TESS, el gran cazador de exoplanetas de la NASA

Está previsto que sea puesto en órbita el satélite TESS de la NASA, capaz de descubrir hasta 20.000 mundos extrasolares en dos años.

TESS

El cohete Falcon 9 de la compañía Space X se ha lanzado con éxito al espacio desde la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral el 18 de abril a las 6:51 p.m. hora local (00.51 hora española), después de 48 horas de retraso tras la fecha prevista, para el lunes 16, por un problema técnico.

El cohete llevaa bordo una delicada carga: el Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito, o TESS, por sus siglas en inglés, la gran apuesta de la NASA para aumentar exponencialmente la cosecha de descubrimientos de exoplanetas.

"Nos retiramos hoy para realizar análisis adicionales, y los equipos están trabajando para el lanzamiento de TESS el miércoles 18 de abril", escribieron representantes de SpaceX en Twitter el mismo día en que el lanzamiento estaba previsto.

Los expertos de la agencia norteamericana del espacio prevén que, en dos años, TESS localizará hasta 20.000 nuevos mundos fuera del Sistema Solar –hasta ahora se han censado poco más de 3.800–, incluidos 50 de las dimensiones de la Tierra y otros 500 (las llamadas supertierras) que tendrían menos del doble de ese tamaño. El objetivo último de la comunidad científica es detectar lugares donde haya condiciones para que desarrolle la vida y averiguar si somos o no una excepción en el Universo.

Con un coste de 337 millones de dólares y el tamaño aproximado de una lavadora, TESS recoge el testigo de la misión Kepler, lanzada en 2009, a la que está cerca ya de agotársele la vida útil. Apuntando en una región muy concreta del firmamento, donde brillaban unas 150.000 estrellas similares a nuestro Sol, Kepler confirmó la existencia de 2.300 exoplanetas, lo que puede considerarse un éxito. El problema es que muchos de ellos se encuentran demasiado lejos para estudiarlos más a fondo.

 

200.000 estrellas en el punto de mira

Pertrechado con cuatro cámaras de gran angular y alta precisión, TESS peinará un área aproximadamente 400 veces más grande que su antecesor, donde se ubican estrellas entre 30 y 100 veces más brillantes y 10 veces más cercanas. Durante sus primeros dos años de trabajo, el satélite habrá cartografiado un 85% del firmamento, según esperan los astrónomos de la NASA, con 200.000 estrellas brillantes y susceptibles de albergar sistemas planetarios en total.

La técnica es la habitual: captar pequeños “apagones” periódicos en el brillo de un astro, que indican el paso del cuerpo planetario que lo orbita. Es lo que se llama fotometría de tránsito. Con esa pista, observatorios terrestres y espaciales se encargarán luego de confirmar el hallazgo y recopilar más datos sobre el nuevo exomundo: masa, densidad, composición (si es de roca o un gigante gaseoso al estilo de Júpiter), atmósfera, cercanía a su estrella, etcétera. Es decir, los factores que lo hacen más o menos habitable. Por ejemplo, el observatorio espacial James Webb, cuyo lanzamiento se ha retrasado recientemente a 2020, será de gran utilidad en este campo de estudio.

El plan detallado de actuación es que TESS rastree el cielo dividiéndolo en 26 sectores diferentes, y que le dedique 27 días a cada una de esas porciones. Para ello se colocará en una posición muy concreta, con la mayor visibilidad del cosmos posible, poca incidencia de radiaciones y una temperatura relativamente benigna para sus instrumentos. Se trata de una órbita nunca utilizada, a entre 373.000 (apogeo) y 108.000 kilómetros (perigeo) de la Tierra. Allí, además de buscar exoplanetas, el satélite recopilará información de otros 20.000 objetos interesantes desde el punto de vista astronómico.

 

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