Un colosal terremoto revela montañas a 660 kms bajo nuestros pies

Los geólogos detectan una capa del manto terrestre hasta ahora desconocida.

El escritor de ciencia ficción Julio Verne imaginó una vez un paisaje subterráneo en lo más profundo del planeta en su gran obra “Viaje al centro de la tierra”. Aunque no vayamos a toparnos con criaturas prehistóricas allá abajo, un nuevo estudio ha revelado que existen montañas y llanuras a 660 kilómetros bajo la corteza terrestre.

Precisamente un equipo de geofísicos de la Universidad de Princeton (EE. UU) y la Academia de Ciencias de China utilizaron los ecos de un terremoto masivo que sacudió a Bolivia hace dos décadas para reconstruir la topografía en lo profundo de la superficie.

 

El 9 de junio de 1994, un temblor de magnitud 8.2 en la escala Richter sacudió una región escasamente poblada de la Amazonía en la nación sudamericana. Nada tan poderoso se había visto en décadas, y su eco se sintió hasta en Canadá.

"Los terremotos tan grandes no ocurren muy a menudo", comenta la geocientífica Jessica Irving.

Este terremoto no fue solo grande, sino también profundo, con un punto focal estimado a una profundidad de poco menos de 650 kilómetros. A diferencia de los terremotos que se mueven a través de la corteza, la energía de estos monstruos geológicos puede sacudir todo el manto como si de un cuenco de gelatina se tratase.

 

El temblor fue uno de los primeros en medirse en una red sísmica moderna, proporcionando a los investigadores grabaciones sin precedentes de las ondas que rebotan en el interior de nuestro planeta.

Al igual que las ondas de sonido de un ultrasonido pueden revelar diferencias en la densidad del tejido dentro de un cuerpo, las enormes ondas que pulsan a través de las entrañas fundidas de la Tierra mientras su corteza se estremece y se mueven contra sí misma pueden usarse para dibujar una imagen perfecta de lo que puede haber ahí abajo.

 

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Los científicos aprovecharon la intensidad del terremoto de 1994 para detectar la dispersión de las ondas al transitar entre capas, revelando detalles de los límites.

"Sabemos que casi todos los objetos tienen rugosidad en la superficie y, por lo tanto, dispersan la luz. Por eso podemos ver estos objetos: las ondas dispersas llevan la información sobre la rugosidad de la superficie", aclara Wenbo Wu, el Instituto de Tecnología de California y líder del trabajo que publica la revista Science. "En este estudio, investigamos las ondas sísmicas dispersas que viajan dentro de la Tierra para limitar la rugosidad del límite de 660 kilómetros de la Tierra".

 

En esta profundidad, hay una división entre las partes inferiores más rígidas del manto y una zona superior que no está sometida a tanta presión, una que crea una discontinuidad marcada por la aparición de varios minerales.

El agujero más profundo del mundo que hemos cavado apenas cuenta con 12 kilómetros de profundidad, por lo que sin un túnel a escala de Julio Verne para dejarnos bajar a dicha profundidad, no tenemos ni idea de cómo es esta zona de transición. Hasta ahora. (Vaya, parece que no hay hormigas gigantes...).

 

Montañas y llanuras bajo la corteza terrestre



Los expertos han concluido que el punto de encuentro entre las partes superior e inferior del manto conforma una cadena montañosa en zigzag que pone en evidencia algo superficial.

"En otras palabras, una topografía más fuerte que las Montañas Rocosas o los Apalaches está presente en el límite de 660 kilómetros", dice Wu.

 

Esta línea dentada tiene implicaciones significativas para la formación de la Tierra. La mayor parte de la masa de nuestro planeta consiste en manto, por lo que saber cómo se mezcla y cambia al transferir calor nos informa de cómo evoluciona con el tiempo.

Conocer los detalles de esta montaña subterránea podría decidir el destino de varios modelos que describen la historia de la geología en constante cambio de nuestro planeta.

"Lo que es emocionante de estos resultados es que nos brindan nueva información para comprender el destino de las antiguas placas tectónicas que han descendido al manto, y donde el material del manto antiguo aún podría residir", aclara Irving.

 

Referencia: Wenbo Wu, Sidao Ni and Jessica Irving. Inferring Earth's discontinuous chemical layering from the 660-kilometer boundary topography. Science, 2019 DOI: 10.1126/science.aav0822

 

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme por aquí.

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