Un animal del Jurásico y sus 38 crías dan nuevas pistas sobre la evolución de los mamíferos

Aunque los fósiles fueron encontrados hace 18 años, nadie sospechaba que pertenecieran a un adulto con su enorme camada.

Un equipo de científicos de la Universidad de Austin Texas ha conseguido reconstruir un grupo de fósiles que pertenecen a una especie de animal extinto junto a sus 38 crías. Se trata de un hallazgo de suma importancia, ya que hablamos de un ancestro de los primeros mamíferos que mantiene, sin embargo, características más propias de los reptiles. Una criatura muy peculiar que convivió con los dinosaurios hace 185 millones de años, al inicio del Jurásico.

La especie ha sido bautizada como Kayentatherium wellesi y se engloba dentro del grupo de los Mamaliaformes, un clado cuya taxonomía aún no está clara y que engloba a los precursores extintos de los mamíferos actuales.

Para comprender mejor por qué esta nueva especie es tan importante en el estudio de la evolución de nuestros ancestros es necesario recordar que los mamíferos son el grupo animal con el cerebro más grande. El crecimiento de este órgano tan complejo requiere una importante inversión energética y, para ello, hemos adoptado una estrategia reproductiva que consiste en tener pocas crías para poder concentrar todos nuestros esfuerzos en su crecimiento y supervivencia. Otras animales siguen la táctica contraria: tienen muchos hijos de tal forma que, por decirlo de algún modo, malo será que alguno no sobreviva.

El paso de una estrategia a otra implica cambios morfológicos y fisiológicos muy importantes y apenas sabemos cuándo y cómo se produjeron. Es por eso que el descubrimiento de K. wellesi es tan importante, pues aunque el animal seguramente estuvo cubierto de pelo y posee otros rasgos comunes con los mamíferos, su abundante descendencia así como las proporciones de su cerebro son aún más típicos de los reptiles.


“Estos bebés son un punto clave en el árbol evolutivo”, explica Eva Hoffman, una de las autores del trabajo que se acaba de publicar en la revista Nature. “Tenían muchísimas características similares a los mamíferos actuales, y estos rasgos son muy relevantes para entender la evolución del grupo”.



Cerebros a escala

Aunque los fósiles fueron encontrados hace ya 18 años en una formación rocosa de Arizona, sus descubridores pensaron que los restos pertenecían al mismo individuo. No fue hasta tiempo después, con el desarrollo de tecnologías más precisas, cuando los científicos constataron que los huesos más pequeños correspondían a crías cuyos cráneos eran, además, replicas a escala reducida del adulto. Este hallazgo contrasta con las características de los mamíferos, que nacen con las cabezas más redondeadas y las caras más pequeñas para poder acoger grandes cerebros en la madurez.

El que la nueva especie tuviera un cerebro pequeño y muchas crías sugiere que ese paso crítico en la evolución de los mamíferos que consistió en tener camadas más pequeñas y cerebros más grandes se dio posteriormente. “Solo unos pocos millones de años después ya encontramos mamíferos con estas características”, indica Timothy B. Rowe, otro de los autores.

Este cambio en la reproducción de los mamíferos se relaciona directamente con el desarrollo humano. “Ahora que tenemos la tecnología adecuada, creo que podremos descubrir muchos aspectos fascinantes sobre la evolución de la inteligencia, del comportamiento y de la fisiología de los mamíferos a partir del estudio de este fósil”, concluye el experto.

Referencia: Hoffman y Rowe 2018. Jurassic stem-mammal perinates and the origin of mammalian reproduction and growth. Nature . DOI: 10.1038/s41586-018-0441-3

Fotos: Eva Hoffman/ The University of Texas at Austin.

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.