente increíble. Una táctica que al año siguiente volverían a usar con el que sería su gran best-seller, El incidente, sobre el supuesto platillo volante estrellado en Roswell.

El experimento Filadelfia es un ejemplo claro de leyenda conspiranoica. La prueba de que no sucedió es que no hay la más mínima prueba. El diario de guerra del barco demuestra que estuvo en Nueva York, Long Island, Norfolk, Casablanca, pero nunca en Filadelfia. Quizá por eso el experimento fue un gran éxito: nadie lo vio porque nunca estuvo. Cuando en 1999 se reunieron en Atlantic City los veteranos del Eldridge, las risas se escucharon en manzanas a la redonda.

Ya lo dice el escritor Terry Prachett: la verdad está ahí fuera, pero las mentiras están en tu cabeza.

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Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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