Últimos avances en criobiología

Preservar corazones, cerebros e incluso cuerpos enteros durante años para luego devolverles la vida. La biología del ultrafrío está a punto de conseguirlo.

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Viva tras ochenta minutos bajo el hielo

La temperatura corporal más baja a la que un ser humano ha sobrevivido es de 13,7 ºC. En 1999, una radióloga sueca, Anna Bågenholm, cayó de cabeza a un río congelado mientras practicaba esquí en las montañas de Noruega. Estuvo consciente cuarenta minutos –tuvo la suerte de quedarse atrapada en una bolsa de aire– antes de sufrir una parada cardiorrespiratoria. Cuando consiguieron rescatarla, ya llevaba ochenta minutos bajo la capa de hielo. Después de diez días en cuidados intensivos, Bågenholm despertó paralizada de cuello para abajo. Con el tiempo, consiguió restablecerse casi por completo del accidente, aunque con secuelas en pies y manos.

En los últimos años, la hipotermia terapéutica o inducida está siendo utilizada cada vez con mayor frecuencia para prevenir o mitigar lesiones neurológicas. En algunas unidades neonatales, por ejemplo, emplean esa técnica con niños que han sufrido falta de oxígeno y flujo sanguíneo en el cerebro durante el parto. Los estudios demuestran que mantener la temperatura corporal a 33,5 ºC durante 72 horas reduce el riesgo tanto de morir como de sufrir una discapacidad en el futuro, ya que da un margen de tiempo a los médicos para tratar al bebé.

Se cambia la sangre por anticongelante

A diferencia de la animación suspendida, la criónica conserva pacientes tras certificar oficialmente su fallecimiento, con la esperanza de que la tecnología del futuro permita revivirlos. En esta ocasión, la sangre se sustituye por un anticongelante –parecido al que le ponemos al radiador del coche– y el cuerpo se mantiene en nitrógeno líquido, a -196°C. La sustancia criopreservadora impide que se formen los microcristales de hielo que rompen las estructuras celulares. Es la llamada vitrificación, también empleada con los embriones, que se conservan durante años para ser implantados en los úteros de las madres cuando así lo requieran.

"El problema, en el caso de los humanos adultos, es que no conocemos la manera de revertir el proceso", dice Lluís Estrada, ex jefe de Neurofisiología Clínica del Hospital Universitario de Tarragona. Todavía. Porque la criopreservación reversible es un área de la investigación científica que está dando resultados prometedores.

Ya en 2005, un equipo israelí consiguió reimplantar con éxito el ovario derecho de ocho ovejas después de dos semanas. El flujo sanguíneo se reanudó al instante, y al poco tiempo los animales produjeron óvulos con normalidad. El objetivo final de este tipo concreto de experimentos es salvaguardar la fertilidad de mujeres que, por ejemplo, reciben quimioterapia.

La criopreservación de tejido ovárico es una de las líneas de investigación de CryoBioTech. Para Ramón Risco, director de este grupo de científicos de la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad de Sevilla, ampliarla a órganos más grandes, como el corazón y los riñones, permitiría a los médicos disponer de bancos de repuestos listos para trasplantar.

Pero antes de llegar a ese punto, tendrían que salvar un gran obstáculo: la toxicidad de los anticongelantes. "La mayor parte son alcoholes, y por lo tanto, nocivos en las concentraciones necesarias para vitrificar", afirma Risco. Y continúa: "Si sustituimos un alto porcentaje del órgano con estas sustancias, podemos llegar a intoxicarlo". La estrategia que siguen en CryoBioTech es "visualizar, mediante imágenes por tomografía, cómo se va cargando de anticongelante el órgano". Así controlan la proporción exacta antes de que se eche a perder.

Sesos helados recuperados

En caso de que la técnica avanzara tanto como para que una persona criopreservada pudiera resucitar en el futuro, la toxicidad podría tener graves consecuencias para su organismo, sobre todo en su encéfalo. ¿Cómo conservar las neuronas después de una descongelación? ¿Se mantendrían las sinapsis –o conexiones– entre ellas? De las 250 o 300 personas que, según los cálculos de Estrada, están flotando en tanques de nitrógeno líquido en empresas como Alcor y Cryonics Institute, algunas de ellas han preservado solo sus cabezas, lo que se conoce como neurosuspensión. Los defensores de esta práctica consideran que la identidad está contenida en el cerebro, y que bastará con proporcionar un nuevo cuerpo al órgano pensante.

Estrada asegura que no ve ningún dilema ético, puesto que detener el tiempo biológico con la esperanza de que hallar una cura es, al fin y al cabo, una decisión personal

Criogenizados por si acaso

Pero ¿qué pintaría esa persona en un mundo que no le pertenece? Es otra de las críticas que hacen los detractores de la criopreservación humana. La posibilidad de que en el porvenir hubiera superpoblación tampoco sería problema, porque la práctica tampoco está tan extendida. Estrada asegura que no ve ningún dilema ético, puesto que detener el tiempo biológico con la esperanza de que hallar una cura es, al fin y al cabo, una decisión personal, ni siquiera reñida con las creencias religiosas. Risco es de la misma opinión: "Hay personas que quieren que las congelen por si acaso pudieran recuperar algo de lo que eran. Yo lo veo como un experimento, donde siempre hay un grupo experimental y otro de control. El segundo ya lo tenemos: todas las personas que se mueren. Hay quien piensa que sí vamos a poder recuperar esos cuerpos. ¿Quién sabe? Yo no me atrevo a decidirlo".

Imágenes: CC0, USDA Gene Bank, Alcor Life Extension Foundation

Etiquetas: cienciacuerpo humanosalud

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