Un modelo climático concluye que Venus no tuvo océanos ni fue habitable

Un estudio publicado en 'Nature' propone un escenario alternativo a la hipótesis más aceptada de que Venus tuvo un gran océano de agua líquida. El pasado del 'gemelo infernal' de la Tierra sigue siendo una incógnita.

Venus
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A Venus se le suele considerar el ‘gemelo’ de la Tierra, debido a su cercanía y tamaño similar a nuestro planeta pero, más allá de eso, las diferencias entre ambos mundos son más que notables. Actualmente, Venus contiene una atmósfera muy densa de dióxido de carbono, condiciones de temperatura y presión extrema, así como densas nubes de ácido sulfúrico.

Aunque en la actualidad Venus es un planeta poco propicio para la vida, existen muchas incógnitas sobre su pasado, y una de las hipótesis más aceptadas es que hace más de 4 000 millones de años Venus pudo haber contenido un gran océano de agua líquida superficial.

Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Nature, y que seguramente dará mucho que hablar, muestra los resultados de una simulación climática que indican que las condiciones del pasado tampoco habrían permitido la formación de océanos en la superficie de nuestro gemelo. Los resultados son puramente teóricos y se espera que las futuras misiones espaciales a Venus puedan aportar más luz para ayudar a corroborar o refutar estos datos.

El equipo de astrofísicos, dirigido por la Universidad de Ginebra (UNIGE) y el Centro Nacional de Competencia en Investigación (NCCR) PlanetS, Suiza, empleó modelos tridimensionales de la atmósfera, similares a los que se usan para simular el clima actual de la Tierra, para estudiar la evolución de las atmósferas de ambos planetas y analizar si se daban las condiciones necesarias para la formación de océanos.

“Simulamos el clima de la Tierra y Venus al comienzo de su evolución, hace más de cuatro mil millones de años, cuando la superficie de los planetas aún estaba fundida”, explica Martin Turbet, uno de los autores. “Encontramos altísimas temperaturas que indican que el agua habría estado siempre en forma de vapor, como si fuera una gigantesca olla a presión”.

“Gracias a nuestras simulaciones, pudimos demostrar que las condiciones climáticas no permitían que el vapor de agua se condensara en la atmósfera de Venus”, explica Turbet. Esto significa que las temperaturas nunca bajaron lo suficiente como para que el agua en su atmósfera formara gotas de lluvia que pudieran caer sobre su superficie. En cambio, el agua permaneció siempre en forma de gas y los océanos nunca llegaron a formarse. “Una de las principales razones son las nubes que se forman preferentemente en el lado nocturno del planeta. Estas nubes provocan un efecto invernadero muy potente que impidió que Venus se enfriara tan rápido como se pensaba hasta ahora”, prosigue el investigador ginebrino.

Pequeñas diferencias con graves consecuencias

Sorprendentemente, las simulaciones de los astrofísicos también revelan que la Tierra podría haber sufrido fácilmente el mismo destino que Venus. Si la Tierra hubiera estado un poco más cerca del Sol, o si el Sol hubiera brillado tan intensamente en su "juventud" como lo hace hoy en día, nuestro planeta natal se vería muy diferente hoy. Es probable que la radiación relativamente débil del joven Sol permitiera que la Tierra se enfriara lo suficiente como para condensar el agua que forma nuestros océanos.

Para Emeline Bolmont, otra de las autoras, este hallazgo supone invertir totalmente las creencias previas: “Siempre se ha considerado que un Sol joven y débil podría haber sido un gran obstáculo para la aparición de la vida en la Tierra”, explica. El argumento era que, si la radiación del Sol hubiera sido mucho más débil, la Tierra se habría convertido en una bola de hielo hostil a la vida. “Pero resulta que, por el contrario, para una Tierra joven y muy recalentada, este Sol débil pudo haber supuesto, precisamente, una oportunidad inesperada”.

Datos que necesitan ser confirmados

“Nuestros resultados se basan en modelos teóricos y son un pilar importante para responder a la pregunta de la historia de Venus”, dice el coautor del estudio David Ehrenreich. “Pero no podremos dar un veredicto definitivo en nuestros ordenadores. Las observaciones de las tres futuras misiones espaciales de Venus serán esenciales para confirmar o refutar nuestro trabajo”, reconoce el investigador.

Referencia: Turbet, M., Bolmont, E., Chaverot, G. et al. Day–night cloud asymmetry prevents early oceans on Venus but not on Earth. Nature 598, 276–280 (2021).

 

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