Un hombre ciego recupera parcialmente la visión gracias a terapia optogenética

Te explicamos en qué consiste esta técnica, cómo funciona y cuáles son las limitaciones encontradas en este ensayo publicado en la revista 'Nature Medicine'.

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La retinosis pigmentaria es una enfermedad degenerativa que destruye los fotorreceptores del ojo, unas neuronas sensibles a la luz y que probablemente sean de las células más especializadas y sensibles del cuerpo humano. Ahora, una novedosa terapia genética podría ayudar a paliar los efectos de esta patología: el primer paso, un ensayo clínico que se publica en la revista Nature Medicine y que relata la restauración parcial de la vista en un hombre de 58 años, ya está dado. La técnica empleada se denomina terapia optogenética, y utiliza destellos de luz para controlar la expresión génica y la activación de las neuronas. Además, se está investigando como un tratamiento potencial para el dolor, la ceguera y los trastornos cerebrales.

Como se explica en la revista Nature, en una retina sana, los fotorreceptores detectan la luz y envían señales eléctricas a las células ganglionares de la retina (RGC), que luego transmiten la señal al cerebro. La terapia optogenética empleada omite por completo las células fotorreceptoras dañadas mediante el uso de un virus para administrar proteínas bacterianas sensibles a la luz en las RGC, lo que les permite detectar imágenes directamente sin pasar por los fotorreceptores.

En el caso de estudio, los investigadores inyectaron el virus en el ojo de un hombre con retinosis pigmentaria y esperaron cuatro meses para que la producción de proteínas por parte de las células ganglionares de la retina se estabilizara. Después, los investigadores diseñaron un prototipo de gafas que capturan la información visual y la optimizaran para la detección por parte de las proteínas bacterianas. El participante del ensayo tuvo que entrenar con las gafas durante varios meses antes de que su cerebro se adaptara para interpretar los puntos correctamente. Finalmente, pudo distinguir imágenes de alto contraste, incluidos objetos en una mesa y las rayas blancas en un paso de peatones. Cuando los investigadores registraron su actividad cerebral, encontraron que su corteza visual reaccionaba a la imagen de la misma manera que lo haría si tuviera una vista normal. Eso sí, debido a que la retina contiene alrededor de cien veces más fotorreceptores que los RGC, la resolución de las imágenes detectadas por los RGC nunca será tan buena como la visión natural.

Limitaciones de este trabajo

Aunque el ensayo se ha completado en tan solo una persona, otras seis han sido inyectadas con las mismas proteínas sensibles a la luz, pero la pandemia ha retrasado su entrenamiento y los investigadores esperan tener resultados pronto. Habrá que esperar para saber si estos resultados son replicables, pues al tratarse de una única persona no se pueden generalizar los resultados. “Se trata de un estudio de alta calidad, que se lleva a cabo y se controla con sumo cuidado”, explica a Science Media Centre James Bainbridge, profesor de estudios de retina en la Universidad Global de Londres y que no ha participado en el estudio. “El problema es que los hallazgos se basan en pruebas de laboratorio realizadas en una sola persona, así que será necesario seguir trabajando para averiguar si esta tecnología es realmente útil. El comunicado de prensa describe un reconocimiento mejorado de los objetos, pero no hay evidencia en los resultados del estudio”, matiza.     

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