Una historia cultural de la mierda

La relación entre la caca y el ser humano va más allá de defecar. Por ella se han declarado guerras y mantenido todo un sistema de castas, con ella se han levantado paredes y se ha hecho arte.

 

El 23 de mayo de 2007, en la casa de subastas Sotheby's, se vendía una lata de 5 cm de alto por 6,5 de diámetro y con aspecto de contener alguna delicatessen por 124 000 euros. Al año siguiente otra, la lata 083, se vendía en la misma casa por unas 70 000 libras esterlinas. Pero lo que contenían no era nada apetitoso, salvo que a usted se le haya diagnosticado la parafilia que aparece con el código 302.9 en el Manual diagnóstico y estadístico de los desórdenes mentales de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos: coprofilia. Porque lo que la etiqueta de estas latas anuncia en italiano, inglés, francés y alemán es "Mierda de Artista: 30 gramos netos, conservada al natural, producida y envasada en mayo de 1961". El total de 90 latas de esta "exquisitez" son producto del artista conceptual italiano Piero Manzoni, que las puso a la venta en aquel tiempo al valor de 30 gramos de oro. Teniendo en cuenta que el precio actual de ese peso de oro es de unos 970 euros... sobran los comentarios. Si quiere ver una solo tiene que acercarse al Museu d'Art Contemporani de Barcelona. Según la página web oficial el artista, muerto a los dos años de crear esta obra, quiso criticar el mercado del arte que está "dispuesto a comprar todo a condición que sea firmado". No se equivocó ni un pelo.

Hacer de vientre

Hacer aguas mayores es, para todos nosotros, un acto de intimidad entre nuestro cuerpo y el retrete, aunque no ha sido siempre así. Durante la Edad Media cada cual las hacía donde le parecía. En ciudades como París el hedor que desprendían las calles era insoportable y al volver una esquina podías encontrar a alguien defecando. En 1589 la corte inglesa tuvo que colgar la siguiente advertencia en palacio: "No se permite a nadie, quienquiera que sea, antes, durante o después de las comidas, ya sea tarde o temprano, ensuciar las escaleras, los pasillos o los armarios con orina u otras porquerías". No es de extrañar que Erasmo de Rotterdam aconsejara en 1530 que "es descortés saludar a alguien mientras esté orinando o defecando" o que un manual de buenas maneras de 1700 recomendara que "si pasas junto a una persona que se esté aliviando, debes hacer como si no la hubieras visto".

El problema sanitario era obvio. En ausencia de un sistema de cloacas y con el aumento del tamaño de las ciudades, la cantidad de desperdicios se disparaba de manera alarmante. Así, para que en el siglo XVIII la mierda no llegase literalmente al cuello de los londinenses, en ciudades como la capital el imperio británico existían recogedores manuales de inmundicias. Se les obligaba a trabajar entre la medianoche y las 5 de la madrugada, se movían en carretas con cuatro operarios y anunciaban su llegada haciendo sonar una campana. Si el retrete se encontraba en el jardín trasero de la vivienda y el único acceso que tenían era por la puerta principal, el motivo de su trabajo debía cruzar toda la casa. Para llegar a los pozos ciegos llevaban linternas, cuerdas y todo el equipo necesario para bajar y recoger las porquerías llamadas eufemísticamente night soil.

Recogecacas

Curiosamente, este nombre trae malos recuerdos a los habitantes más ancianos de ciudades como Singapur. Tras la II Guerra Mundial las infraestructuras quedaron prácticamente destruidas y la única forma de eliminar los productos fecales humanos era mediante este método de recolección manual. Durante la primera mitad del siglo XX, cuando el Partido Nacionalista Chino (Kuomintang) gobernaba el país, los hombres más pobres se dedicaban a la recolección de las deposiciones de sus conciudadanos, que transportaban a la manera tradicional, en dos cubos colocados en los extremos de un palo apoyado sobre sus hombros. En Hong Kong el sinónimo de night soil significaba "verter fragancia en la noche".

Lo peor de todo es que en pleno siglo XXI, en la India, todavía existen quienes se encargan de este tipo de "servicio": son considerados intocables y se les llama safai karmachari. A principios de este siglo el gobierno de este país que, recordemos, posee bombas atómicas y tecnología nuclear, reconocía que todavía quedaban 676 000 personas recogiendo la mierda de sus convecinos. Un número que ha sido denunciado como demasiado optimista por diferentes organizaciones sociales, que lo estiman en 1,3 millones de personas. Hoy todo sigue igual.

Declarar una guerra por la caca de las aves

Estoy seguro que si le digo que ha habido guerras por culpa de unas heces va a alzar incrédulo las cejas. Pero es así. Fue la llamada Guerra del Pacífico, que se vivió en Sudamérica entre 1879 y 1883 y que enfrentó a la alianza peruano-boliviana y Chile por el control del salitre y el guano, que no es otra cosa que excrementos de aves marinas y un potente fertilizante.

Pero el popó animal no solo sirve para abonar el suelo. Las heces de ganado secadas al sol, como las de camello o bisonte, se usan como combustible y material base para hacer el adobe que acaba cubriendo suelos y paredes. Incluso algunos pueblos tienen un concurso de lanzamiento de boñiga de camello y de vaca. ¿Y qué decir del Kopi Luwak o café de civeta? Esta infusión se hace con granos de café que han sido comidos y luego defecados por la civeta de las palmeras común o Paradoxurus hermaphroditus, un animal parecido al mapache que vive en India, sur de China e Indonesia. Y en Asia Central las boñigas de oveja se utilizan en el Kumalak, un sistema para predecir el futuro.

Referencia:

Laporte, D. (1998) Historia de la mierda, Editorial Pre-Textos

Piñol, M. (2016) El gran tratado de la caca, Editorial Planeta

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

Continúa leyendo