Un estudio muestra que aún somos sorprendentemente parecidos a los primeros animales de la Tierra

Aunque estos animales carecían de cabeza o extremidades, todavía quedan fragmentos de ellos dentro de nosotros.

fósil
Fósil de Dickisonia, uno de los animales más antiguos del planeta.

Los seres humanos somos muy parecidos a los primeros organismos multicelulares de la Tierra, pese a que estos carecían de cabeza, piernas o brazos. Esto es lo que concluye una nueva investigación publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B. De hecho, tal como asegura el estudio, todavía quedan fragmentos de ellos dentro de nosotros.

Según un estudio de la Universidad de California (Estados Unidos), las criaturas oceánicas de hace 555 millones de años (a finales del periodo Ediacárico) comparten genes con muchos de los animales actuales, incluyendo los seres humanos. Los registros fósiles que se conservan de ellos han permitido a Mary Droser, profesora de geología de la Universidad de California y al autor del estudio, Scott Evans, asociar la apariencia y el comportamiento de dichos animales con el análisis genético de los animales actuales. 

fósil marino
Pixabay.

Para llevar a cabo la investigación, los científicos seleccionaron cuatro animales de las más de cuarenta especies reconocidas del período Ediacárico. El tamaño de estos animales variaba notablemente, pues algunas medían unos pocos milímetros mientras que otras alcanzaban hasta un metro de longitud. Entre las especies analizadas se encuentran las kimberella (un animal en forma de lágrima que habitaba en el fondo del mar) y los ikaria (animales que tenían el tamaño de un grano de arroz y que se arrastraban a través de la materia orgánica).

Los cuatro animales eran multicelulares, con células de diferentes tipos. Además, algunas de estas especies carecían de extremidades y hasta de cabeza, por lo que tenían una apariencia similar a una alfombra de baño redondeada.

 Los científicos también han descubierto que algunos de estos animales eran capaces de reparar partes dañadas de su cuerpo mediante un proceso conocido como apoptosis. Y, tal como ha evidenciado la investigación, los genes implicados en aquel proceso son componentes clave del sistema inmunitario humano, pues ayudan, por ejemplo, a eliminar las células infectadas por un virus o las células precancerosas.

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