Una naturaleza desbordante en los premios Montphoto 2020

La 24ª edición de los premios del concurso internacional de fotografía de naturaleza y de montaña se celebró exclusivamente online.

montphoto

El certamen de fotografía MontPhoto (www.montphoto.com) es uno de los más importantes del mundo dedicados a la naturaleza. Como tantas otras cosas en este año, su vigesimocuarta edición ha estado marcada por la pandemia de la covid-19 y ha tenido que celebrarse online. No obstante, ello no ha impedido que los organizadores recibieran más de 14 .000 instantáneas procedentes de 68 países.

 

Retratos de la vida en el planeta.

En esta ocasión, una espectacular imagen nocturna tomada por el italiano Lorenzo Shoubridge , en la que puede verse a un grupo de lobos moviéndose sigilosamente por los Alpes Apuanos, en e l norte de la Toscana, ha sido la mejor valorada por el jurado .

Los responsables de esta iniciativa se muestran muy satisfechos con el desarrollo de este encuentro virtual, que ha contado con distintas ponencias y la participación de figuras destacadas en este campo, como la fotógrafa y documentalista estadounidense Ami Vitale, ganadora en cinco ocasiones del World Press Photo. “El compromiso con nuestros seguidores nos obliga a reinventarnos, pero sin rebajar ni un ápice la calidad del contenido”, asegura Paco Membrives, uno de los fundadores de MontPhoto.

Esta entidad, asentada en la localidad gerundense de Lloret de Mar, busca así nuevos caminos para promover sus objetivos: “Valorar, promocionar y difundir el arte de la fotografía de naturaleza y contribuir a la defensa medioambiental, el conservacionismo y el ecologismo ” .

 

El mundo de los platillos volante s ya no es lo que era. Su edad de oro ocupó la mitad del siglo pasado , pero con la llegada del nuevo se fue difuminando hasta convertirse en una sombra de lo que fue. Prueba de ello es que los ufólogos más conocidos de su tiempo viajaron, como los elfos de la Tierra Media, a otras costas, aunque sin abandonar completamente sus orígenes.

Algunos han publicado libros que llaman de divulgación científica , pero dándole un toque alternativo. Un ejemplo es El código secreto (2001) , de Bruno Cardeñosa , donde se aventura que somos producto de algún tipo de evolución dirigida . Y añade: “Las pruebas de tan arriesgadas afirmaciones están en esos archivos secretos que la ciencia y los científicos parecen empeñados en mantener lejos del alcance del gran público, por la sencilla razón de que no se ajustan a los patrones establecidos”. Hay en ello un paralelismo con los buenos tiempos de las conspiraciones ufológicas , como la que decía que el Gobierno estadounidense ocultaba un ovni . Ahora les toca a los paleontólogos, compinchados en un complot evolutivo.

Esta animadversión hacia la ciencia académica es común a los ‘ periodistas del misterio ’, pero en la última década hemos presenciado una curiosa mutación: ahora han incorporado es a malvada ciencia oficial a su discurso , en una búsqueda, quizá, de respetabilidad. ¿Cómo? Involucrando a los propios científicos. Ocurre en el programa Cuarto Milenio , de Iker Jiménez , por el que han pasado primeros espadas de la ciencia, como Juan Ignacio Cirac, físico experto en computación cuántica, y Jos é María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca. ¿Qué mensaje se transmite así a los espectadores?

El caso es que incluir entre la lista de colaboradores a investigadores provenientes de la inmovilista y cobarde ciencia oficial – y esos adjetivos no son míos – se ha ido convirtiendo en norma. Tenemos el caso del profesor de Bioinformática de la Universidad de Málaga, Francisco R. Villatoro, con su sección de ciencia en La r osa de los vientos , un programa dirigido por Bruno Cardeñosa . Podemos escuchar al primero hablando de agujeros negros y , acto seguido , a Erich von Däniken, un suizo que lleva medio siglo diciendo que el ser humano es producto de una manipulación genética alienígena.

La idea está calando y el público ve estos programas como de divulgación científica . ¿Importa? Parece que no . Hace unos años, cuando pregunté a un miembro del gabinete de prensa del CSIC porqué no decían nada a sus investigadores por acudir a programas pseudocientíficos, me contestó: “ Interesa que salgan en la tele; da igual dónde”. Ellos sabrán. 

 

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